«Hará bien, en este caso el Príncipe, convocar de urgencia a sus edecanes, lacayos, funcionarios, sirvientes y emisarios. Una vez sentados en su rededor, el Príncipe ha de saber buscar, escrutar y leer pausadamente aquellos avatares escritos por sus funcionarios amanuenses a fin de que las palabras cual leves plumas vuelen y sobrevuelen desde lo alto de los cielos cualquier argumento acusatorio de los fiscales que ponga en entredicho el buen gobierno de Su Eminentissimo. Con ello convendrá S.E. (si desea salvar los pertrechos y salvarse él mismo), que lo más importante es, no olvidarlo, intentar llevar a cabo cómo sus argumentos han de planear, subir y bajar en función de que las brisas, sean ya suaves, ya tempestuosas, y planeen, ya digo Magnánimo Señor, sobre las cuitas y pleitos que a punto pudieran hacer zozobrar la nave del Estado bajo el mando y pulso del Príncipe. Es decir, buscar bajo los pliegues de las leyes, de los decretos, de las normas proclamadas por el Estado, por cuanto cualquier mínimo texto hará bien, muy bien digo yo, el esparcir sobre el pleito a combatir y batir con maña y saña, aunque con ello haga más fatigoso el deshacer los nudos gordianos que a buen seguro han de formarse: he ahí el objetivo. Esta estrategia, Magnifico Signore, no es otra que, tal cual este servidor lo entiende, vengo en denominar "huid
a hacia adelante". Si el Eminentísimo Príncipe consigue que su perorar cale cual lluvia fina de noviembre sobre la Toscana, no ha de dudar el Príncipe que se habrá ganado el favor, digo más... el fervor de los ciudadanos florentinos, e incluso de los estados vecinos de los anticuados Dux.


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