En la intimidad de su gabinete presidencial, un documento acababa de ser firmado, sellado y lacrado. Lo guardó en la caja acorazada de su despacho. El presidente Viktor Kutnestov, de la antigua comunidad soviética —la República de Azaniya—, acababa de sellar el destino de la perla de los Urales, un hermoso pais entre montañas y rios, enclavado en medio del vasto ex-imperio zarista. Él, joven presidente gustaba del poder... a ser posible omnímodo.
© El blog con cero lectores, pero aquí estoy en el espacio de mi libertad. No espero a nadie aunque cualquiera es bien recibido. Gracias a mi BLOC ABIERTO DE PAR EN PAR donde encontrarás desde 2009 temas variados.
11.1.26
1,2,3 GOLPEA OTRA VEZ
El plan, que daría a conocer en su momento, consistía en tres fases:
Punto 1) Contacto, chantaje y compra de los líderes periféricos, enemigos de la Nación. A saber eran las regiones Valtania, rica en recursos naturales; Lavoria, con una acusada identidad cultural; y Kalonia, región separatista y la más conflictiva. Unidas entre las tres a odios y fobias comunes, a golpes y activismo armado. El dinero estatal era el lazo de unión aunque en el fondo se odiaban. El resto de las regiones, el presidente Kutnestov él lo sabía, era fruta madura y sumisa: ningún problema.
Punto 2) Solicitud de confianza al Parlamento Nacional de Azaniya. Había que guardar las apariencias dando visos de normalidad democrática, progresista, reformista, feminista, ecologista, pacifista, y tal.
Punto 3) Llegado el periodo electoral en el territorio de la República de Azaniya, convocar de urgencia al parlamento y agitar, con ayuda de los medios de información afines y comprados, una supuesta Alerta Nacional sobre el avance del fascismo y la derechaextremaderecha —que suena muy dramático— y la necesidad de aplazar las elecciones "para evitar que las fuerzas reaccionarias hagan retroceder los derechos de los y las trabajadoras y trabajadores y no dejar que las fuerzas enemigas de la democracia obliguen a volver a las profundidades de los hogares a las mujeres perdiendo así sus derechos reformistas y progresista —(algo así, muy rimbombante y fácilmente digerible por el personal)— hasta la derogación de dicha Alerta por el Parlamento, una vez decidido por el Parlamento que la Alerta ha decaido o los fascistas, ya de paso son neutralizados". Todo planteado y expuesto con todo el dramatismo posible. Bien sabía el presidente que una mentira cuanto más gorda y exagerada, más fácil engaritar a todo un pueblo.
Era un plan meditado, estudiado, planeado, con dichos tres puntos maestros, aunque el 3 estaba abierto a esa u otra Alarma cualquiera como pandemia nueva, holocausto climático o emergencia de lanzamiento de missiles desde el otro lado del mundo. Ya se vería...
En pleno desarrollo, el 1. Tal vez el más dificil por ser el primer envite que podría ser traumático para la sociedad, aunque tenía buenas esperanzas.
Las tres regiones insumisas, díscolas, insolidarias, con líderes embravecidos, algunos de ellos al margen de la ley por causas gravísimas, eran conscientes de la debilidad del gobierno y estaban maduros para chantajear y ser chantajeados. El primer contacto con el opositor valtano Oriolef, aparte de los consabidos insurgentes y descontentos que lo habían criricado con escaso eco, había sido todo un éxito. Las siguientes regiones eran así, mucho más sencillo de dirigir a base de un par de migajas que contentaran a la población.
¿Los puntos 2 y 3? ¡pan comido! Parlamento manipulado, Estado de Alerta Antifascista u otra, y fecha electoral sine die, ad calendas grecas, es decir cuando el dictador Kutnestov, apoltronado, dicte.
Los siguientes puntos, en estudio, el 4 sería de Represión, Depuración y Neutralización de la Oposición y 5 de Nueva Constitución imperial con la entronización de Su Persona. Rondaban ya en la mente trastornada...
Cerró con la combinación ultrasecreta "PARIASDELATIERRA" la caja fuerte del despacho. No se fiaba de nadie, ni siquiera de su propia esposa Anna Gommonova.
31.12.25
MITOLOGÍA DEL PUNTO FINAL
MITOLOGÍA DEL PUNTO FINAL
El Señor del inframundo se creía invencible. Contaba con toda la corte que él había convertido en cohorte de aduladores, rasteros, correveidiles, sérvulos del tres al cuarto y todo un ejército de pequeños seres emitiendo agudos chillidos y sonidos guturales tal que el Señor de las tinieblas se creía el Ser Superior. Lideraba un ejército de soldados fieles hasta la muerte eterna, todo sea por Belcebú. Contaba con el Gran Edecán, guardián de las puertas del Averno.
Mas hete aquí que el edecán cayó y calló, sí, en desgracia y mudo para toda la Eternidad respectivamente. Las puertas del Infierno quedaban desguarnecidas y el Leviatán supo que su caida al fuego inextinguible era inminente.
Fuente: El Codex das Sombras Infernais.
Lisboa, a las puertas de 1666, Fin de los tiempos
16.12.25
MIEL PARA MOSCAS
Estaba recostado para ser rasurado y depilado todo su cuerpo. Mientras el
barbero real cumplía su misión, el dios, con los ojos cerrados elucubraba y
hacía planes de futuro. Acababa de llegar al trono de la tierra de Sekmet y
consideraba que había al fin llegado su hora. El cuerpo del dios iba poco a poco
siendo desprovisto de todo rastro de vello superfluo; primero era la cabeza, las
cejas y pestañas, eliminado todo rastro de impureza. El escribano y consejero
Ammyt, servidor de Ra, escuchaba, asentía y escribía en un papiro atento a las
palabras del dios. En la cámara real se escuchaba el trino de los pájaros en los
jardines y el suave raspado de la hoja de afeitar y las cremas exfoliantes. Eran
las palabras del Señor de las Dos Tierras para ser transcritas:
—Sean retirados
todos los vestigios de la reina. Retírense los bustos de la mujer que ejerció
como faraón de la Capilla Roja del Templo de Karnak. Prohibida sea su mención
entre uno y otro confín de la tierra negra de Egipto, que desaparezca su
recuerdo. Es voluntad de mi divina persona que toda alusión escrita o pintada en
la sagradas paredes de cualquier templo o estela, muro o pedestal, sea arrancada
la piedra o esmaltes que hasta ahora han representado a la reina usurpadora
—levantó su dedo índice— que los dioses la olviden por toda la eternidad y la
dejen en la sima del Inframundo. En su lugar se restituyan, es mi voluntad y mi
orden a los tallistas y pintores o arquitectos, los nombres de mi real padre y
mi real abuelo, los dioses Tutmosis II y I.
El dios hijo y nieto —Tutmosis III—
elevado al trono de las Dos tierras, abrió lo ojos y ordenó detenerse al barbero real con un
gesto. Aún le faltaba ser rasurado y afeitado el resto del
cuerpo que el faraón mostraba desnudo sobre la camilla. Miró con reprensión al
escriba, quien parecía dudar.
—Mi señor ¿hemos de remover la tumba de la... y
arrojar sus restos a las alimañas del desierto? —se atrevió a preguntar
dubitativo el fiel Ammyt deteniendo el cálamo sobre el papiro.
—No —zanjó
tajante el dios Tutmosis—. Es mi voluntad seguir las enseñanzas del sagrado
Libro de los muertos; el cuerpo está ya en manos de Annubis, su alma ha sido
pesada por Osiris y su destino ha de ser el vagar eternamente en el Amenti. Es
el destino de la usurpadora.
—Mi señor y dios de Egipto... —el escriba sentía necesidad de hablar; bajó la mirada y dejando el cálamo, extendió
implorando las dos palmas de sus manos hacia el faraón— si me permite mi señor
hacer notar a este humilde siervo...
—Detente, mi buen escriba, tu insolencia me irrita —Tutmosis III hizo un gesto para que el barbero real
continuara el proceso de eliminación del vello corporal del faraón. Los
pectorales del dios, oscurecidos por una leve pilosidad, se convertía en una
suave piel cuando el barbero lo rasuraba y le ungía con suave aceite de coco del
desierto líbico.— Sean mis palabras ley que todo mi pueblo ha de cumplir. —Pero
mi Señor, dueño y dios del alto y bajo Egipto —el escriba humilló la cabeza
temiendo la ira por aquella recalcitrante y osada insistencia—. Ha de saber mi
señor que el alma humana es, muchas veces, previsible, que las energías gastadas en
eliminar todo vestigio de memoria es muchas otras tantas veces como miel para
las moscas y los intentos de obligar al pueblo para olvidarse del enemigo, el
pueblo lo considera, por contra, un acicate, y cabe la posibllidad de que el
pueblo en lugar de olvidar para siempre, recuerde también para siempre, sin
lograr los objetivos previstos.
Se hizo un silencio aplastante en la cámara real
del templo de Tebas. El barbero detuvo la cuchilla a punto de comenzar a rasurar
el divino sexo de Tutmosis; el escriba contuvo la respiración. El faraón enarcó
el lugar que minutos antes habían ocupado las cejas. Parpadeó sin pestañas. Se
incorporó y su cuerpo a medias exento de vello refulgió brillante cuando los
rayos solares incidieron en su divino cuerpo. Este levantó las palmas de las
manos en actitud de hablar.
—No me mueve la venganza hacia la usurpadora y
maldita Hatshepsut. Nunca ha sido esa mi intención puesto que la venganza es
impropia de Nos, los dioses —Tutmosis III, llamado también Menjeperra
Dyehuthymose amagó un gesto de condescendencia hacia su ministro escribano para
que no tomara sus palabras ni siquiera para recogerlas negro sobre blanco—. Mi
divinidad no necesita la venganza... sino el propio aprovechamiento interesado
de la Maldición de su Memoria. Necesito que mi pueblo hable, murmure, cabile,
rumíe, difame, ajuste sus cuentas personales entre sí o, en la intimidad, adore
y añore a mi antecesora, usurpadora y profanadora de la corte divina de Egipto;
que la memoria de la reina que ejerció como faraón de forma blasfema sea como tú
mismo has dicho: miel para las moscas; es decir, ¡prohibamos para que el pueblo
de Egipto ignorante, añore y desee! Que el simple recuerdo de la usurpadora
Hatshepsut sea la yesca que proporcione del pedernal la llama del odio entre el
pueblo para encender los espíritus a favor y en contra. Necesito ese tiempo
estéril de cuitas del pueblo, para hacer a Mi real gusto un pais que extienda
los dominios más allá del desierto y de las fuentes del Nilo.
Hizo un breve
gesto Tutmosis III, y el escriba se retiró sin dar la espalda al señor de Egipto desapareciendo tras la puerta de la cámara privada.
El barbero, sordo y mudo,
encargado durante años de rasurar los cuerpos de los dioses y sus esposas
reales, así como de los sacerdotes del templo —su lengua había sido cercenada y sus tímpanos taponados con brea hirviente para hacerle testigo fiable— tomó con delicadeza el
diminuto y fláccido miembro viril del dios faraón Tutmosis el Conquistador, y
comenzó a rasurarlo con especial tiento y mimo.
4.12.25
Historia de Hispania Citerior
Antonino Pío no lo consultó con nadie, ni siquiera con su augusta esposa Faustina la Mayor. Había recibido noticias de Hispania y era de verdadera urgencia, dado que se había declarado una peste en los cerdos de la Citerior Hispania. Daría órdenes inmediatas de movilizar a las legiones allí acuarteladas para dar caza a la población de jabalíes que son transmisoras de la peste del puerco.
En realidad le daba lo mismo a Antonino Pio si las bestias contagiaban a los cerdos ibéricos o no. Allá los hispanos con sus cuitas. A él, emperador de Roma, lo que en realidad le importaba y mucho era que los jabalíes no traspasaran los Pirineos, la Galia y los Alpes. No quería ni pensar en manadas de jabalíes y piaras de cerdos apestados trayendo a las calles de Roma la nefasta epizootia.
«A Quinto Jonio Rustico, en Tarraco Augusta, Cónsul de Hispania Citerior. Órdenes prestas y con urgencia: procede y moviliza a cuantas centurias sean necesarias, así como, lee con atención, haz acudir a la tarraconense a la mismísima Legion VII Gemina si ello fuera preciso, así como reclutar honderos y ballesteros baleáricos con objeto de abatir, aislar, identificar a los líderes de la manada y proceder a sacrificar y exterminar a estos y todos los jabalíes y berracos, así como a alimañas portadoras de la peste. Procede, Cónsul, a su sacrificio para evitar el paso de los confines de la provincia hispana con la Galia. Te lo mando y apelo a la protección de la diosa Diana la Cazadora y de todos los demás dioses que protejen Roma y a sus ciudadanos. Te saludo, te exijo tu sapiencia e imploro tu valentía en resolver esta crisis de Estado. Antonino Pío, Emperador»
Antonino Pio envió al mejor jinete, el más incansable, y la mejor montura con salvoconductos que le permitieran atravesar montañas, vadear ríos, cruzar marismas, campos, ciudades, y llegar a Hispania con las órdenes imperiales. Había que aislar el mal...
30.11.25
Amón, Isis y Ptolomeo IV
Ptolomeo IV Filópator fue un mal faraón. Reinó en Egipto 200 años antes del
nacimiento de Cristo. No consiguió sofocar la revuelta que dio comienzo en el
Alto Egipto y fue depuesto a través de intrigas palaciegas. El templo,
levantado en honor a Horus y a Isis, se conviertió en el lugar donde Ptolomeo
se haría fuerte. Mas de nada le valió. El descontento del pueblo viendo como
los graneros reales eran poco a poco desvalijados e injustamente incautados
hicieron que la hambruna, la escasez debido a los bajos niveles del Nilo por
la falta de lluvias y la corrupción hicieron que el pueblo se rebelara.
Ptolomeo hacía oidos sordos y su única respuesta era el arrojar a las aguas
del Gran Río a aquellos que tuvieran la osadía de llevarle malas noticias.
Ptolomeo solo gustaba de solazarse en las terrazas entoldadas, sombreadas de
palmeras y cañaverales, mecido en sueños y duermevelas entonados en sus oidos
por dos efebos nubios, mientras degustaba de enormes bandejas de oro puro
repletas de frutos de las riberas del rio: Pan de pita, hummus, dátiles
envueltos en delicadas hojas de maiz prensadas; alimentos traidos de más allá
de las fronteras; aceite de oliva de Iberia, terneros y corderos de
Mauritania; milhojas de ajonjolí del reino alauita; vino fenicio especiado y
cerveza de los sacerdotes del templo de Karnak. Del lejano reino del Indo,
frutos y especias de todo tipo. No menos le gustaba al dios Ptolomeo. Pero no
parecía ser consciente de lo cerca de la gran tragedia que se cernía sobre el
reino: los cuervos y arrendajos volaban alto en el cielo augurando y
barruntando muerte y destrucción. Mas el dios cavaba su tumba; en el exterior
de las puertas del templo se revolvían las masas. Los dos semidioses
—reencarnados en Horunnefer y una sacerdotisa erigida como Némesis—,
consiguieron alertar, prevenir y disponer para la batalla para arrancar al
tirano e iracundo faraón de la silla reservada a los verdaderos dioses. El
templo de Amón de Debod era un clamor que no conseguía traspasar y molestar el
dulce estar del dios faraón degustando los placeres del cuerpo y de la mente.
Los jóvenes nubios dejaron las cantinelas y comenzaron un delicioso masaje.
Pero el murmullo se iba conviertiendo en clamor en el exterior del templo de
Debod Amón.
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25.11.25
14.10.25
TRATATUS BRINDISIUM PAX
TRATATUS BRINDISIUM PAX
(Lucius Marcius Fabius, historiador)
Brindisum brillaba a la luz del sol del Mare Nostrum. La ciudad acogía la firma de un gran tratado de paz del triunvirato. En realidad era un armisticio que ponía fin a años de inestabilidad del Imperio.
Al fin César Augusto, Marco Antonio y Marco Emilio Lépido habían llegado a un acuerdo que se aprestaban a firmar, aun con los ojos tapados y los puños crispados en sus gladios envainados.
Se acomodaron en sus triclinios y se dispusieron a estampar sus sellos en los papiros que se guardarían en el Senatus de Roma decretando la Pax.
Habían sido invitados los cónsules, procóncules y gobernadores de todas las provincias, incluso las más lejanas. Entre ellos estaba Antonino, su mujer Fulvia y el hermano Lucio venidos desde la díscola provincia hispana ajena a asuntos del gobierno del imperio. Los miembros del triunvirato los miraron con desdén, aunque las sonrisas forzadas y los parabienes no fueron eludidos sabedores de las ansias del poder del hispano sin méritos suficientes que aportar al Senado, simple invitado perdido entre la baja elite provinciana.
Firmaron la paz los miembros del triunvirato -como mandaba la tradición descalzos de sus 'caliguli' o botos en señal de humildad-, se saludaron unos a otros de forma fria sellando un periodo de paz que duró poco. La guerra fue inevitable y el tablero de ajedrez, el puzzle, el inestable equilibrio de la política romana dio como resultado la caida de Antonino, víctima de su ensoberbecida y ebfermiza codicia política y el sorprensivo ascenso de Lucio, su hermano, como nuevo gobernador de una pequeña parte de la provincia Lusitania.
Brindisium pasaría a la historia como el pricipio del fin de la República para dar paso al Imperio romano.
Brindisium vivió unos dias de gloria, con sacrificios a los dioses, banquetes y vino a raudales, danzas y ritmos de bailarinas de ébano de los confines africanos y sofisticados efebos griegos tan del gusto de los patricios con que satisfacían sus deseos libidinosos. Brindisium fue el escenario donde la muerte y el poder se daban la mano.
(Agradezco a la Onorevole Signora Sara Fedelini la facilidad prestada para husmear, en mi lugar, en los archivos del Comune di Latina, Italia. Grazie mille)
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