27.8.16

Haim Bejarano. Gran Rabino de Turquía.

                        Querida Carme: he llegado de nuevo a casa y después de ordenar mis ideas y de haber conseguido cerrar un ciclo de mi vida, he de reconocer que tú tienes gran parte de bendita responsabilidad, y he de darte públicamente las gracias por el apoyo que me ofreciste desinteresadamente y la ayuda que me ofreciste por tus conocimientos de la lengua francesa.
                        Te escribo esta carta abierta como reconocimiento de lo acontecido y como conocimiento de todo aquel que quiera leerlo. Tú ya conoces la historia, que ha formado parte de mi vida, pero te la voy a recordar más que nada para que se sepa.
                        Como sabes todo comenzó hace muchos años cuando yo,   que era un preadolescente, en esa edad que cualquier gesto observado a los padres, se queda indeleble en la memoria. Bueno, el caso es que, desde que mi padre me había metido el gusanillo de la radio, ya no dejaba pasar un solo día sin dar un repaso por toda la banda e intentar encontrar emisoras a cual más lejanas y exóticas, tal y como él hacía  con el viejo Telefunken: La radio de Moscú, que aceleraba mi corazón al conseguir sintonizarla, Radio Praga y la enigmática Radio España Independiente, aparte de la Pirenaica, eran mis aficiones  secretas debido al hartazgo de Radio Nacional de España y de Matilde Perico y Periquín.

                        Antes de continuar he de explicarte que mi padre tenía dos obsesiones, aparte alguna que otra inconfesable como era su periodo de guerra (aunque ese es otra historia) y es que mi padre siempre me hablaba de su primo Amós, Amós López Bejarano, que según él había sido un poco bala y había corrido grandes aventuras. Vivió la guerra y como por arte de magia desapareció. Ahora entiendo que es mejor saber de una vez que un ser ha muerto, al menos se sabe, Pero mi padre llevaba fatal el saber que estaba desaparecido como si se lo hubiera tragado la tierra. Eso por un lado, Amós, y por otro la obsesión que tenía por las raíces judías de nuestra familia, en parte procedente de Madrid, y en parte procedente de Hervás. Me refiero a mis abuelos paternos. Y mi padre, de alguna manera había intentado relacionar a Amós con nuestros ascendientes judíos. Y según él, el eslabón que iba a enganchar los dos extremos de la cadena era Amós, uniendo el eslabón de nuestros ancestros procedentes de la judería de Hervás y nuestros ancestros (los mismos) pero en la actualidad. Y Amós, según mi padre lo había conseguido y de qué manera. Verás cómo:
                                    Cierta noche, allá por 1964 o 65, afinando, afinando la sintonía, mi corazón dio un vuelco y mi pulso se aceleró de tal forma que temí perder para siempre aquellos sonidos que me llegaban a través del gran receptor Cuando inopinadamente, aprovechando una ausencia de mi padre, conseguí sintonizar Radio Sofía, en la Onda larga y en lengua española, “emitiendo para todos los españoles de adentro y de afuera de la Península Ibérica”
                                   Aquella emisora nunca la había logrado escuchar, de hecho era la primera vez que tuve noticias de ella, y de que Sofía era la capital de Bulgaria. En aquel momento, comenzaba una conversación entre dos hombres, entrevistado y entrevistador, hablando los dos un castellano con peculiares giros y acentos que no supe entonces identificar. Y al comienzo una voz de presentación en perfecto español: “Entrevista del periodista ruso Amós López”.  Digo que mi padre, no sé cómo, llevaba un tiempo igualmente interesado al enterarse de que el rabino de Constantinopla se llamaba Salomón Bejarano, así, como suena y que porqué no podía estar allí el primo Amós dadas sus simpatías judías y a que este había conocido a brigadistas internacionales en el frente de Madrid, y que gran número de brigadistas eran judíos procedentes de los confines de Europa, allá por los Balcanes.
                                   Cuando se lo conté, el dialogo en un idioma para mi absolutamente desconocido no lo podía creer -Por fin -dijo mi padre con un brillo de triunfo y de emoción en sus ojos negrísimos- por fin…
                 En fin Carme, como ya te expliqué al ponerte en antecedentes antes de nuestro encuentro, aquello quedó en una anécdota y por mucho que mi padre pasase todo el dial del viejo receptor por la banda, pasaron los años y mi padre quedó con las ganas de volver a escuchar a cualquiera de aquellos dos hombres que habían hablado una noche invernal a través de las ondas hercianas. Él, en el fondo me envidiaba porque sabía que yo había tenido la fortuna de escuchar a aquellos dos hombres, algo que él no consiguió los dos Bejarano, y a pesar de mis esfuerzos no conseguí trasladar a mi padre apenas media docena de palabras en la lengua ladina que yo escuché. Una noche de febrero de 1972, el falleció llevándose con él todas sus frustraciones. De ellas una no poco importante era el localizar a Amós López Bejarano, el primo. Mas fue imposible realizar sus sueños, compartir  tantos momentos de charla y de parranda por los bares del viejo Madrid y por los vericuetos del Rabilero de Hervás, a la busca de sus raíces judías y  contándole también cosas de los caucheros del Amazonas con los que había convivido, de las mujeres que había amado en tantos puertos de cinco de los siete mares, Mi padre estaba asombrado de que la radio le hubiera puesto sobre la pista, en una sola tacada, de dos personas: su primo Amós al que vio por última vez en el redaje de una película[1] y de sus ideales más profundos, de que él no saldría nunca de Madrid, no para defenderla de los sitiadores, sino para ayudarlos a entrar.
                 Carme, aquello quedó dormido en mis recuerdos, y como es natural yo hube de dedicarme a otras cosas, hacer mi servicio militar y estudiar, a trancas y barrancas, y cono colofón, casarme.
                 Ya en los albores del tan traído y tan llevado 1492, en una emisión de TV, vi un reportaje sobre Estambul y la colonia judeoespañola allí existente. Y créeme que fue milagroso, Una chispa instantánea volvió a encender aquellos recuerdos dormidos y dediqué parte de mi vida, Internet mediante, a encauzar toda la información que estaba recabando.
                 Y así pude saber que efectivamente, entre la colonia sefardí de Estambul había existido un rabino, que se llamaba, no como mi padre pensaba Salomón, sino Hayim Bejarano[2] y que no era turco sino búlgaro. Luego de grandes esfuerzos y sólo porque la Red fue incrementando en información logré recopilar la saga de Hayim Bejarano. Y que el padre de este, su abuelo, había sido, ni más ni menos que Hayim Bejarano, por lo que pude llegar hasta su descendencia. Que relaciono en el pie de página. Por lo que me puse a la tarea de tomar contacto con cualquiera de sus descendientes, Al final decidí seguir la pista del segundo de los hijos de Haym, Marín, que era el mas fácil y factible de seguir su pista que me llevó hasta Francia, a la Costa Azul… y aquí es donde tu me ayudaste de verdad en el inolvidable viaje que realizamos en coche recorriendo la hermosa costa que baña el Mediterráneo hasta llegar a Niza, en busca de la línea masculina de la saga Bejarano.
                               Carme, gracias por tus consejos entonces pues yo tenía otros planes de investigación pero tú sabiamente me aconsejaste seguir mejor la línea masculina que nos llevó hasta Angelo Bejarano y fue donde me di cuenta de mi error. Estaba buscando en la Costa Azul, cuando en realidad los tres hijos de Marin habían vivido en Paris.
                                 Cuando llegué y gracias a la sinagoga de Montparnasse donde me atendieron perfectamente, me dieron la noticia del fallecimiento en 1981 y de Yves, con 40 años, por lo tanto se extinguía esta rama., pero me dieron la dirección de la segunda hija, Gisele, al fin dí con la ciudad de Pontoise, en los suburbios de París, donde tuve la fortuna de tomar contacto con uno de los dos hijos de Gisele, que había fallecido, Daniel Domenichini, que ya no era Bejarano, pero que me atendió con toda amabilidad, explicándome detalles de toda su familia, pero en sentido contrario a como yo había investigado. Es decir, desde el horror de su madre Giselle Bejarano que se casó con Luigi en 1937 en Niza, y que sufrieron persecución de los nazis en el campo en el campo de concentración de mujeres de Ravensbrück  donde el Ejercito Rojo entró el 27 de abril de 1945 a 80 km. de Berlín. Cuando estaban confeccionando un censo de aquel ejército diezmado de cadáveres ambulantes, Y que había conocido en el mismo campo, de hecho la andaba buscando, a un muchacho llamado Luigi, con el que años mas tarde se casó.
                        De sus tíos, de sus padres y abuelos, el mítico Rabino de Turquía.
                        Daniel, casi de mi misma edad, en una hermosa mezcla de francés y de ladino, me explicó que su madre le narraba historias misturas de Constantinopla y de Sefarad, de los pueblos que había habitado sus ancestros y de que tenía la ligera noción de que sus raíces se hundían en una de las aljamas de la tierra de Castilla.

                        Y de que había escuchado la historia de un encuentro en el campo de concentración entre su madre, milagrosamente superviviente y de un agente español llamado Amós.

                        Daniel me narró la historias de Hayim, su bisabuelo, hombre sabio, prudente, y bondadoso, revestido de los sagrados atributos que le confiere su misión, si sus luengas barbas, y aquel rostro afilado y de ojos vivarachos que le brillaban –cansados- de sus padres, y de sus abuelos, y porqué no, de sus bisabuelos, quien sabe, tal vez, ojala, porqué estos no podían haber transmitido recuerdos , a su vez de sus antecesores, y tal vez, quizá, porqué no, hubiesen llegado a trasmitir real y fidedignamente aquel infausto día de un terrible año de 1493, y porqué no, hubiesen retenido la imagen de las cúpulas fulgentes de oro de la ciudad de Constantinopla cuando un Bejarano, tal vez uno de los Bejarano que no quisieron abjurar, se aventuraron a bordo de uno de los bajeles que surcaban el Mediterráneo, y dejar testimonio de su arribada a las costas del Mar de Mármara. Los Bejarano de la diáspora turca habían considerado a Haym Bejarano como patriarca de la familia, al que debían agradecer no haber perdido por completo el legado traído al país de Soliman el Magnífico los aromas de la tierra de Sefarad, su cocina, sus costumbres, su religión y ritos, sus llaves, y su idioma, aparte del tesoro más valioso: su propio orgullo y estima intactos.         
                                   Y hasta aquí la historia que mi padre oyó una noche, entre ruidos de interferencias parasitarias en la vieja Telefunken a través de una de las emisoras que lograban introducirse clandestinamente en la casa y en los corazones de muchos españoles de la época.
                                   Y un tal vez más que probable antepasado, aunque su reto –él me lo dijo- era no parar hasta conocer quién, cómo, porqué, desde dónde salió el primer Bejarano de España.
                 Y esta es, querida Carme, lo que logré descubrir en mi viaje a Francia. Te muestro asimismo, las fotografías de las personas que desde entonces han pasado a formar parte de mi misma familia.
                 Muchas gracias por tu inestimable ayuda a través del país vecino, con tus conocimientos de la lengua francesa y del bello país de Moliere. Y que sepas que siempre te estaré agradecido, porque supiste, amiga mía, superar tus achaques, los guardaste pudorosamente para hacerme sentir cómodamente, y que yo, torpemente, pensé que te encontrabas perfectamente. Lo siento mucho, de verdad y hace que doblemente mi agradecimiento no llegue a pagar ni en la décima parte, de lo que hiciste por mí. Gracias.
                        Como gracias mil, finalmente, a mi nuevo “pariente” Daniel Domenichini quien gentilmente rescató recuerdos ya casi olvidados, y ayudó a que mi búsqueda fuera fructífera y encontrara al fin  los eslabones perdidos y que la Teoría de los seis grados[3] se haya hecho realidad y no simplemente leyenda urbana, y que al fin, pueda quedar tranquila mi obsesión, y dedicarle a mi padre, en forma póstuma, las conclusiones a las que he llegado, y que sepa que si bien desconfié de su a veces calenturienta imaginación, hoy puedo confirmar sus sospechas: para él incluyo la vida y obra de quien fuera gran hombre Hayim Bejarano, gran Rabino de la Turquía y de Estambul, más que probable familiar intermedio entre los Bejarano de la Sefarad de 1492 y los Bejarano que quedamos en Europa occidental. No sé si este deslavazado relato confirma o tal vez descarta la teoría. Por mi parte juro que mantendré el apellido Bejarano mientras quede un resto de aliento en mi alma.
                        Un saludo afectuoso para Carme, de Barcelona y Daniel Domenichini (Bejarano). Adiós.
                                   
                                   José Antonio Bejarano
                                    Huelva mayo 2009


                      [1]  La mujer al  través del Arte (1932) Fondos de la Filmoteca Nacional. Madrid.
                   [2] Nació en la ciudad de Bulgaria Stara Zagora en 1850, fruto del matrimonio de Moshe Bejarano y Kalo Baruch. A temprana edad lo enviaron a Palevna (Pleven) con su abuelo, el rabino Isak Baruch quien lo introdujo en el estudio de la Torá hasta que a los doce años retornó junto a sus padres. Asistió a diversas escuelas rabínicas y a los 17 se convirtió en el rabino de Rusjuk Varna, comenzando el estudio del inglés, francés y alemán. Cuando comenzó el conflicto bélico entre Rusia y Turquía, en 1877,  de la que su madre fue víctima, regresó a Bucarest comenzando un rico periodo de su vida. Hablaba el árabe y el turco ejerciendo como intérprete en el Ministerio de Exteriores de Rumania, siendo recibido en varias ocasiones por la Reina poeta Carmen Sylva de Rumania con la que mantenía fructíferas conversaciones de Literatura y Filosofía. Fundó Hovevey Zion e intercambio correspondencia con Theodor Herzel, Max Nordow, y Ben-Yehuda, utilizando los acentos sefarditas al hebreo moderno. Fundó una escuela en Andrinópolis, la actual turca Edurne.
                   Jugó un importante papel en la literatura hebrea y publicó innumerables artículos en los periódicos “Hamagid”, “Hazofe” y “Hahavazelet”. Escribió en la lengua ladina en los periódicos “Tiligrafo” y “El Tiempo” así como se dedicó a escribir un libro en ladino (entre 1903 y 1913) que contenía 3600 proverbios tradicionales judíos.
                   Se casó con Reyna Asa y tuvieron ocho hijos, tres varones y cinco mujeres llamados Marin, Severe, Jacques, Bucka, Rosa, Rahel, Diamanti, y Bellina.
                   Al Rabio Bejarano le gustaba ayudar a la gente necesitada, huérfanos y viudas. Consiguió el Grado de Doctor del seminario rabínico de Viena.
                   En 1911 se hizo Magnífico Rabino de Andrinópolis, ayudando a la comunidad cuando la guerra balcánica.
                   En 1920, tras la muerte del rabino Effendi, se hizo Magnífico Rabino de Turquía.
                   Falleció en 1931 siendo enterrado en el Arnavutkoy Jewish Cemetery, de Ulus, en Estambul. Su hija Baratz dijo de él: “fue amigo de sultanes, del último califa y de Ataturk. El mundo lo admiró aclamándolo, y se hizo un lugar entre la gente culta. De enorme memoria, supo combinar la cultura occidental con los tesoros de la cultura del Este. Inclinado al perfeccionismo, pero de una profunda humildad y gran modestia.
                   En resumen, según Vidal Saphila, Gran Maestro, liberal, poeta y filósofo, objeto de estudio en diversas publicaciones de Israel. Descanse en la paz.
                [3] Cualquier persona del planeta está conectada con cualquier otra, a través de una cadena          de conocidos con no más de cinco eslabones o puntos de unión.

     Haim Bejarano nació en la ciudad búlgara de Stara Zagora en 1850, fruto del matrimonio de Moshe Bejarano y Kalo Baruch. A temprana edad lo enviaron a Palevna (Pleven) con su abuelo, el rabino Isak Baruch quien lo introdujo en el estudio de la Torá hasta que a los doce años retornó junto a sus padres. Asistió a diversas escuelas rabínicas y a los 17 se convirtió en el rabino de Rusjuk Varna, comenzando el estudio del inglés, francés y alemán. Cuando comenzó el conflicto bélico entre Rusia y Turquía, en 1877, de la que su madre fue víctima, regresó a Bucarest comenzando un rico periodo de su vida. Hablaba el árabe y el turco ejerciendo como intérprete en el Ministerio de Exteriores de Rumania, siendo recibido en varias ocasiones por la Reina poeta Carmen Sylva de Rumania con la que mantenía fructíferas conversaciones de Literatura y Filosofía. Fundó Hovevey Zion e intercambio correspondencia con Theodor Herzel, Max Nordow, y Ben-Yehuda, utilizando los acentos sefarditas al hebreo moderno. Fundó una escuela en Andrinópolis, la actual ciudad turca de Edurne.
            Jugó un importante papel en la literatura hebrea y publicó innumerables artículos en los periódicos “Hamagid”, “Hazofe” y “Hahavazelet”. Escribió en la lengua ladina en los periódicos “Tiligrafo” y “El Tiempo” así como se dedicó a escribir un libro en ladino (entre 1903 y 1913) que contenía 3.600 proverbios tradicionales judíos.
              Se casó con Reyna Asa y tuvieron ocho hijos, tres varones y cinco mujeres llamados Marin, Severe, Jacques, Bucka, Rosa, Rahel, Diamanti, y Bellina.
            Al Rabino Bejarano le gustaba ayudar a la gente necesitada, huérfanos y viudas. Consiguió el Grado de Doctor del seminario rabínico de Viena.
           En 1911 se hizo Magnífico Rabino de Andrinópolis, ayudando a la comunidad cuando la guerra balcánica.
             En 1920, tras la muerte del rabino Effendi, se hizo Magnífico Rabino de Turquía.
            Falleció en 1931 siendo enterrado en el Arnavutkoy Jewish Cemetery, de Ulus, en Estambul. Su hija Baratz dijo de él: “fue amigo de sultanes, del último califa y de Ataturk. El mundo lo admiró aclamándolo, y se hizo un lugar entre la gente culta. De enorme memoria, supo combinar la cultura occidental con los tesoros de la cultura del Este. Inclinado al perfeccionismo, pero de una profunda humildad y gran modestia.
              En resumen, según Vidal Saphila, fue Gran Maestro, liberal, poeta y filósofo, objeto de estudio en diversas publicaciones de Israel. 
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Nota de Jose Antonio Bejarano:

 He aquí un gran hombre al que posiblemente no me una ningún lazo de sangre, aunque tampoco lo descarto. Sus antepasados dejaron su querida Sefarad y llevaron consigo la lengua española (que aún perdura en Estambol), la sangre de sus ancestros para no perder las raices, pero sobre todo... la esperanza. Esperanza en regresar a la tierra que también era la suya. A esta terrible e ingrata tierra de España de la que fueron realmente expulsados.
Ojalá nunca se pierda el recuerdo de este gran hombre que supo aliar, en la cultura y en el humanismo, las grandes civilizaciones de la época convulsa que le tocó vivir.
Espero, algún día, acudir al Cementerio  Arnavutkoy, de Estambul y colocar un pequeño guijarro del Valle del Ambroz sobre su tumba, en señal de recuerdo y de respeto de alguien que siempre admiró al mítico rabí Bejarano desde un ya lejano 1965
Ojalá nuestra sangre -la de vuestros descendientes y la mía- fueran la misma.


        חס וחלילה    Dios lo quiera