© El blog con cero lectores, pero aquí estoy en el espacio de mi libertad. No espero a nadie aunque cualquiera es bien recibido. Gracias a mi BLOC ABIERTO DE PAR EN PAR donde encontrarás desde 2009 temas variados.

1.5.26

PRIMERO DE MAYO 2090

Mohamed Manuel se levantó decidido a intentarlo hoy. No se preocupó tan siquiera de tomar el brebaje que la máquina expendedora había expulsado bajo el letrero de DESAYUNO. Hoy era el día indicado cuando las masas se apretaban en el Parque Civitatis donde los líderes del Partido enardecerían a los trabajadores. Trabajadores de la nada, más bien, celebrando nosequé. El caso es que este año era especial, los líderes tenían cosas importantes que decir, pero él no estaba dispuesto a esperar un día más. Estaba harto de pasar días, semanas, meses y años en hacer nada. Estaba bien que la InmensActividad, llamada IA de toda la vida hubiera descargado de las actividades más duras y penosas que se realizaban hasta veinte años atrás. Pero la IA era ya un monstruo fuera de control que estaba empezando a atemorizar a la población a pesar de que en sus comienzos fuera recibida con simpatía y alegre alivio.

—Qué bien, ya no tendremos que ocuparnos de realizar tareas penosas, por ejemplo cuidar de ancianos, hacer de camareros, recepcionistas o limpiadoras de hotel —los muchos partidarios enumeraban la enorme descarga de duras tareas mientras los escasos detractores eran tachados de fachas por no querer ver que el trabajo no peligraba porque decían los sindicalistas que la programación y la construcción de los robots sería misión del insustituible ser humano.

¡Já! eso creían todos al principio y el Partido garantizaba los sueldos íntegros sin tener que trabajar, pues los robots no comían. Desde los años 30 los trabajadores se fueron sustituyendo por entes metálicos y de toda suerte de metales preciosos y fibras artificiales que pululaban por todas partes. La última moda eran los robots que se encargaban de recibir los ataúdes a las puertas de los cementerios de última generación donde eran recogidos por palas y a través de una intricada red de pasillos eran llevados y depositados en nichos previa cremación (había pasado de moda la extracción y donación de órganos) así que los cuerpos eran dejados en manos de la IA para que gestionase la eliminación de restos humanos. Pero así era todo, desde la Medicina hasta la Educación pasando por la Agricultura y la Alimentación. Todo ya era obra de la IA.

Este Uno de Mayo de 2090 era especial pues se había descubierto por disidentes al Partido que el diseño, fabricación, montaje y programación no era, NO ERA, realizada por los habitantes de Eurotontilandia, tampoco por los residentes de Españilandia como habían consolado y mentido en el pasado, sino que estas tareas eran realizadas por robots de InmensActividad, es decir se había descubierto que la IA se retroalimentaba y que era una vil mentira el discurso buenista de los falsos sindicalistas.

Mohamed Manuel Al-Mahdaini García, bisnieto de marroquíes y españoles, salió a la calle sin desayunar. Hasta aquí he llegado, pensó harto. Sorteó las patrullas de agentes IA; esquivó la circulación de automóviles sin conductor (los que se empeñaban en tener coches con volante eran enviados a campos de reeducación). Llegó al puerto y saltó a una lancha sorteando los disparos de rayos tasser y lasser que salían de torres de autovigilancia donde cámaras y cañones barrían los 180 grados de costa. Las voces de los líderes del Partido celebrando el día del Trabajo Virtual se iban atenuando a medida que recorría a bordo de una lancha IA las aguas "sostenibles" del Estrecho; dejó a un lado la superestructura del puente que unía los dos continentes barrido por invisibles haces de rayos ultrasensibles a cualquier movimiento incontrolado. Al fondo, la ansiada tierra donde, si tenía suerte de eludir los controles de las fuerzas del orden de carne y hueso del Comendador de los Creyentes, rey Al-Mutamid XXV, estos sí, humanos, podría tal vez encontrar aunque fuera sobornando, un simple puesto de trabajo real de recolector de naranjas o fresas, o tal vez de barrendero o pocero en la ciudad de Mutamidia, capital del Nuevo Rif, paraíso soñado, ansiado por las víctimas del falso trabajo del falso paraíso del lado de acá de la Falseada Historia. Eso sí, debería pasar por los centros de desprogramación de vagancia y reprogramación para 'curro' de los de verdad, de tajo y callos en las manos.

17.4.26

MARCIA, LA MARCELLA

A menudo se la veía pasar por el Palatino, aunque en realidad no lo necesitaba para llegar a su villa recién

adquirida. Pero resultaba cómico ver su figura dentro de un triclinio portado por dos eclavos y llevando siempre detrás otros dos, todos esclavos mauritanos arrastrando un carro con muchas mercancías. Y ello era más a menudo desde que Marcia Rufina, (Marcella) casada con Gaius Petronius Verres, un simple 'rationibus' adjunto o dispensator principal de la casa imperial había optado por lapidar el caudal que de forma poco clara el esposo había incrementado tras las obras que él había gestionado en nombre de Roma en las obras de construccion de la vía Valeriana. Pero a madie en los aledaños del foro se le escapa el ostentoso dispendio de Marcia, llamada Marcella entre los funcionarios de bajo nivel.

—¡Llamadme por mi nomen, soy Marcia, esposa de Gaius Petronius! El de Marcella es el nombre por el que mis esclavos me conocen y que yo castigo con cincuenta latigazos cuando los sorprendo usando esa nominación clasista y vergonzante.
En el Foro era de sobras conocido que Marcella era dada al dispendio en proporciones directas al salario de su esposo.
Mantas de lana de Britania, cristalería de la laguna Veneta, vajillas de cerámica del Lacio, oro en piezas del tamaño de los testículos de un toro, procedente de las Medulas. Animales exóticos traidos de las selvas más allá de Egipto. Le gustaba sobremanera los utensilios más extraños. Marcia era aficionada a adquirir alimentos exóticos de allende las fronteras y vendidos en Roma por mercaderes de cualquier parte del mundo.
Era el hazmerreir de los que pululaban por el Foro pero en el fondo era vox pópuli que el matrimonio estaba formado por unos simples plebeyos —que solo habían conocido los vericuetos de los bajos fondos de la Subura, un submundo dentro del mundo romano— trasladados a las alturas del Poder. Incluso los esclavos que seguían a la Marcella parecían sentirse avergonzados del ama que les había caído en mala suerte.
Marcia Rufina era considerada la 'emperatriz del dinero' y los mercaderes se frotaban las manos cuando la veían aparecer, que era con una frecuencia casi casi diaria.
En la villa de Gaius y Marcia los cachivaches se amontonaban por toda la domus desde el atrio hasta las letrinas: trastos y 'ruches' a cuáles más inútiles y caros, el caso parecía ser gastar y gastar.
Sólo unos pocos auguraban que los senadores en nombre de los dioses y del pueblo deberían pedir cuentas a la pareja, sobre todo a él, un 'dispensator', cargo de una importancia vital sólo confiado a los leales y fidedignos guardianes del Erario.
Algunos senadores lo ponían en entredicho al paso de la comitiva de Marcella y sus esclavos cargando estos caros abalorios y caprichos.
Era un espectáculo ver a la domina Marcia dentro del triclinio pasando sus manos sobre un extraño dispositivo que manipulaba de forma compulsiva. Se decía que era un cuentadenarios que consistía en varillas con cuentas de marfil de distintos colores que ella parecía manejar con delectación.
—Nada hay peor que un pobre matrimonio sacado de la inmundicia de la Subura para convertirse en rico solo con pisar el mármol del Palatino —los senadores se daban codazos comentando como les provocaba hilaridad la actitud de la Marcella, una vulgar hispana citerior casada con Gaius Petronius otro no menos vulgar hispano ulterior, en una Roma que se partía de la risa a su paso—. Más parecen ricos de nuevo cuño, senador.
Más de un senador llevaba las cuentas de Marcella y Gaius y por Júpiter que habrían de pedirse cuentas a Marcella y a su esposo.

15.4.26

LUCIO DECIO COMPTUS, CUESTOR DE LA REPÚBLICA

El cursus honorum estaba a punto de acabar, y tal vez de abrupta manera, por culpa de las artes y mañas por parte de los numerosos enemigos que se había granjeado entre los senadores de la República. Sus fuerzas habían llegado al límite y no veía la hora de retirarse a su modesta villa, dejarse caer en el triclinium y ver pasar el resto de su vida mientras saboreaba, al fin, un vaso de buen vino de Hispania.

Entraba en el atrium y no pudo por menos que volver la cabeza. Estaba envejeciendo y cada día se le hacía más y más difícil andar los pasos desde los Foros Imperiales hasta la colina del Quirinal donde residía.
No lo quería reconocer, y menos a sus colegas, pero había llegado a la conclusión de que lo que sentía no era un simple desasosiego. Su ánimo estaba al borde del colapso. Sólo a su amada esposa había tenido el valor —aunque era más bien deseo de descargar su espíritu— de que lo que sentía era simple y vulgar miedo.
Un día más y tal vez habría muchas posibilidades de entregarse en cuerpo y alma a las sucias aguas del Tiber. Arrojarse a su cauce y dejar que la vida fuera escapándose acompañando su corriente hasta el mar. Roma tenía fama de contar con un brazo muy largo y vengativo —a veces, pocas, clemente— y así era. Las jornadas y muchas vigilias pasadas redactando y dictando autos en referencia a las maniobras de la mujer del César había sido algo que, ahora reconocía, lo superaba aunque nunca hasta la inaceptable rendición.
Cuando accedió a su modesta villa, fue recibido por su esposa; tras ella el fiel Servilius asistía con una jarra de agua y la toalla con que refrescar las manos sudorosas del cuestor quien había finiquitado el proceso que el Senado debería revisar, discutir y dictar sentencia. Él se consideraba, y creía que así lo consideraban, un leal servidor a la república que había hecho de su imparcialidad y frialdad de mente y de corazón sus mejores atributos para afrontar la tarea de juzgar, ahora sí, las apariencias de culpabilidad de la esposa de Julio César, Cornelia. El Estado, sus pater conscriptii, debería decidir si ésta había obrado con lealtad... o con vilipendio. Roma decidiría si la República imperaría o bien se asestaría un gladium en su mismo pecho con que retornar a la pasada monarquía.
Lucio Decio Comptus se aseó, se despojó de la túnica y tomó un refrigerio junto a su esposa. Ya no sentía el mismo temor que unos meses atrás, cuando le comunicó su esposa que un grupo de jinetes habían arrojado un barril con excrementos humanos en el interior de la villa. Afortunadamente, le comentó Pubililia Secunda, hoy el barril no había estallado esparciendo como la otra vez el inmundo contenido por todo el atrium. Decio suspiró. Miró a su amada y sorbió un poco más de buen vino hispano.
—Pronto acabará todo, he entregado las cien y diez tablillas y papiros al Senado, mi misión ha concluido —enmudeció unos largos segundos—. Pronto podremos marchar a Sicilia y gozar de la luz y el calor. Yo he cumplido mi papel en Roma.
La fiel esposa Pubililia Secunda, víctima colateral de las insidias vertidas contra el honesto servidor público, le tomó la mano. La besó. Roma era ya invivible y aquel anciano, al final de su modesto cursus honorum dejó la copa —que Servilius se precipitó a rellenar— y tomó la mano de aquella honesta, sí honesta, y valerosa mujer que había sufrido de manera injusta y vil los improperios llegados desde el mismísimo interior del Foro de la República.

PD: Mis respetos a los jueces que no se doblegan. (2026)

12.4.26

EMPERADORES

El emperador esperaba nervioso. Junto a él, su augusta esposa. Ambos con las mejores galas para la ocasión, uniforme de general romano él y sutil y transparente túnica blanca, ella. El viaje había sido largo pero ambos sentían más y más seguridad a medida que dejaban atrás los hitos y miliardos que jalonaban las grandes vías romanas. La comitiva no salía de su asombro cuando se adentraron en el territorio ignoto y comenzaron a percibir que existían otros mundos tan esplendorosos como el romano del que él, emperador Marco Valerio Salonio, era dueño y señor.

Delante de la gran puerta, comenzó a sentirse pequeño e insignificante. Estaba, quién lo iba a decir, nervioso por lo cual tomó la mano de su augusta esposa. Un sonido los envolvió...

Un soniquete suave, rítmico, como salido del fondo de una cueva o del mismísimo cielo envolvió el ambiente de músicas de cítaras; de un carillón de cientos de campanillas; más el sonido terso, pausado de un gran tambor; eran decenas de flautas y flautines; y de fondo un instrumento llamado Guzheng con cuerdas de plata; todo ello se esparció como deliciosa bruma matutina cuando se abrió la Gran Puerta.
A indicaciones de un edecán que le iba explicando a la pareja de extranjeros todos los detalles del acontecimiento, la pareja imperial romana accedió al Salón de las Grullas Inmortales. El suelo era de cristal bajo el cual nadaban carpas. Al fondo, sentado en un gran trono, el soberano del Imperio Qin del Sol Lejano esperaba imponente. El emperador mandarín Long Zhuo "El Dragón de Jade Silencioso" se alzó del trono. Vestía el ropaje para la recepción de visitantes. Una túnica de seda tejida con hilo de nube, color azul gris que cambiaba de tono según la luz. Calzaba el emperador botines de paso silente de cuero de carpa dorada. Coronaba su imperial testa la corona de los mil ecos y campanillas de lágrimas de jade mudas. Portaba en sus manos un sello y un abanico, símbolos del poder del imperio Qin.

—Marcus Valerius Saloninus, emperador de Roma, y la augusta esposa y emperatriz presentan sus respetos al Imperio Qin —anunció el edecán. La pareja se sentía empequeñecida, ridícula frente al soberbio escenario en que se habían introducido para intentar alejarse de Roma y sus miserias.

El emperador, sobre una tarima, dejó el sello y el abanico imperiales. Abrió las manos mostrándo sus palmas a la pareja llegada de la otra parte de la gran muralla protectora. Mostrar sus manos era el único gesto del emperador. Sus ojos estaban dentro de unos párpados completamente unidos por una fina línea. Unos bigotes le caían fláccidos hasta el nacimiento del cuello.

El edecán hizo un leve gesto para que el emperador de Roma se acercara. Había llegado el momento supremo donde Salonino y Long Zhuo se conocerían. Pero siempre —bien que se lo advirtieron al romano—, no elevarse al mismo nivel que el emperador oriental, siempre situarse a más bajo nivel, un problema protocolario dada la elevada estatura del romano y la pequeña del mandarín 'qino'. El problema se resolvió elevando la tarima imperial unos centímetros a fin de corresponder las estaturas de ambos mandatarios de forma debida.

El emperador qino guardaba silencio. Resultaba indigno e impropio de su alcurnia decir una sola palabra. Pero Salonino sí pudo mostrar agradecimiento por el recibimiento.
Marco Valerio Salonino se sentía ridículo cuando miraba a su alrededor y descubría qué era, realmente, el fasto y el lujo que no resistía la menor comparación con los palacios y foros romanos. El lujo, los adornos, los suelos y techados, todo era distinto.

Un pueblo extraño —pensó Salonino al comparar uno y otro imperio— pues no se le escapó a la pareja romana que la inmensa Sala de la Grullas Inmortales estaba absolutamente vacía. Tan solo los dos emperadores, el edecán y la augusta esposa romana. Nadie en absoluto dentro de la inmensa estancia donde seguía sonando el extraño sonido de música.

A través del edecán los emperadores se desearon buenos augurios y proyectos de intercambios de mercancías a través de los mares, abriendo rutas marítimas y terrestres.

Fueron horas de gran provecho para ambos dirigentes. El mandarín qino porque sabía que Roma era un imperio en decadencia, débil por tanto, y potencial cliente de los miles de productos de todo tipo. Roma ofrecía, a cambio, consumidores y decadencia.

Pero eran también las enseñanzas de sus deidades, tan distintas a los dioses romanos. Eran dioses que transmitían pensamientos para regir la vida. Salonino escuchó sobre la intrincada política y la filosofía de aquel pueblo extraño, que estaba descubriendo. La seda, las armas, la comida, los recursos naturales, los inventos más inverosímiles, todo era admirable para Salonino. Pero hubo una costumbre que le impresionó sobremanera:

La corrupción de los funcionarios imperiales era castigada con la muerte, ejecutando al reo en un lugar solitario, sin otro testigo que un arquero quien de un solo flechazo, cortaba la vida en nombre del pueblo y del emperador. Más tarde, el importe de la flecha sería exigido a la familia del corrupto ejecutado. El precio era la muerte acompañada de la deshonra y la humillación. Pagar la flecha propiedad del Estado...

Salieron. Las puertas de la Sala de las Grullas Inmortales se volvieron a cerrar, luego visitaron Eiging la capital del vasto imperio, de regreso a Roma el imperio Qin y sus fronteras se cerraron para Augusto Valerio Salonino que había tomado buena nota, sobre todo de la justicia qina, en su regreso a Roma...

22.3.26

SANGRE ESPAÑOLA PASIÓN MEXICA o SANGRE MEXICA PASIÓN ESPAÑOLA

A la sombra de un gran sicomoro yacieron. A escondidas pero dejándose llevar por la pasión sin cortapisas aunque sabían que, en principio, se jugaban la vida.

Él era un soldado bajo el mando de Cortés, reclutado en nombre de Carlos I. Acostumbrado a la penumbra, a la mojigatería, al manto pesado de la religión, había llegado a estas tierras y había descubierto el paraíso. La feracidad de la madre Natura; la bondad del clima; la diversidad de la fauna salvaje; la grandiosidad de los mares y de sus ríos; la valentía de sus guerreros y la inclemencia de sus terribles, sanguinarios dioses; sobre todo, la rebeldía de su población; le parecía de otro mundo a Alonso López de Córdova, pero desde que la conoció supo que aquella joven iba a ser suya. Si tenía que desertar, desertaría; si tenía que huir, huiría; si tenía que matar, mataría, y si tenía que renunciar a volver a España, renunciaría. Pero recorrer cada pulgada de su piel broncínea, sus voluptuosas curvas, su cabello azabache espaldas abajo prendido de flores, sus hermosos ojos negros, su desnudez plena, espontánea y generosa como nunca sería posible ver a las graves hembras de los lejanos reinos castellanos, merecía todas las renuncias, incluida la propia vida.
Ella se llamaba Xochitl (Flor, en lengua cristiana). Una bella joven que Alonso había conocido cuando Cortés, del que Alonso era un simple alabardero en las tropas españolas, había llegado a Tlaxcala y pergeñado alianzas con los tlaxcaltecas a fin de doblegar al rebelde Moctezuma.
Alianzas que se referían a territorios, encomiendas castellanas, rebeldías y traiciones, sumisiones, castigos, leyes, intercambio de prisioneros, comercio, bautismos, abrazos a la fe verdadera, construcciones de templos, escuelas, viviendas y cuarteles, enseñanza de la lengua del imperio, mas también juramentos a la Corona de España. De todo ello hablaban, trataban, escribían y firmaban con tinta y a veces con sangre. Todo por y para el todopoderoso césar emperador Carlos I de España, V de Alemania y señor de medio mundo.
De lo que no trataban los legajos reales firmados, sellados y lacrados era del motor invisible de fuerza arrolladora, por encima de intereses patrios o vasallos. Se trataba de pactos indelebles. Era la simple, salvaje, primitiva e invencible llamada de la sangre. Sangre de hombres y mujeres de uno y otro lado de la Mar Océana, de más allá y de más acá. Del mayor y más valioso legado: el amor.
Alonso López de Córdova, cristiano indubitado, y Xochitl de Tlaxcala, conversa, se desposaron ante la imagen española de Nuestra Señora del Buen Suceso, avanzado el invierno de 1520. Todos los permisos fueron concedidos y un representante de Hernán Cortés (Antonio de Mendoza y Pacheco, futuro virrey de Nueva España) asistió a los esponsales que se celebraron cerca de los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl, en plena conquista de México.
De inmediato se desvaneció el rastro del matrimonio, la historia los engulló, la conquista continuó y, en corriente incesante, a través del vasto territorio, pacificado dejando los corazones en su lugar en vez de mostrarlos sangrando en altares idólatras, la sangre de ambos pueblos digo, se mezcló.

12.3.26

HODIO CON ACHE

7:15 horas Sala de Control de "HoooH, Hodio"

Ministerio de Nuestra Verdad.

Gobierno de Españilandia.

Primer día de Hodiometría. Inauguración con presencia de la Ministra que pulsa la tecla de ON. Se conectan las 500 pantallas con sus señales acústicas y lumínicas
Todo está tranquilo a la espera del primer aviso, la ministra compruebe la eficacia del Sistema, se detecte la alarma y se detenga al seguro "hodiador", así, acudirá a dar las novedades al HGPresidente comunicándole que su idea ha sido todo un éxito. Pasan los segundos y de pronto suena una estridente alarma para acto seguido una luz destellante —balizas sobrantes V-16— al tiempo que se conecta una pantalla en la que aparece la cocina de una vivienda. La ministra de Nuestra Verdad se frota las manos: ¡han pillado a un hodiador! la Policía del Pensamiento Único se pone en marcha y procede a la detención y posterior condena del hodiador de la cocina desde donde está lanzando mensajes de hodio.
—Lo siento Excelentísima Ministra de Nuestra Verdad. Ha sido uuna falsa alarma. Realmente sí, estaba lanzando mensajes orales de hodio, pero principalmente porque se le a caído la tostada al suelo y se ha cagado en todo lo que se menea... y eso no es hodio... creo. —el policía no sabía dónde meterse del ridículo al pillar a un pacífico ciudadano en calzoncillos a punto de desayunar—. Y es que , Sra. Ministra pienso que no ha sido buena idea conectar el Sistema a los ordenadores o móviles de la ciudadanía. Ya sé, ya sé que así nos enteramos de todo, pero del hodio... pues el hodio es un sentimiento imposible de medir y —la ministra hizo un gesto con la mano al Agente de Policía del Pensamiento Único:
—¡Agente, le prohíbo que siga recapacitando por su cuenta sobre el tema del Hodio!. Es una cuestión filósofopresidencial y nosotros no somos nadie para cuestionar las ordenes del Líder Máximo, Paladín de las Buenas Costumbres y Campeón de la Pazzz. Hay que perseguir el hodio en todas sus manifestaciones —la ministra no estaba dispuesta a las insubordinaciones ni tan siquiera mentales— aténgase a las Normas si no quiere ser pasado por los instrumentos antihodio.
Unos minutos más tarde muchos más monitores comenzaron a lanzar señales de alerta de hodio. La Brigada de Delitos de Hodio no daba abasto. Era la hora del desayuno, las prisas, el tumulto en el Metro, los buenos días al compañero de trabajo... y al Jefe. Sí bueno, había que mejorar el Sistema de Alerta Antihodio, pero en ello estamos, pensó una medio satisfecha Ministra de Nuestra Verdad. Se tendría que comunicar con el ministerio del Hamor.

11.3.26

GHP y SPAÑILANDIA

Gran Hermano Presidente (en adelante GHP) había convocado de urgencia a los Cuatro Importantes Ministerios.

Por la intranet secreta había comunicado durante la madrugada a los superministerios siguientes:
Ministerio de Nuestra Verdad.
Ministerio de la Paz y de la Ciencia.
Ministerio de la Abundante Usura Fiscal.
Y como observador, el ministerio del Amor.
Durante la noche había sido un continuo cruzar los cielos de Spañalandia: un infernal trasiego interrumpía la paz de la nación de naves portando armas. Era de verdadera necesidad el convocar el Supergabinete que decidiera la marcha general de la República Popular Spañilanda.
Se sentaron preocupados ante el giro de los acontecimientos de las últimas horas. GHP miró a las cuatro ministras que lo conocían muy bien sabiendo cómo debían bajar la mirada en señal de lealtad. GHP engoló la voz:
—He convocado al Gabinete de Emergencia a fin de proponer medidas que he decidido tomar —GHP puso las manos sobre la mesa y mostró un semblante serio y duro— pues como sabéis esta noche el Yanqui Gran Satán (en adelante, YGS) ha atacado Eurasia-Persia para derrocar al gobierno de esta región y yo, como representante y líder del pueblo, he decidido aprovechar la coyuntura.
—Pero Gran Hermano Presidente —la ministra de la Paz y de la Ciencia, una rechonchita sesentona con voz atiplada, asombrada, levantó el dedo requiriendo atención de forma un tanto infantiloide— no hay más coyuntura que ayudar a nuestro vecino, amigo y aliado Yanqui Gran Sa... —la ministra no fue capaz de terminar la frase asustada ante la fulminante mirada que le dirigió GHP.
—¡No! —voceó GHP apretando de inmediato la mandíbula —. Haré de la necesidad virtud. Tengo la forma y no admitiré discusión alguna.
Las ministras sabían que las decisiones estaban tomadas y que en realidad ellas no eran sino meros instrumentos de GHP.
—¿Qué hemos de hacer, Gran Hermano Presidente? —quien se atrevió a levantar la voz era la favorita del escalafón ministerial, la ministra de Nuestra Verdad, la que en realidad ejercía la delegación de GHP—. Ya sabe Su Excelsa Excelencia que estamos todas a la orden y...
—Lo sé, lo sé —Gran Hermano cabeceó forzando una sonrisa que a la zalamera ministra de Nuestra Verdad a quien no le hacía ascos a piropear al Eminentísimo —ya sé que cuento con vuestra colaboración y lealtad aparte de vuestros gentiles parabienes y merecidos halagos hacia mi persona, pero ahora se trata de un asunto de extrema gravedad: la guerra.
Todas se miraron. El momento era de extrema gravedad, sí. Pero las caras de las ministras se dulcificaron; contaban con el liderazgo del Ser Supremo que dirigía los destinos de Spañalandia desde hacía decenios. La Alerta Anti-Fachihermanastros estaba aún en vigor y las elecciones de 2027 habían sido aplazadas una y otra vez... hasta el actual 2040.
—El plan propuesto es el siguiente: recuperemos y desempolvemos los viejos lemas que tanto provecho nos han proporcionado: NO A LA GUERRA, YANKEES GO HOME, FUERA PASES PARA NUESTRAS BASES y cualquier otro ¡incluso me vale el antefelipín OTAN NO-BASES FUERA!—el GHP sonrió triunfal, aunque la ministra de la Paz y la Ciencia no pudo reprimir un mohín de disgusto.
—Pero presidente, no podemos abandonar a nuestros aliados, y mucho menos impedir que pasen a nuestra bases. —La ministra conocía de sobras que el YGS tomaría represalias de tipo económico, así que, armándose de valor, lo espetó. El gabinete enmudeció.
—Ni peros ni peras. "No a la guerra", ministra. Un lema que no falla. Y a las calles, las quiero abarrotadas con miles de la pancartas con el lema —se detuvo un par de segundos GHP para añadir—: por supuesto que se ponga en marcha nocturna la flotilla de drones y minisubmarinos en dirección a la zona de "conflicto" —guiñó un ojo a las superministras que se derretían de gusto— que en este caso tanto da predicar como dar algo de trigo.
—Presidente, como ministra de Nuestra Verdad no tengo otro remedio que llamar la atención sobre la población de colectivos de diversidad sexual de Eurasiapersia, mujeres sobre todo, masacradas y reprimidas por aquel régimen. No las podemos olvidar ni abandonar. —A la ministra de Nuestra Verdad, verdadera ideóloga del gobierno, encargada de la gobernación de Spañalandia, idear y dirigir la propaganda y consignas gubernamentales haciendo que llegaran estas a los más recónditos rincones del país. Directora de las SS (Seguridad de Spañalandia), era la todopoderosa alma mater y la previsible heredera del trono de la República: todos lo sabían aunque nada estaba escrito.
—Ministra, no debes preocuparte. Sé que últimamente te formulas muchas preguntas y caes en un mar de dudas. Lo sé... y me disgusta. Sólo preocúpate de fabricar un buen relato, fácil, simplón y cortito a modo de alpiste para pájaros. Estoy seguro de que no te será difícil encontrar la fórmula para fabricar una verdad. Medios tienes para ello.
La ministra, sumisa y modosa, bajó su vista y asintió pensando que no le sería difícil la tarea. La ciudadanía estaba acostumbrada, ahormada, le había tomado la medida y controlaba a la disidencia, recalcitrantes rebeldes que se empeñaban en discutir las Normas de Gran Hermano Presidente. Pero sí, los medios los tenía para hacer compatibles el pacifismo y el feminismo (las grandes e infalibles muletillas tan gratas a la "gente"), hacer creíble a la masa lo increíble. Una vez más no iba a defraudar al Gran Conducador.
—Prezidente, —la jacarandosa titular del Ministerio de la Gran Usura Fiscal levantó su flamenca mano— y digo yo que —no la soportaba nadie del Supergabinete por su ostentosa villanía pero tenían que reconocerle una gran capacidad de trabajo recaudando impuestos— ¿cómo hasemo pa paliá la época de crizi que ze avesina por culpa de la guerra? —la ministra se pasó la lengua por la sombra del bigotillo del labio superior, mirando con descaro al líder y a sus colegas.
—Ministra, ¿y tú me lo preguntas? Concede subvenciones y paga a troche y moche, distribuye de las arcas públicas, reparte dinero para todos. Y luego sube los impuestos, el IVA, el IRPF, lo que quieras. O al contrario, deja que suban los precios, recauda el IVA, sube la gasolina, mete la mano en sus bolsillos, sube el paro... y luego salimos a ayudar, ya sabes... prendemos fuego y luego vamos con la manguera ¡con agua!. No falla, ya sabes, sacas nuestra colección de frases por ejemplo "tenemos las medidas sobre la mesa", "no dejaremos a nadie atrás", "el gobierno de la gente", "la verdadera solución es noalaguerra", en fin, todas son buena alfalfa para el ganado . —El presidente calló. Era aquella una más de las crisis que había solventado en su larga estancia palaciega. Cada vez le resultaba más fácil pues la ciudadanía —la "gente", como gustaba llamar al pueblo cuando venían mal dadas—. —¿Y "Fri Palestain", "Israel genocida" "Aznar, a desasnar"? —interrumpió de nuevo la ministra de la Usura. —Todo, todo sirve —aseveró GHP con ligero tono de fastidio— cualquier frase, y también, ya de paso las de "Nucleares, No gracias", "Queremos Nucleares" y "Almaraza no se cierra", pero eso déjalo para la ministra de la Nuestra Verdad. Y adelantaros que voy a crear un nuevo ministerio, el 'veinticincoavo', se trata del Ministerio del Orden, Desorden y Caos, encargado de las relaciones con Oceanipersia.
Las ministras no pudieron aguantar más: movidas con una especie de resorte se levantaron y al unísono lanzaron vivas al líder, haciendo sonar sus palmas la ministra de los 'lereles' y las demás entonando el lema que les salió del corazón: "PE-PE-PE ¡¡¡PEDRO PALADÍN DE LA PAZZZ!!!", repitiendo una y otra vez hasta el paroxismo.
—Vaaale, vaaaleee. Gracias emocionadas y agradecidas. Se levanta la sesión y ya sabéis, nada de la obsoleta telefonía móvil. Los mensajes, por vía psicotelemática que no dejan rastro. A ver, todas conmigo: NO A LA GUERRA-NO A LA GUERRA-NO A LA GUERRA. Así durante diez minutos jaleandose y jaleando a un Presidente mudo de gusto.
Más tarde, roncas pero satisfechas hicieron pasillo a Presidente Gran Hermano. Sobre la capital de Spañilandia —Ayucity, en memoria de la Ayuso en el exilio, calles vacías, muertas— el cielo barruntaba tormenta. El fragor de las nubes entrechocando de forma eléctrica se confundía con los motores de las aeronaves yankis y judías cargadas con material nucleotermosónico de última generación, letal para la población civil pero inocua para el paisaje. El Presidente Gran Hermano salió rodeado de su cohorte ministerial y de asesores pretorianos, subió a su autoacorazado camino del bunker, a diez kilómetros de cualquier ciudadano; ¿una crisis más? ¡una crisis menos!, pensó, sonriendo y marcando su rostro cadavérico. El mundo colapsaba pero ellas seguían mirando su viejuno ombligo. El de Él.

NOTA: me he inspirado en "1984", de George Orwell, pero qué passsa. ¡Si él choricea tesis!

8.3.26

ISIS

Del río llega una embriagadora brisa. La risueña mañana saluda a la real esposa. Hoy es el gran dia que estaba esperando Neferamun Sat-Ra (la perfecta de Amón, hija de Ra). La claridad de los primeros momentos del día ilumina la tersura del rostro de la diosa. Recibe con los brazos abiertos a su esposo el faraón Useren-Kheperu (el de las transformaciones poderosas) quien, haciendo caso omiso de las esclavas y otros sirvientes que pululan por la estancia junto al recodo del rio, deja caer su faldilla al suelo, mostrando a su esposa la plenitud de su potencia viril. La noche no le ha bastado al Señor de las Dos Tierras y se aproxima a su bella esposa. Se besan pero no yacen como suele otras veces allí mismo, por un gesto de ella, y se disponen a tomar la primera colación del día. Les espera una larga y fatigosa jornada al reunir a la corte para celebrar la fiesta anual. Ra, ya se intuye a pocos minutos de aparecer: en las próximas jornadas, su primer rayo incidirá sobre las divinas efigies.

Fue en el pasado, deseo del dios, instaurar un periodo que pasaría a denominarse de manera oficial "Época del Loto Dorado" donde Egipto comenzaría a ser gobernado entre iguales. Había llegado el momento del año cuando el divino Ra ejecutaría, sin dudarlo, el deseo de Useren-Kheperu para su amada esposa. Él, dios de las Dos Tierras, había ordenado a sus más expertos maestros tallistas de la piedra, arrancar de ésta la suprema verdad, esculpiendo grandiosas estatuas de la pareja. Había ordenado a sus más sabios astrónomos los cálculos de la fecha exacta y el lugar preciso del horizonte por donde surgiría Ra cuando el invierno da paso a la primavera, ordenando que las estatuas fueran erigidas una frente a la otra, mirándose, junto a la puerta del Templo de Amón Ra, de tal forma que durante esos días, cuando ya el Nilo desciende rico en limo, el nilómetro marca la máxima altura de las aguas, el aire se caldea con más rapidez, cuando la grulla, la alondra y las anátides entonan sus gorjeos nupciales, cuando todas las señales sean inequívocas, se hiciese que el primer rayo de sol traspase la entrepierna de él, faraón de Egipto, Primer miembro viril del Reino, tal como gustaba ser llamado, y que este primer rayo incida de forma exacta en la zona de la efigie donde se esconde la real y valiosa intimidad de ella, Consorte del Faraón, así tras breves instantes, durante los pocos días de los equinoccios que marcan el paso de los dias y de las noches, cuando la oscuridad de paso a la luz sea hasta el fin de los tiempos. Con ello, el faraón quería mostrar y congratularse de cara a su pueblo, por la divina misión de legar la extirpe eterna de su dinastía, fruto indivisible, único, inclusivo, de la potencia viril y la fertilidad femenina, inútil la una sin la otra.
El matrimonio formado por Neferamun Sat-Ra (La que sostiene el orden divino, La verdad de Ra, la bella esencia de Amón) y Useren-Kheperu (Renovador de la luz, El Toro Dorado que hace florecer los Dos Reinos) legaba así a su pueblo la gobernabilidad, la estabilidad, el equilibrio, combinando la legitimidad divina, el poder terrenal y el equilibrio cósmico, representando corregencia que gobierna por mandato celestial, no por herencia. Ese era el memsaje y así era el deseo de los dioses para que fuera recordado años tras año, generación tras generación, siglo tras siglo.

—Hoy celebramos el Día de las Hijas de Isis (Heru Sat‑Isis), mi Señor, para invocar la fuerza protectora, materna y política de las mujeres, bajo el patronazgo de Isis. —El escribano real mostraba las palmas de sus manos y miraba al suelo mientras la pareja desayunaba. Se retiró sin perder la cara a los dueños del mundo.
Con un gesto de ambos corregentes la corte se disponía a la ceremonia. Las puertas se abrían, y la luz se volvía cegadora.


7.3.26

PAZ Y CIENCIA


Padres conscriptos, no vengo hoy a imponer mi voz sobre la vuestra, sino a implorar que mi culpa no eclipse la grandeza de Roma…

He aquí, postrado, contrito, dándoos cuenta, poniendo a los dioses como testigos interlocutores, de mis graves reflexiones.

Me pregunto, oh dioses, si he sido un buen gobernante, si he sabido tomar determinaciones con la cabeza más que con mi corazón. Me pregunto si no habré pecado de soberbia, pretendiendo erigirme en líder del imperio cuando en realidad no somos más que una minúscula parte.

Oh, dioses, iluminadme en esta hora terrible de la más miserable ironía del Destino. Por qué, dioses, habéis de aplicarme el suplicio de dar un paso atrás. Maldigo a quienes, a mi lado, me sugierieron actuaciones sin valorar con suficiente ponderación aquellas causas con que sepan sopesar todas y cada una de las determinaciones del gobierno de la provincia.

Aún resuena en mis imperiales oidos el clamor proveniente desde un confín al otro del imperio, ovacionando unos mi posición de héroe, y maldiciéndome otros tachando mi fama con el vil calificativo de cobarde.

Es ahora, por Júpiter, cuando recapacito y caigo en la más honda desesperanza al recibir los parabienes, futiles y breves como plumas de aves, mas también, y sobre todo, las amenazas que se ciernen sobre el común de los ciudadanos de la provincia. Y es que nada tan mezquino como el paso hacia adelante bravo, decidido, pisando con fuerza la tierra y levantando su polvo, para al cabo de unas breves horas, dar un acobardado, silencioso para no caer en el ridículo, paso atrás.

¿Nunca habré, oh Júpiter y tu hijo dios de la guerra Marte, de aprender de los gobernadores de las otras provincias que hacen de la política y de la guerra todo un arte del disimulo? ¿Por qué razón habría de conducirme como un amante de la paz cuando nunca, nunca en realidad lo he sido? ¿Por qué mis tribunos no me han hecho recordar, echando la vista a viejas Actas senatoriales, mis interesados silencios cuando otras guerras herían de igual o de peor manera, desangando otras regiones? ¿Cómo evitar ahora el repudio de la plebe, segura víctima de mi osada medida al abandonar de forma miserable a las legiones, con la ruina y el corte de suministros y mercadeo de nuestros buenos aceites, embriagadores vinos y nutritivos cereales condenando al hambre y a la miseria? ¿Creta ha de ser la víctima de los agresores por negarme a guerrear, y al mismo tiempo enviar una trirreme legionaria simulando y disimulando nuestro afán pacificador... armado?

Líbrame, oh Júpiter Óptimo Máximo, de caer en manos de agresivos e insoportables ciudadanos dedicados estos al arte de ridiculizar a los mandatarios. Antes arrojarme por la Roca Tarpeia que verme rodeado de letal e insoportable mofa de los cómicos que pululan por esta nuestra provincia hispana.

Acabo ¡dioses, padres de la patria, ciudadanos y hermanos míos! implorando vuestra benevolencia, sirvan estas palabras para acallar de una vez por todas el baldón de ignominia que puede, de hecho es ya así, caer sobre mi.

"Discurso de Cayo Aurelio Valerianus, tribuno, prefecto y legatus de Hispania dirigiéndose al Senado de Roma."

(Lucio Marcio Fadiano, historiador y cronista de los últimos años del Imperio)




5.3.26

¡NATURALMENTE! (o De Filología de andar por casa)

El satrapilla hizo mutis por el foro vacío. La nada estaba tras él pero se había hecho la ilusión de que masas enardecidas lo vitoreaban. Lejos de la realidad. Al traspasar a sus habitaciones privadas no pudo dejar de esbozar una triste sonrisa. Había al fin colgado la zanahoria que el rebaño se aprestaba a coger y lamer. NO A LA GUERRA.


—Eres un genio, mi señor. Todos tus súbditos vendrán a postrarse de hinojos ante tu sabiduría y liderazgo. Has lanzado a los cuatro vientos una frase a esculpir en los frontispicios de los ciudadanos verdaderos. Tu sabio uso de la lengua latina no tiene precio pues has conseguido con cuatro simples palabras abrir las puertas de la esperanza, has conseguido que tus huestes se unifiquen y los dioses te acojan a su lado al momento de recibir las ofrendas de nosotros los mortales —el tribuno asesor trastabillaba obsequioso intentando seguir el paso de pavo real del gobernador de la provincia, mientras le regalaba el oido al autócrata.
—Gracias, mi buen y leal asesor.
No se atrevía este a decirle a su dueño que esas cuatro palabras en realidad no querían decir nada pues con ese insustancial No-a-la-guerra había conseguido que toda la ciudadanía de Hispania se dividiera voluntariamente, de forma inconsciente en dos bandos, unos contrarios a la guerra —ciencia por la cuál actualmente se sabe quién será el vencedor y quién el vencido— pero también, y esto era sumamente importante, por exclusión otros en favorables, es decir, en belicistas, en violentos, en amantes de la fuerza bruta para imponer la razón por la fuerza. En román paladino: a favor, fachas; en contra, pogres. Para contento del gobernador provinciano.
Y luego esa frase escrita concienzudamente en singular, de un acontecimiento con el que se ha escrito la historia de la humanidad. "La-guerra": ¿la? ¿qué, cuál? ¿por qué no "esta", o aquella, o la de allá o la de acá?, ¿todas, algunas?, ¿esta no y otras sí?.
¿Guerra? ¿¡qué entendemos realmente por guerra!? ¿si decimos NO es también arrojar las armas? ¿es negar la ayuda a nuestros amigos aunque tras el espectáculo nunca se romperá el diálogo y todo sea un paripé de cara a la galería? ¿retóricamente: afrontaremos las consecuencias de la negativa todos o solo los promotores? ¿eliminaremos entonces los inútiles ejércitos?
El asesor de pancartas estaba muy satisfecho del gran trabajo realizado. Las cuatro palabritas eran todo un monumento a la indefinición ideal para 'pasto' y consumo de un pueblo adocenado y poco avisado pero suficiente para movilizar a las masas en beneficio del caballero en busca del Poder. Y por otro lado, en realidad lo que el dictador Gobernador de la Provincia buscaba, el enfrentamiento, la discordia, el o con unos o con otros. El dictador había conseguido llevar a la masa al borde del abismo, pero Él se retiraba con la zanahoria; el palo, para el resto de la plebe.

28.2.26

ME OPONGO


Jesusa Mopongo perora un 'idioma' chabacano, cheli, chicharrero, chorra y chus-co. Enseña muchas veces la lengua formando muecas y gestos un tanto corraleros . Ríese de cualquiera, de cualquier cosa y por cualquier motivo, sobre todo se mofa de sus adversarios. Se sienta en poltronas exclusivas en el pasado de la Meritocracia y hoy devaluadas, asaltadas y ocupadas por los mediocres (2ª de a bordo) de la Partitocracia.
Pretende la ignara ¡recaudadora, tenedora y administradora de nuestro Erario además! ser aclamada y elegida en una tierra que no la quiso en el pasado, donde implantaría su forma de hablar, su dicción, su léxico, su prosodia y su sintaxis en la mismísima sabia y docta tierra de Juan Ramón, de Federico, de don Antonio, de Antonio, de Gustavo Adolfo, de Rafael, de María, santones y dioses de la más rica en acentos y más hermosa y musical lengua castellana escrita y hablada en España y ultramar.
En el cúlmen del papelón [de Jesusa], va y de 350 padres de la Patria y madres de la "Matria", una, ella —precisamente ella, ella sola— va y, apretando a tontas y a locas ¡¡¡un botón de tres!!!, decide que no quiere dar ayuda a los necesitados víctimas de su más que probable, por probar, incompetencia así como la de su corrobla ministerial. ¿Se puede ser más 'inútila'?
Andalucía —por sí, por España y la Humanidad de 28 a 28 febrero — no necesita según qué gobernantas. Tomemos pronto la palabra y decidamos...
¡"Mohoponemos"!

26.2.26

SE SIENTEN, COÑO


El emperador había ordenado vaciar y sacar a la luz los anaqueles del archivo imperial. Con ello sabía que la fama del viejo Sumo Sacerdote Imperial Lucius Aurelius Emeritus se deterioraría de forma definitiva y el pueblo se enteraría del papel traidor del anciano que se apagaba lleno de ignominia en castigo por su vida privada disoluta y el papel jugado en la abortada asonada de la guardia pretoriana para hacerse con el trono imperial por la fuerza de las armas. El emperador que odiaba al anciano Emeritus quería que el pueblo viera leyera con sus propios ojos la traición de este. Pero, por todos los dioses, los papiros decían otra cosa y constataban la voluntad del anciano en detener la mano que empuñaba la daga, trastabillar el pie que calzaba las caligae militares, paralizar el corazón con que la razón de la fuerza deseaba aprisionar la voluntad del pueblo de vivir en libertad. Pero el anciano —mujeriego, juerguista, gustoso de atesorar denarios sin declarar al Fisco romano— había hecho valer todo su poder para abortar el golpe al estado de Roma.

"Considete et vocem virium audite!" había sido la orden del tribuno secundón armado, entrando en el antiguo Senado "¡Quietos todo el mundo y atiendan la orden de la fuerza!". El sacerdote Emeritus estaba en guardia...
El emperador no pudo por menos que apretar sus mandíbulas al saber que su voluntad de esparcir basura en forma de difamaciones sobre el Sacerdote Emeritus había sido en vano. Ya se le acababan las razones para mantenerlo en el exilio y no podía soportar imaginar que la plebe exigiera su vuelta, pasearlo victorioso por el Foro para reparar el daño causado injustamente.
Con indisimulada frustración por lo baldío de mostrar al pueblo los viejos papiros del golpe de Estado —que él creía fomentado por el sacerdote Emeritus cuando en realidad había sido el desmontador—, sabiendo que las dagas se habían vuelto apuntando a su cuerpo de gobernante despótico, mucho se temía que el pueblo lo aclamara, no a él, sino al viejo servidor del reino que en el Imperio de Oriente languidecía sabiendo de la flaca memoria del pueblo romano.
Porque él, el divino Sumo Sacerdote Lucius Aurelius Emeritus fue el encargado de envainar las dagas de sus generales, de retormar a sus questuras a las tropas imperiales, a la legiones y a los carros a retornar al orden legal de Roma. Él, solo, habíase enfrentado a los generales y tribunos levantiscos, peligrosos a poner sus armas al servicio del Imperio, no a acabar con él. Emeritus se vistió la toga imperial, se sentó en el trono. Y habló.
El emperador, un bisoño con ínfulas, chirriaba sus dientes sabiendo que la corrupción le desbordaba y que los papiros desempolvados, hechos públicos eran punto de atención parecido al fuego de una antorcha momentáneo, brillante. Y fugaz.
En el exterior el pueblo se deshacía en elogios para con el anciano maltratado, vilipendiado hasta el presente que esperaba ser reclamado por el pueblo. Pero no lo iba a tener fácil porque el pueblo olvida con facilidad y el tiempo es implacable.

24.2.26

ESCENAS CORDOBESAS


Imposible ocultarlo por más tiempo. Los muros del Alcazar no eran lo sufientemente altos como para seguir acotando o limitando. Abderramán IV estaba empeñado, obcecado en mantener el secreto y dispuesto a llevar al quemadero de la torre de la Calahorra a cualquier sirviente, cortesano, funcionario o militar al servicio del califa, que osase trasmitir noticias de la salud del soberano.


Lo cierto es que Abd al-Rahman ben Muhammad se iba deteriorando por dias y la Corte no era ajena a la desmejoría del califa. Abderraman IV tenía grandes quebrantos de cabeza para poder gobernar el califato. Las luchas internas dentro de la corte cordobesa se habían convertido en habituales desde el reinado de su bisabuelo el gran Abderramán III. El listón había quedado muy alto y el califa enfermaba y decaía al ritmo de la otrora brillantez de Córdoba. Reclamaron al hakim que poco podía hacer más allá de poner en el torso real una cuantas sanguijuelas para . Acudió por fin el gran médico judío Isaac ibn Shaprut quien le recetó una serie de tisanas de hierbas de las almunias cordobesas, pero sobre todo que pasara grandes periodos en Medina Zahara, lejos del bullicio cordobés.

La preocupación era máxima. Pero él estaba dispuesto a pober su mejor cara y guardar las apariencias. Era el mes de Ramadan y quería ser visto por el pueblo. Acudiría a la oración de la tarde en la gran Mezquita y luego cenaría la sabrosa Harira de hummus a base de pollo, tomate, garbanzos y cilantro de las almunias de Medina Zahara. Y de postre, beghrir a base de sémola y levadura.

Lo que fuere menester, determinó el califa, en este sagrado mes para tapar la dolencia del príncipe y mensajero del Misericordioso Profeta. Quien osare filtrar el mínimo rumor se enfrentaría al quemadero del otro lado de rio.

Sea en Córdoba 23 dia de Ramadan, año 409 de la Hégira del Profeta

Imposible ocultarlo por más tiempo. Los muros del Alcazar no eran lo sufientemente altos como para seguir acotando o limitando. Abderramán IV estaba empeñado, obcecado en mantener el secreto y dispuesto a llevar al quemadero de la torre de la Calahorra a cualquier sirviente, cortesano, funcionario o militar al servicio del califa, que osase trasmitir noticias de la salud del califa.

Lo cierto es que Abd al-Rahman ben Muhammad se iba deteriorando por dias y la Corte no era ajena a la desmejoría del califa. Abderraman IV tenía grandes quebrantos de cabeza para poder gobernar el califato. Las luchas internas dentro de la corte cordobesa se habían convertido en habituales desde el reinado de su bisabuelo el gran Abderramán III. El listón había quedado muy alto y el califa enfermaba y decaía al ritmo de la otrora brillantez de Córdoba. Reclamaron al hakim que poco podía hacer más allá de poner en el torso real una cuantas sanguijuelas para . Acudió por fin el gran médico judío Isaac ibn Shaprut quien le recetó una serie de tisanas de hierbas de las almunias cordobesas, pero sobre todo que pasara grandes periodos en Medina Zahara, lejos del bullicio cordobés.

La preocupación era máxima. Pero él estaba dispuesto a pober su mejor cara y guardar las apariencias. Era el mes de Ramadan y quería ser visto por el pueblo. Acudiría a la oración de la tarde en la gran Mezquita y luego cenaría la sabrosa Harira de hummus a base de pollo, tomate, garbanzos y cilantro de las almunias de Medina Zahara. Y de postre, beghrir a base de sémola y levadura.

Lo que fuere menester, determinó el califa, en este sagrado mes para tapar la dolencia del príncipe y mensajero del Misericordioso Profeta. Quien osare filtrar el mínimo rumor se enfrentaría al quemadero del otro lado de rio.

Sea en Córdoba 23 dia de Ramadan, año 409 de la Hégira del Profeta

22.2.26

BOSTEZO ¿DISTÓPICO?

Removió con lentitud el café. Bostezó. Encendió la tele con un parpadeo. Era domingo, cuarto y último día de descanso semanal. En las noticias, lo de siempre, manifestaciones a lo largo y ancho del menguado territorio nacional. Que si manifa de currantes exigiendo el quinto día de descanso con la ministra al frente; que si nueva remesa numerada y debidamente etiquetada con sus códigos IQ de recién nacidos puesta en circulación por el Ministerio de Movilidad Ciudadana; que si oootra exhibición de los consabidos y ya cansinos therian pasados de moda (se estaba preparando la siguiente trans-ición de elephantherians); y, en fin el anodino y repetitivo boletín de la locuaz locutora local emitiendo el decreto del quinto —¡5º ya!— aplazamiento sin fecha de Elecciones Generales, que nadie parecía echar en falta, por la consabida, efectiva por falaz Alarma General Antifascista de la Derecha Extrema, la Extrema Derecha, la Derecha Derecha y la Extrema Extrema.

—El líder Supremo velará, como siempre ha hecho, por el pueblo. Oh, amado lider —meditó el funcionario en descanso sorbiendo el café—, vivo feliz bajo tu protección con todo resuelto, sin nada a faltar —¿liber... qué?— y nada haré por alterar el Orden y la Paz de este Regalado Recinto Rehabilitado, y Republicano.
Apagó la tele con otro parpadeo, el siguiente programa era la emisión con caracter diario de 'Pedro, Ese nuestro Hombre' y se lo sabía de memoria. Daría un paseo matutino respirando la paz de Tanatocity. La semana laboral de tres días comenzaba en pocas horas.
Domingo, 24 febrero 2047

20.2.26

SUSPIROS DE BRITANIA

Con un leve gesto indicó a la doncella que le sirviera el té. No pudo aguantar un rictus —que esperaba hubiera pasado desapercibido a su sirvienta personal— pues las noticias no podían ser peores. Por el gran ventanal llegaba el sutil tintineo de la lluvia de la campiña inglesa sobre los cristales y la consabida tenue neblina de finales de febrero se extendía sobre el cuidado césped. La docena de cavaliers y cookers correteaban por el jardín al cuidado del Perrero Real.
Ordenó que le pasaran un resumen de prensa —The Daily Telegraph y The Times, entre los 350 periódicos ingleses— mientras sorbía el té fresco de Ceilán en su justa temperatura y mordisqueaba una pasta regalo de su primo el rey de Dinamarca.
El Secretario de Cámara le dejó el resumen y lo leyó.
Su Majestad dejó la taza. Debería tomar cartas en el asunto pues aunque no peligraba la estabilidad de la Corona, sí era una mosca en el interior del Dormitorio Real: un palmetazo sería suficiente. Pues bien podría soportar que su real hijo hubiera traido consigo una joven mulata que no se sabía muy bien si era en misisón de doncella, acompañante, ¡novia sería un despropósito!, o tal vez como decía un tabloide, una mezcla de todo ello que la convertía en una mujer de servicio a cambio de la manutención "integral" de Su Alteza. Si ello fuera así —meditó S.M.— ya se encargaría en otro momento de aclararlo con él, prisa no había.
Lo que de ninguna manera estaba dispuesta la Reina de Inglaterra, ella, Victoria, era consentir que su hijo William le hubiera pasado la receta de la "Crema de Suspiros" a la Corte de España a cambio de una tonelada de naranjas amargas sevillanas para mermelada. Y es que la ligera crema hecha con claras de huevo batidas hasta el punto de 'suspiro', un poco de azúcar glass de Jamaica y un toque de extracto de rosa de pitiminí gibraltareña, llamada Crema de Suspiros, era la estrella de los postres de Inglaterra victoriana considerado Alto Secreto de Estado; y a Willy, caso de confirmarse este acto ordenaría llevarlo a la Torre de Londres acusado de Alta Traición Culinaria, delito castigado a comer diariamente durante la condena, Fish and Chips breakfast, lunch and dinner. El Imperio británico no podía consentir según qué cosas.
Su Majestad Victoria, reina de Inglaterra, soberana del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda, emperatriz de la India y otros territorios de Ultramar ordenó retirar el servicio de desayuno. La mañana se presentaba atareada con los asuntos de Estado. Ordenó a su ayudante de Cámara poner la última obra de un tal Maurice Ravel en el fonógrafo. Cuando se le presentaba mal día gustaba de escuchar las notas de la 'Pavane pour une infante défunte. Con la cosas de comer no se juega, pensó. Llovía sobre la dulce y verde Britania y su gato preferido Emerit se subió al real regazo...

Con un leve gesto indicó a la doncella que le sirviera el té. No pudo aguantar un rictus —que esperaba hubiera pasado desapercibido a su sirvienta personal— pues las noticias no podían ser peores. Por el gran ventanal llegaba el sutil tintineo de la lluvia de la campiña inglesa sobre los cristales y la consabida tenue neblina de finales de febrero se extendía sobre el cuidado césped. La docena de cavaliers y cookers correteaban por el jardín al cuidado del Perrero Real.
Ordenó que le pasaran un resumen de prensa —The Daily Telegraph y The Times, entre los 350 periódicos ingleses— mientras sorbía el té fresco de Ceilán en su justa temperatura y mordisqueaba una pasta regalo de su primo el rey de Dinamarca.
El Secretario de Cámara le dejó el resumen y lo leyó.
Su Majestad dejó la taza. Debería tomar cartas en el asunto pues aunque no peligraba la estabilidad de la Corona, sí era una mosca en el interior del Dormitorio Real: un palmetazo sería suficiente. Pues bien podría soportar que su real hijo hubiera traido consigo una joven mulata que no se sabía muy bien si era en misisón de doncella, acompañante, ¡novia sería un despropósito!, o tal vez como decía un tabloide, una mezcla de todo ello que la convertía en una mujer de servicio a cambio de la manutención "integral" de Su Alteza. Si ello fuera así —meditó S.M.— ya se encargaría en otro momento de aclararlo con él, prisa no había.


Lo que de ninguna manera estaba dispuesta la Reina de Inglaterra, ella, Victoria, era consentir que su hijo William le hubiera pasado la receta de la "Crema de Suspiros" a la Corte de España a cambio de una tonelada de naranjas amargas sevillanas para mermelada. Y es que la ligera crema hecha con claras de huevo batidas hasta el punto de 'suspiro', un poco de azúcar glass de Jamaica y un toque de extracto de rosa de pitiminí gibraltareña, llamada Crema de Suspiros, era la estrella de los postres de Inglaterra victoriana considerado Alto Secreto de Estado; y a Willy, caso de confirmarse este acto ordenaría llevarlo a la Torre de Londres acusado de Alta Traición Culinaria, delito castigado a comer diariamente durante la condena, Fish and Chips breakfast, lunch and dinner. El Imperio británico no podía consentir según qué cosas.

Su Majestad Victoria, reina de Inglaterra, soberana del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda, emperatriz de la India y otros territorios de Ultramar ordenó retirar el servicio de desayuno. La mañana se presentaba atareada con los asuntos de Estado. Ordenó a su ayudante de Cámara poner la última obra de un tal Maurice Ravel en el fonógrafo. Cuando se le presentaba mal día gustaba de escuchar las notas de la 'Pavane pour une infante défunte. Con la cosas de comer no se juega, pensó. Llovía sobre la dulce y verde Britania y su gato preferido Emerit se subió al real regazo...

19.2.26

Dea Apocriphus Omnium

Con engaños consiguió que entrara en sus aposentos. Al verla, el prefecto del pretorio decidió que a aquella beldad iba a hacerla suya. Ya la había visto en las últimas ceremonias ante el altar de los dioses y él, prefecto del pretorio nombrado por el emperador, se dijo que era el bocado ansiado, aun sabiendo que las sacerdotisas eran intocables y un pecado horrendo a ojos de Vesta tocar incluso el pliegue de sus tocas. Pero ver a aquella vestal alzando al cielo de Roma una imagen de Palas Atenea le había hecho sentir que el deseo de poseerla superaba todas las barreras que los dioses habían levantado en el templo de Vesta.

Entró la joven virgen en los aposentos y Cassius Vindex sintió como su miembro se endurecía. Sonrió mientras Livia Caelestis, la vestal primera, cayó en la cuenta de que el prefecto no quería otra cosa sino su sagrado cuerpo. Pero era tarde, Cassius se acercó a Livia. Puso su mano en el hombro desnudo, blanco, suave y apetitoso, le arrancó con tirones violentos las prendas que la vestal lucía simboñizando su sagrada misión: la 'ínfula' blanca que cubría su cabello; el leve manto 'subfíbulo' que le caía por los hombros; finalmente la túnica 'palla' sujetada con el cinturón, que cubría su virginal desnudez. El prefecto la arrojó sobre el frio suelo de la estancia pretoriana. El mismísimo encargado de cuidar del emperador, el primer soldado encargado de mantener el orden en la ciudad de Roma se arrancó su túnica, se tendió sobre la sacerdotisa, su miembro erecto buscó el sexo virginal, y lo hoyó.

Lo penetró haciendo más gratificante el acto ignominoso por la resistencia y los gritos ahogados de la vestal que lloraba vencida sobre el ensolado de mármol de Carrara. Cassius se derramó dentro del virginal recinto sagrado, descansó unos segundos echando el aliento jadeante sobre la víctima, y se levantó sabiendo, ahora sí, haber condenado a aquella mujer deseada que muy pronto sería arrojada, despeñada, desde lo más alto de la Roca Tarpeia porque la justicia romana se había convertido en una prostituta entregada al mejor postor. El imperio —¿quién osaría dudar del encargado del orden cívico?— estaría a su favor así como las más altas instancias palaciegas. Y qué, si había holgado el Prefecto, se diría en los foros. Valdría su palabra.

No sintió piedad alguna de la sacerdotisa que continuaba gimiendo en el suelo. El prefecto se colocó su túnica viril y mandó llamar a la guardia pretoriana para que la servodora de Vesta fuera conducida a su templo. Ayudó a Livia Caelestis a levantarse y componer sus mancilladas vestiduras y su cabello.
El poder político había vencido al poder divino.

Una rasgadura más en el telón del escenario en que se había convertido la vida en la Ciudad. Un jirón más, imposible de recoser sin que se notara. Cassius Vindex se desentendió de la mujer convertida ahora en un guiñapo inservible, aunque bien sabía que no solo había mancillado el honor de la sierva, vírgen, sacerdotisa, —y mujer—, sino el honor anestesiado e insensibilizado pueblo.
Vale

18.2.26

CARETAS FUERA

Un desahogado. Un irresponsable paseando por la sala privada. Pero él seguía aunque cada día sentía el silencio a su alrededor, pero no era un silencio de respeto sino de su falta.

Y uego el impedimento de salir a las vias y foros romanos donde otrora el pueblo lo vitoreaba. Ahora eran insultos y alejamiento de la plebe hacia las orillas del Tiber impidiendo gritar toda clase de insultos e improperios. Prefería ya permanecer en el interior de su Domus Imperial paseando entre los altos muros, aunque en soledad.

Malos vientos le transmitían sus vasallos.
Cada día un nuevo caso de corrupción cuando no de delitos. El jefe de su guardia pretoriana cometiendo delito contra la virginidad de las vestales. Delito grave castigado con la muerte.
Y luego, la pretensión de parte del Senado para que las mujeres, -nuevas ciudadanas romanas, procedentes del interior de las provincias del Ponto, de Siria, de la Cirenaica, conquistadas por Roma- eran insumisas a los dioses romanos y seguían orando a sus dioses, y vistiendo a la manera oriental, ocultando sus rostros con lo que se impide la total visibilidad e identidad a los demás ciudadanos de Roma. El senado se divide y algo tan banal se le está convirtiendo al joven emperador en un quebradero, uno más, de cabeza pues demuestra la hipocresía entre la teoría y la práctica. Hasta dónde son capaces de dilucidar entre la cabeza y el corazón.
Pero él, Lucio Sejano, dejaba hacer. No se mancharía con las menudencias de la política. Él estaba empeñado en erigirse en campeón de la paz y en árbitro de las relaciones entre los imperios.
No podía salir a darse los baños de masas por miedo a la "analfabeta" plebe pero ello no le importaba ¡por todos los dioses! pudiendo llevarse a media corte imperial a agasajar a los emperadores de confines lejanos; con ellos Él, augusto emperador, se sentía seguro y se atenuaban los crujidos de las paredes maestras del decrépito imperio.
Sea.

16.2.26

RASPUTÍN Y MAQUIAVELO MAQUINAN (I)


Desatado. Era el calificativo que mejor le cuadraba en su deriva personal. Sus mentores le habían metido en su cabeza el mejor método para mantener el poder. Nada de leer a los clásicos griegos padres de la democracia, a los filósofos orientales para el gobierno compasivo, o al más retorcido político como era Maquiavelo. Nada de todo ello le llevaría a ninguna parte, los asesores cada día le comían la cabeza, así que su "Rasputín" de cabecera se dirigió una buena mañana al Supremo Señor, y se lo cascó:
—Excelencia, Señor. No turbéis en demasía vuestra mente. Vuestro humilde siervo, Amo mío, ha pensado y recapacitado por Vos. He realizado un esfuerzo extraordinario en busca de vuestro bueen gobierno y he procedido a leer los viejos libros que duermen el sueño del olvido. He desempolvado viejas Actas, abierto volúmenes incunables, desplegado mapas, planos, árboles genealógicos. —Abreva —Su Excelencia el Condeduque, gustoso de juguetear con las palabras con que zaherir al personal, miraba a través de los ventanales admirando los ciervos que pastaban tranquilos por las praderas y jardines de palacio— no tengo toda la mañana pues debo acudir al fastidioso Consejo Menestral.
—Lo sé, mi bienamado Señor —el "rasputín" así llamado por el resto de la comparsa palaciega disfrutaba siendo la gran cabeza receptora de los palos y zascas 'regios'—. Y es por ello que al encontrar la solución a vuestros problemas de gobierno hemos llegado a la conclusión de haber llegado el momento para dar el golpe definitivo. —Desembucha —el Condeduque apartó la mirada del cielo madrileño de grandes nubarrones. Se sentó en la poltrona y regaló con una fría mirada al rasputín palaciego—, a ver qué ha tramado tu cabecita —el rasputín miró a través de sus gafas de culo, de botella, y sonrió feliz de haberse granjeado otra puyita más de su Amado Lider. Su disfrute lindaba cada día más con el placer masoquista, sobre todo cuando los latigazos provenian de su lider sado.

—A ver, mi señor. Simple como el mecanismo de un sonajero. Firmad decretos a mansalva y distribúyanse por los antiguos dominios de la España imperial. Pero lo novedoso, Mi Señor, es que se facilite y se conceda la ciudadanía española; se exija a cambio la lealtad a Vuestra Divina Excelencia. ¿A quiénes?, se preguntará Su Excelencia. A todos aquellos que vivan entre nosotros, por supuesto. Pero también a aquellos que residiendo en cercanos y lejanos paises independientes, hayan sido en el pasado siervos, esclavos, señores, funcionarios, trabajadores, plebeyos o príncipes de nuestro glorioso pasado. —el Condeduque por primera vez miraba a su servil siervo con cierto interés. —A ver, Raspu. ¿Quiere decirse que vamos a abrir las puertas de nuestro reino a "bárbaros" de otras latitudes? ¿Con qué derecho? —Rasputín sonrió sibilinamente, satisfecho de haberse ganado por fin la atención condeducal. —¡Con el derecho de ciudadanía retenida y suspendida! A saber: Roma y sus descendientes de vasallos hispanos; norte de África hasta bien entrado en los desiertos del Sáhara y la Guinea Ecuatorial; toda la América del sur, del centro y de la costa oeste los Estados Unidos, incluido Nuevo México, la Luisiana, Nueva Orleans, Tejas y otros antiguos dominios. —Rasputíncongafas se relamía de gusto ante el plato repleto de grandes viandas y frutas que le presentaba al du-conde, imposible de rechazar. —Pero díme —esta vez se abstuvo de motejar al correveydile —¿cómo vamos a mantener a tantos miles y miles de miles de nuevos siervos de Mi reyno, eiiin, sin trabajo para tantos? —Muy fácil, señor: subid los impuestos de los españoles que para eso contamos con sus certificados de pureza de sangre y tributos, así pagaremos a los nuevos ciudadanos. Y a los que hayan tenido alguna relación con nuestro reino, nada. Pero sí tendréis, mi Señor, su lealtad firmada y confirmada, con lo que nos aseguraremos la dulce estancia en las estancias del Poder. El Duqueconde se levantó, pensativo, y otra vez atado, rumió aquel plan. Ni Maquiavelo con toda su parla podría haberlo planeado mejor. El rasputín se le estaba adelantando y demostrando que le estaba haciendo sombra, pensaría cuándo —ya estaba sentenciado— se deshacía de él. (Continuará)

PRIMERO DE MAYO 2090

Mohamed Manuel se levantó decidido a intentarlo hoy. No se preocupó tan siquiera de tomar el brebaje que la máquina expendedora había expuls...