Gran Hermano Presidente (en adelante GHP) había convocado de urgencia a los Cuatro Importantes Ministerios.
Por la intranet secreta había comunicado durante la madrugada a los superministerios siguientes:
Ministerio de Nuestra Verdad.
Ministerio de la Paz y de la Ciencia.
Ministerio de la Abundante Usura Fiscal.
Y como observador, el ministerio del Amor.
Durante la noche había sido un continuo cruzar los cielos de Spañalandia: un infernal trasiego interrumpía la paz de la nación de naves portando armas. Era de verdadera necesidad el convocar el Supergabinete que decidiera la marcha general de la República Popular Spañilanda.
Se sentaron preocupados ante el giro de los acontecimientos de las últimas horas. GHP miró a las cuatro ministras que lo conocían muy bien sabiendo cómo debían bajar la mirada en señal de lealtad. GHP engoló la voz:
—He convocado al Gabinete de Emergencia a fin de proponer medidas que he decidido tomar —GHP puso las manos sobre la mesa y mostró un semblante serio y duro— pues como sabéis esta noche el Yanqui Gran Satán (en adelante, YGS) ha atacado Eurasia-Persia para derrocar al gobierno de esta región y yo, como representante y líder del pueblo, he decidido aprovechar la coyuntura.
—Pero Gran Hermano Presidente —la ministra de la Paz y de la Ciencia, una rechonchita sesentona con voz atiplada, asombrada, levantó el dedo requiriendo atención de forma un tanto infantiloide— no hay más coyuntura que ayudar a nuestro vecino, amigo y aliado Yanqui Gran Sa... —la ministra no fue capaz de terminar la frase asustada ante la fulminante mirada que le dirigió GHP.
—¡No! —voceó GHP apretando de inmediato la mandíbula —. Haré de la necesidad virtud. Tengo la forma y no admitiré discusión alguna.
Las ministras sabían que las decisiones estaban tomadas y que en realidad ellas no eran sino meros instrumentos de GHP.
—¿Qué hemos de hacer, Gran Hermano Presidente? —quien se atrevió a levantar la voz era la favorita del escalafón ministerial, la ministra de Nuestra Verdad, la que en realidad ejercía la delegación de GHP—. Ya sabe Su Excelsa Excelencia que estamos todas a la orden y...
—Lo sé, lo sé —Gran Hermano cabeceó forzando una sonrisa que a la zalamera ministra de Nuestra Verdad a quien no le hacía ascos a piropear al Eminentísimo —ya sé que cuento con vuestra colaboración y lealtad aparte de vuestros gentiles parabienes y merecidos halagos hacia mi persona, pero ahora se trata de un asunto de extrema gravedad: la guerra.
Todas se miraron. El momento era de extrema gravedad, sí. Pero las caras de las ministras se dulcificaron; contaban con el liderazgo del Ser Supremo que dirigía los destinos de Spañalandia desde hacía decenios. La Alerta Anti-Fachihermanastros estaba aún en vigor y las elecciones de 2027 habían sido aplazadas una y otra vez... hasta el actual 2040.
—El plan propuesto es el siguiente: recuperemos y desempolvemos los viejos lemas que tanto provecho nos han proporcionado: NO A LA GUERRA, YANKEES GO HOME, FUERA PASES PARA NUESTRAS BASES y cualquier otro ¡incluso me vale el antefelipín OTAN NO-BASES FUERA!—el GHP sonrió triunfal, aunque la ministra de la Paz y la Ciencia no pudo reprimir un mohín de disgusto.
—Pero presidente, no podemos abandonar a nuestros aliados, y mucho menos impedir que pasen a nuestra bases. —La ministra conocía de sobras que el YGS tomaría represalias de tipo económico, así que, armándose de valor, lo espetó. El gabinete enmudeció.
—Ni peros ni peras. "No a la guerra", ministra. Un lema que no falla. Y a las calles, las quiero abarrotadas con miles de la pancartas con el lema —se detuvo un par de segundos GHP para añadir—: por supuesto que se ponga en marcha nocturna la flotilla de drones y minisubmarinos en dirección a la zona de "conflicto" —guiñó un ojo a las superministras que se derretían de gusto— que en este caso tanto da predicar como dar algo de trigo.
—Presidente, como ministra de Nuestra Verdad no tengo otro remedio que llamar la atención sobre la población de colectivos de diversidad sexual de Eurasiapersia, mujeres sobre todo, masacradas y reprimidas por aquel régimen. No las podemos olvidar ni abandonar. —A la ministra de Nuestra Verdad, verdadera ideóloga del gobierno, encargada de la gobernación de Spañalandia, idear y dirigir la propaganda y consignas gubernamentales haciendo que llegaran estas a los más recónditos rincones del país. Directora de las SS (Seguridad de Spañalandia), era la todopoderosa alma mater y la previsible heredera del trono de la República: todos lo sabían aunque nada estaba escrito.
—Ministra, no debes preocuparte. Sé que últimamente te formulas muchas preguntas y caes en un mar de dudas. Lo sé... y me disgusta. Sólo preocúpate de fabricar un buen relato, fácil, simplón y cortito a modo de alpiste para pájaros. Estoy seguro de que no te será difícil encontrar la fórmula para fabricar una verdad. Medios tienes para ello.
La ministra, sumisa y modosa, bajó su vista y asintió pensando que no le sería difícil la tarea. La ciudadanía estaba acostumbrada, ahormada, le había tomado la medida y controlaba a la disidencia, recalcitrantes rebeldes que se empeñaban en discutir las Normas de Gran Hermano Presidente. Pero sí, los medios los tenía para hacer compatibles el pacifismo y el feminismo (las grandes e infalibles muletillas tan gratas a la "gente"), hacer creíble a la masa lo increíble. Una vez más no iba a defraudar al Gran Conducador.
—Prezidente, —la jacarandosa titular del Ministerio de la Gran Usura Fiscal levantó su flamenca mano— y digo yo que —no la soportaba nadie del Supergabinete por su ostentosa villanía pero tenían que reconocerle una gran capacidad de trabajo recaudando impuestos— ¿cómo hasemo pa paliá la época de crizi que ze avesina por culpa de la guerra? —la ministra se pasó la lengua por la sombra del bigotillo del labio superior, mirando con descaro al líder y a sus colegas.
—Ministra, ¿y tú me lo preguntas? Concede subvenciones y paga a troche y moche, distribuye de las arcas públicas, reparte dinero para todos. Y luego sube los impuestos, el IVA, el IRPF, lo que quieras. O al contrario, deja que suban los precios, recauda el IVA, sube la gasolina, mete la mano en sus bolsillos, sube el paro... y luego salimos a ayudar, ya sabes... prendemos fuego y luego vamos con la manguera ¡con agua!. No falla, ya sabes, sacas nuestra colección de frases por ejemplo "tenemos las medidas sobre la mesa", "no dejaremos a nadie atrás", "el gobierno de la gente", "la verdadera solución es noalaguerra", en fin, todas son buena alfalfa para el ganado . —El presidente calló. Era aquella una más de las crisis que había solventado en su larga estancia palaciega. Cada vez le resultaba más fácil pues la ciudadanía —la "gente", como gustaba llamar al pueblo cuando venían mal dadas—. —¿Y "Fri Palestain", "Israel genocida" "Aznar, a desasnar"? —interrumpió de nuevo la ministra de la Usura. —Todo, todo sirve —aseveró GHP con ligero tono de fastidio— cualquier frase, y también, ya de paso las de "Nucleares, No gracias", "Queremos Nucleares" y "Almaraza no se cierra", pero eso déjalo para la ministra de la Nuestra Verdad. Y adelantaros que voy a crear un nuevo ministerio, el 'veinticincoavo', se trata del Ministerio del Orden, Desorden y Caos, encargado de las relaciones con Oceanipersia.
Las ministras no pudieron aguantar más: movidas con una especie de resorte se levantaron y al unísono lanzaron vivas al líder, haciendo sonar sus palmas la ministra de los 'lereles' y las demás entonando el lema que les salió del corazón: "PE-PE-PE ¡¡¡PEDRO PALADÍN DE LA PAZZZ!!!", repitiendo una y otra vez hasta el paroxismo.
—Vaaale, vaaaleee. Gracias emocionadas y agradecidas. Se levanta la sesión y ya sabéis, nada de la obsoleta telefonía móvil. Los mensajes, por vía psicotelemática que no dejan rastro. A ver, todas conmigo: NO A LA GUERRA-NO A LA GUERRA-NO A LA GUERRA. Así durante diez minutos jaleandose y jaleando a un Presidente mudo de gusto.
Más tarde, roncas pero satisfechas hicieron pasillo a Presidente Gran Hermano. Sobre la capital de Spañilandia —Ayucity, en memoria de la Ayuso en el exilio, calles vacías, muertas— el cielo barruntaba tormenta. El fragor de las nubes entrechocando de forma eléctrica se confundía con los motores de las aeronaves yankis y judías cargadas con material nucleotermosónico de última generación, letal para la población civil pero inocua para el paisaje. El Presidente Gran Hermano salió rodeado de su cohorte ministerial y de asesores pretorianos, subió a su autoacorazado camino del bunker, a diez kilómetros de cualquier ciudadano; ¿una crisis más? ¡una crisis menos!, pensó, sonriendo y marcando su rostro cadavérico. El mundo colapsaba pero ellas seguían mirando su viejuno ombligo. El de Él.
NOTA: me he inspirado en "1984", de George Orwell, pero qué passsa. ¡Si él choricea tesis!

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