30.6.11

Reloj nuevo

Más feliz que una perdiz. Así es como estoy en estos momentos. La explicación es sencilla aunque se remonta en el tiempo como a mí me gustan las historias.
Me acaban de revisar, y reparar un viejo reloj. Ahora es un reloj "vintage" como se llama ahora a las cosas antiguas, o de los años cincuenta.
Cincuenta y cinco años hace que mi padre adquirió un reloj que vete a saber cómo lo hizo y cómo lo pagó. El caso es que estaba muy orgulloso pues recuerdo que para demostrar lo extraordinario del reloj lo arrojó contra el suelo, lo introdujo en un recipiente con agua, lo pasó cerca de una llama, y luego me lo mostró para que yo comprobase asombrado (sobre todo la prueba del agua) que el reloj seguía sin pausa a través del  tiempo.
Pero el Tiempo todo lo puede, mi padre falleció (con el reloj en su muñeca), y yo pasé a ser el heredero de la máquina que mide el trascurrir de cada segundo. Y me lo puse, aunque sin demasiada conciencia de lo que tenía en mi muñeca. 
Cuando me casé, mi novia -mi mujer- me regaló una pulsera de oro que sustituyó a la gastada de cuero. Pero el tiempo, la falta de cuidado por mi parte, así como la atmósfera hostil de atmósfera química de mi puesto de trabajo hizo que el reloj se fuera poco a poco cansando de ser puntual. Y cada vez le costaba más llegar a punto, fatigado, y llegó la nueva generación electrónica digital con impulsos exactos como si de una formación militar china se tratase, y el reloj, el pobre, anciano y decrépito reloj Omega Seamaster Deville automático, con corona y numerales de oro, con cadena de oro de 24 kilates pasó al cajón de la mesilla de noche, donde poco a poco fue arrinconado, y pasaron así como veinticinco años hasta que hace poco salió nuevamente a la luz. Y una visita a un relojero que supo apreciarlo, un relojero/médico -de los de la antigua escuela-    lo desarmó, lo admiró, lo revisó, lo diagnosticó, lo ponderó, lo reparó, repuso alguna superminúscula pieza, volvió a armarlo, lo sanó, lo controló y supervisó... y ¡milagro! vuelvo a lucir un pedazo de reloj que -para mí no tiene precio- según el relojero, es una auténtica joya que vale no menos de seismil... pero bueno, dejémoslo porque ya, si es puntual como solía, libre de atmósferas agresivas, tengo reloj con "cuerda para rato", y quiero que siga, como hace cincuenta y cinco años, el paso del tiempo. Ahora del mío.
TENGO RELOJ NUEVO!!!

23.6.11

Mímesis, por Marta Bejarano

Magnesio
Cobre
Selenio
Zinc
Radon
Zirconio
Oro
Bismuto
Kripton
Helio

Proyecto fin de carrera en Fotografía artística de mi hija Marta Bejarano. Mímesis lo ha denominado, y el efecto es el mimetismo o el camuflaje en el entorno -THARSIS (HUELVA)-. Sin saber el resultado académico, a mi me parece un trabajo muy digno.
 Notable, diría yo...
7,33 la nota del tribunal de la Escuela de Arte León Ortega, de HUELVA

19.6.11

Un antiguo neologismo

18 de junio 2011, Día  E, del español en el mundo.
Al aprecer, la palabra 'Queretaro' es la favorita para los hispanohablantes, según las votaciones emitidas en la plataforma ideae.es, con motivo de la tercera edición del acontecimiento que organiza el Instituto Cervantes alrededor del mundo. Y nada tengo en contra de esa palabra que es el nombre de una ciuadad mexicana y que significa Isla de las salamandras azules. Bonito nombre y bonito significado.
Aunque puesto a elegir -no lo hice en su momento-, sin duda doy mi voto a la palabra que jamás he encontrado en ningún diccionario, ni de academias, sinónimos o dudas, si acaso alguna pequeña referencia rural dominicana, pero era usada -así pues, palabra tan viva como la que más-, por mis abuelos para designar un recinto cerrado, hermético tal como yo lo conocí, donde según la tradición se guardaban los ahorros de los judíos que varios siglos atrás habían dejado el pueblo que los vió nacer -pongamos que hablo de Hervás- para ser, posteriormente, ignominosamente desterrados. 
Sus capitales los habían dejado emparedados y sellados así como el secreto del lugar donde los habían guardado, junto a la llave de la casa cerrada, para el retorno en casas de cristianos amigos o conversos. La denominación de dicho cubículo fué y es y será para mí sinónimo o derivación de "alcancía", hasta que alguien pueda sacarme de mi error. 
Así pues, he aquí mi palabra favorita en el Tercer día E del Instituto Cervantes 2011: ALCANTADERA, oquedad en la pared con el objeto de guardar, reservar caudales. De dineros, y -porqué no, digo yo- de esperanzas.
El año que viene, mi voto para esta bella palabra.
Jose A. Bejarano
Huelva, junio 2011

17.6.11

De mi móvil XXXXXXXXX (como nadie llama, lo uso para radio y fotos...)

Marea baja. Cae lentamente la tarde. Barcas varadas, a la espera...
Desembocadura del río Odiel. Bajamar. Al fondo, la marisma.
Sol. Chumbera y telarañas. El verano se aproxima
Salinas: futuro cloro para evitar E. Coli. A la derecha descargadero de mineral... paralizado para siempre...
Palmeras, y un servidor oyendo la radio
Roberto en la playa. No quería ponerse la gorrita para evitar el sol inclemente y tuve que imponerme


Roberto comprobando que el agua estaba fría. Los niños no mienten
Los lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábados, e incluso domingos, 
A L  S O L ! ! !

16.6.11

Eclipse de luna desde las playas de Mazagón (Huelva)

Carmen y un servidor esperando sobre la arena playera.
Les dije a Carmen y a Rocío: O me acompañáis a ver el eclipse o no voy. Solo, ni hablar a esas horas.
El ocaso. Esperando a que salga la luna... A MIS ESPALDAS, CLARO!
Mientras esperaba, pegué la hebra con este señor que me mostró un doblón que encontró un par de horas antes. Mazagón no deja de ser la desembocadura de los unidos Odiel y Tinto y bajo sus arenas puede estar la mítica Tartessos. Quién sabe...
Una noche calurosa en plena playa. No es usual que se den tantas cisrcunstancias favorables para ver plácidamente un prodigio de la Naturaleza
 Ya, ya sé que no es ninguna maravilla de foto :(

El horizonte del mar. OLNI (objetos luminosos no identificados)
Dientes, dientes, que eso les jode (La Pantoja a Cachuli en Marbella)
Al fin la luna eclipsada totalmente. Ya sé que es una kk de foto, pero qué quereis, no tengo trípode, ni teleobjetivo, sólo una modesta cámara... e ilusión
Reflejos en el mar. Aún estaba la luna cubierta de las sombras que proyectábamos. Prodigios de la naturaleza. IM PRE SIO NAN TE
Decidí asistir al eclipse a la vista de estos datos que estudié concienzudamente.
Aprovecho la ocasión para recomendar una playa maravillosa: Mazagón, al lado de Doñana.

15.6.11

E C L I P S E

           Era domingo, 1 de abril del año 1764, y Judith Martel recogió rápidamente a su hijo Jesús, de la calle, y casi a empujones lo conminó a meterse en casa. Se santiguó al tiempo que se despedía de las vecinas del Rincón de la Vaca Brava antes de que el Cantón quedase durante una hora completamente solitario. Si los augurios se cumplían —y en la Misa Mayor de la mañana el párroco había sido muy claro al respecto— el fin de los días estaba cerca desde que el sol se oscureciera, a pesar de ser las cuatro de la tarde y la primavera hiciera crecer los días a simple vista.
Dejó al niño en  la cocina del fogón grande y no pudo evitar subir azarosa, nerviosa, las escaleras del desván. Hubo de encender uno de los candiles de la sala para no tropezarse por las empinadas escaleras.
Cuando lo tuvo a su alcance un leve sudor, de miedo y de emoción, le corría por la frente. Aquel arca jamás, que ella recordase, había sido abierto. Con un soplo quitó la película de polvo que lo cubría y desprendió el pestillo que se resistía. Cuando lo abrió, descubrió lo que su antepasado había guardado para siempre: el candelabro del sabbat, las filacterias y un pequeño rollo de la Torá que el rabino le había encomendado una vez cerrada la casa de oración de la calle de Abajo hacía muchos, muchos años, tantos como, ahora recordaba Judith, doscientos setenta y dos.
Extrajo con sumo cuidado aquellos objetos del culto prohibido, y no sabiendo qué hacer, por miedo al Santo Oficio y a las iras del preste de Santa María, pidió al Bianeventurado —D`s— los librara de todo mal en aquel momento de tinieblas y confusión. Tenía tanto miedo a ser descubierta en posesión de aquellos sagrados objetos, como al incierto futuro que les reservaba el fenómeno que estaba iniciándose en los cielos de Hervás[1], tal y como si de una señal divina se tratase.
Devolvió todo a su arca y la cerró, cuidando de no hacer ruido con el fin de no alertar a Jesús, que de aquel secreto no tenía la menor idea. 
Ni siquiera a Dimas —Dimas Bexar de los Santos—, su marido que a esas horas debía encontrarse en la viña, le comentaría nada.
Al bajar de nuevo a la humilde casa, Judith se percató de que la claridad primaveral  había vuelto a las calles del pueblo. Así pues, dio permiso a Jesús para salir de nuevo y continuar con sus juegos infantiles.
Las vecinas comentaban entre ellas el magnífico y terrible espectáculo y se santiguaban asustadas por el portento presenciado y en agradecimiento de que el Señor había aplazado, una vez más, los males anunciados. 


Hervás, en la provincia de Cáceres, es un pueblo donde habitaron judíos en perfecta armonía hasta 1492, año de la Expulsión. Todos los nombres de personas y lugares aparecidos en este pequeño relato pertenecen a dicho lugar.

13.6.11

Antes y después... DANIEL

Os presento a Daniel, antes y después.



                                               A N T E S...    y     A H O R A

Nueve meses antes de la segunda fotografía, Daniel era sólo un valioso y minúsculo ser humano.
Afortunadamente, la vida a la que tenía derecho, se decantó y se abrió camino hasta ser lo que después fue y es: una bendición de la Vida y la Naturaleza que nos lo ha regalado.
VIVA LA VIDA!!!

9.6.11

Amelie


Medalla de "Justo entre las Naciones". ISRAEL
Por la ventana de la habitación entran los últimos rayos de sol que caen sobre las murallas de la ciudad. El leve runrún del aire acondicionado adormece a Ehud, aunque Ester, su esposa, lo toma de las manos y se las aprieta suavemente hasta que observa que su marido abre los ojos.
Los han permitido incorporar la cama articulada para que, en un gesto magnánimo, el enfermo pueda ver realizado el pequeño sueño que le había solicitado a Ester, su esposa, un mes atrás, por Yom Kipur, al ingresar por urgencias en el Hadassah Hospital, situado en el monte Scopus de Jerusalem. Sus días, tal vez sus horas, están contadas y no quiere irse de este mundo sin ver por última vez la luz reverberar sobre las cúpulas de la ciudad vieja, aquella ciudad que él ayudó a conquistar a fin de legar a las generaciones posteriores un Hogar en el que poder sentirse libres.
Más allá del Muro de los Lamentos, a donde ha ido cada sábado a orar, ya no se ve, como antaño, la silueta del edificio de la Agencia Judía, donde conoció a Ester, cuando fueron un ya lejano 13 de mayo de 1948, en busca de armas con las que defender cada rincón, cada casa, cada recodo de aquella santa ciudad dado que las naciones libres del mundo habían votado, meses antes, la Partición para crear un Hogar Nacional Judío.
Todo ello lo rememora Ehud mientras Ester le aprieta suavemente sus manos.
Entra Amalie, una enfermera francesa recién llegada a Israel, y observa el rostro del enfermo. Solícita, le limpia unas lágrimas con gasas asépticas, y procede a colocar la cama en su posición normal. Ordena salir a Ester de la habitación. Ehud, con los ojos entornados, la mira y le pide, como tantas veces durante aquel mes, que cuando él muera cumpla con el sagrado rito judío de colocar sobre su tumba una piedrecita, como señal de recuerdo. Amalie se lo promete. Sabe que aquel paciente recibirá honores de estado, porque ella conoce muy bien la reciente historia de su nueva patria y que Ehud estuvo sentado al lado del legendario David Ben Gurión al proclamar el Estado de Israel.
La luz vespertina va declinando por el oeste. El sol se ha ocultado tras la línea de edificios de Jerusalem. Llama al médico de guardia. Está empeorando. Amalie permite pasar a la anciana Ester. La enfermera se da cuenta de que, a personas como aquellas les debe, en parte, que pueda sentirse como en su casa, a pesar de haber nacido, de padres judíos, en La Rochelle.
Al fondo, muy suave —extrañas en un hospital—, suenan las tristes notas del “Shalom Alejeim”.
Tal vez en honor de Ehud, el pionero de Eretz Israel, Justo entre las Naciones, que se muere.

2.6.11

El ángel olvidado de Huelva

En algún cajón —quien sabe en qué mueble, de qué archivador, de cuál organismo— debe estar. Sí, allí debe estar tal vez, olvidada para siempre, la medalla que no llegó al pecho del valiente Ángel “de la Guardia” que un día ya lejano en un año de justo mediado el siglo pasado, en una lejana y rosa ciudad, se convirtió en un héroe.
Y es que el Ángel se encontraba de centinela en el puerto (como no podía ser de otra forma) y observó cómo dos críos habían caído desde lo alto del atracadero cerca de los tinglados, a las profundas aguas. Sin saber él mismo nadar, se lanzó a lo más profundo del muelle, cerca de los veleros de pesca que se encontraban atracados a la espera de la siguiente marea. Y el Ángel, que era de tierra adentro, que en aquel momento se encontraba soñando con las cumbres nevadas de los picachos que circundan su pueblo, se arrojó, sin pensarlo un solo segundo, vestido con la guerrera azul del uniforme de Policía Armada y en las profundidades consiguió asir a los dos mozalbetes que se aferraron a su cuello de tal forma que el Ángel a punto estuvo de hundirse con ellos en las oscuras profundidades de la rada.
Después de varios, interminables segundos emergieron los tres, siendo sacados trabajosamente por algunos de los pescadores que por allí se encontraban, y la noticia corrió velozmente, con la rapidez que en aquellos años lo hacían las pequeñas noticias en la ciudad lejana y rosa.
Los chavales, a base de juegos, consiguieron olvidar: tal vez hoy, seguro, son dos padres de familia que viven felices, y probablemente no han desalojado definitivamente de su memoria a quien una vez, con el uniforme, y las botas puestas, se arrojó a las oscuras aguas del muelle. Mientras, el Ángel comenzó su lucha, perdida de antemano, contra una enfermedad que le costaría más tarde la vida.
En algún despacho se gestó y se tramitó una condecoración que recordase el valor del Ángel. Pero por desgracia, la gran valentía quedó tapada por su fallecimiento y la medalla se olvidó para siempre en algún cajón de cualquier archivador, en cualquier organismo, que la Historia de aquellos nebulosos años cincuenta del siglo pasado consiguió aplastar y oxidar. Quién sabe si en las hemerotecas es posible rescatar para el recuerdo la posible reseña que quizá se escribió dando cuenta de la distinción que hiciese rememorar el gesto de valor del Ángel y aún hubiese tiempo de trabarla —sus hijos, nietos y sobrinos— en el nicho del cementerio de la Soledad.
El tiempo pasa pero no el recuerdo, aunque una pátina de olvido cubra cada año un poco más las evocaciones.
Sirva este pequeño comentario como toque de atención a los historiadores, cronistas e investigadores, a los que escudriñan las vicisitudes —grandes hechos y pequeñas anécdotas— de los pueblos. Y sirva por si a bien tienen investigar esta pequeña historia, más que nada por ver si aún es posible restituir al Ángel “de la Guardia” —Bejarano Gil— la medalla que se quedó en el camino.




Joseantonio Bejarano
Dedicado a Miguel Ángel Bejarano Calderón, nieto del protagonista, héroe, de mi historia El angel.

Joseantonio Bejarano
Joseantonio Bejarano
La ciudad, obviamente, Huelva.
La época, claro, la década de los cincuenta.
El ángel, Ángel Bejarano Gil.

Gala Medina Torres
Gala Medina Torres
Emocionante relato.

Miguel Angel Bejarano Calderón
Miguel Angel Bejarano Calderón
Gracias Jose por este entrañable relato. Una auténtica pena que "el ángel" falleciera tan joven, cuando estamos tan necesitados de ángeles como él en la Tierra... y más aún estando tan sobrados de "crueles demonios" en este Mundo. Seguimos en contacto.

Rocío Bejarano Álvarez
Rocío Bejarano Álvarez
He buscado y buscado en el archivo de la hemeroteca de la Diputación de Huelva, concretamente en el diario Odiel, que es el que abarca toda la década de los cincuenta y no he dado con la noticia. Es una pena.