Bloc abierto de par en par

© El blog con cero lectores, pero aquí estoy en el espacio de mi libertad. No espero a nadie aunque cualquiera es bien recibido. Gracias a mi BLOC ABIERTO DE PAR EN PAR donde encontrarás desde 2009 temas variados.

23.5.26

"Nubium Numerator", Contador de nubes

 MARCUS RODICUS CALIGAERUS

AD. SENATVM. ADESSE. IVBETVR

IN. CVRIA. KAL. IVN. HORA. TERTIA

(SE LLAMA A COMPARECER
ANTE EL SENADO DE ROMA A
MARCUS RODICUS CALIGAERUS)

El cartel había sido colgado en la entrada de la taberna. No era una requisitoria de tantas que se ponían en las calles y establecimientos públicos de Roma. Todo eran rumores, codazos y miradas incrédulas ante aquel terremoto político que sacudía la ciudad capital y el imperio.
Marco Rodico Caligaero era considerado "Padre de la Patria; Sumo Sacerdote del Templo Supremo de los Dioses; Faro, Luz y Guía del pueblo; Orador y Difundidor Infalible de la Moral; Padre de los Parias; Senador y Dictador Vitalicio de la República; Consejero Áulico; Jefe de la facción Optimates del Senado; y como colofón, Padre Divino y Sempiterno". Nada más y nada menos.
—¿Quieres decir ¡por todos los dioses! que Rodicus es un corrupto?
Titio Secundo y Cornelio Apolonio eran amigos que de vez en cuando compartían vino y mujeres en algún tugurio de la Subura; pero también departían sobre asuntos de las cosas del Estado a pesar de ser unos simples plebeyos, Titio, un pequeño mercader y Cornelio un liberto, antiguo manumitido.
—Créeme, Titio, si te digo que conozco muy bien de tiempo atrás las andanzas del viejo Rodicus, desde que abandonó la carrera política y se dedicó a los negocios.
—Te creo, Cornelio, pero me resulta escandaloso la podredumbre que los magistrados han puesto al descubierto en el viejo senador.
Cornelio, como antiguo esclavo conocía de sobras los entresijos de la vida pública y política de una de las más afamadas familias romanas. Había sido mudo, ciego y sordo testigo de numerosos avatares desde todos los puestos de la Domus Rodica, desde 'cubicularius' durmiendo a los pies de la cama del amo


hasta 'atriensis' y nada menos que 'dispensator', es decir contable y administrador de la domus de Rodicus. Actos sociales, matrimonios, bodas, nacimientos, reuniones conspirativas, infidelidades amistosas y amatorias, sexo, poder y dinero; todo era advertido por el liberto Cornelio. Así pues, todo, todo lo guardaba el liberto en su memoria pues un esclavo no era sinónimo de torpeza como en el pasado se creía. Había asistido a la caída de Rodico como padre de la patria y de cómo se retiró a meditar desde una de las colinas de Roma viendo como pasaban las nubes de infinitos tamaños y aspectos arrastradas por el viento de los dioses, únicos amos. Pero no se le escapa al liberto Cornelio Apolonio cómo inopinadamente su amo comenzó a realizar viajes y a recibir mensajes y mensajeros. Cómo su augusta esposa Rodicia y sus hijas —Nausica Maioris y Nausicaa Minoris—, formaban un extraño vínculo con personajes que innumerables veces visitaban la casa procedentes de los más remotos lugares del mundo conocido. Propiedades de yacimientos de oro, de plata, de cobre de Onuba, provincia de Hispania citerior, y de las Médulas en la Hispania ulterior, cargamentos de trigo de Tracia con destino a las provincias más pobres retenidos para encarecer en diez lo que el imperio había comprado por uno, embolsándose la trama corrupta y corruptora nueve, de propietarios de postas de viajeros atravesando el imperio, ayudados ilegítimamente a cambio de sobornos. Había sido testigo de conversaciones donde se hablaba de negocios turbios, de obras públicas a realizar en las provincias del imperio hinchándose los costos de forma fraudulenta, de viajes entre Roma y Lusitania, Hispania, Panonia, Tracia o Britania. Y hablaba el encausado y encartelado mezclando intereses ajenos y propios, o de su esposa y de sus hijas, con un punto de desvergüenza mezclando conceptos, nombres, cantidades, sobornos, regalos, 'prevaricatio', amigos y enemigos, amenazas y advertencias, sacos repletos de denarios y millones de sestercios sin el menor pudor, sin contenerse ante la presencia de extraños sabiendo que aquellas ingentes fortunas pertenecían al emperador y por ende al pueblo. Aquel senador, viejo zorro en lides parlamentarias no se paraba en barras a la hora de proponer arteras maniobras conque recaudar para su pecunio caudales pertenecientes al Imperio. Pero había traspasado una línea terrible: la traición al imperio que era lo que resumía aquel tropel de indicios que el Derecho y las Leyes de Roma consideraban una prueba.
Cornelio Apolonio sabía muy bien que era un liberto, que se había ganado la libertad. Pero también sabía que la libertad de la que gozaba tenía un precio: el silencio. Debía agradecer a su antiguo señor, el mismo que era requerido en el ignominioso cartel, que le debía el seguir viviendo. Pero era el silencio lo que determinaría si merecía vivir o morir. El silencio de los graves delitos de su antigua familia a la que sirvió.
Titio Secundo escuchaba atónito a su amigo. El vino hispano se agotaba jarra tras jarra. La lengua se había desatado y el Senado a buen seguro sabría valorar el testimonio de un liberto. Acababa de romper el silencio que le servía como seguro de vida.
El cartel lo cambiaba todo. Ahora era dueño de su testimonio aunque sabía que su palabra valía nada, si es que el Senado estaba dispuesto a escuchar un testimonio de primera mano, algo que dudaba. Pero en caso de ser requerido para testificar hablaría lo que sus oídos y sus ojos habían percibido, sin olvidar su nariz y el olor a podredumbre.
Por si acaso su cuerpo aparecía algún dia en las turbias aguas del Tiber, se lo había contado a su amigo Titio, con ayuda del vino hispano.
Al salir achispados de la taberna, pudieron releer el cartel ignominioso para el "Nubium Numerator", Contador de nubes pero digno para el Estado Romano, para sus leyes y para sus honestos ciudadanos.

17.5.26

IUSTITIA ROMANA

 I) EL DEFENSOR RECURRE AL SENADO

Dado en Roma, 3º dia de las calendas de junio del año DCLXXXIV desde la fundación de la ciudad, siendo cónsules Gneus Fabius Gallus y M. Licinio Scaeva por segunda vez.
Padres Conscriptos, senadores y tribunos:
Si vosotros y vuestros hijos estáis bien, me alegro; por mi parte me veo aquejado de mala salud.
Yo, Gaio Sempronio Druso, ciudadano romano de la tribu Quirina, procurador de la República, acudo a vuestra autoridad por la salvación y la majestad de las leyes. Es impío callar cuando veo que la república se corrompe por facciones con el riesgo de prevaricar nada menos que por medio del Senado con la destrucción de los cimientos donde se asienta el Estado.
A ninguno de nuestros antepasados padres conscriptos, senadores, habría de serle ajeno el tremendo acto de injusticia a punto de cometerse, manchando la reputación, el buen nombre de una ciudadana, mas no cualquier defendida, sino la patricia, madre y esposa, acusada de los graves delitos de GRATIA [favoritismo] , FACTIO [clientelismo], AMBITUS [compraventa de cargos], SUPERBIA [abuso de poder], es decir delitos estos que el digno Senado ha tenido a bien admitir con que cubrirse de oprobio el digno y alto nombre de Julia Augusta Severina, esposa de Tiberio Claudio Marcelino Augusto, cónsul, autoproclamado pontífice máximo.
Ya dice este procurador de la República que escribe como los dioses han de ver y saber a quién o a quiénes aprovecha el juicio pronto a celebrarse si el Senado glorioso ha de optar por la justicia o por la ignominia.
Emitid, pues, un senadoconsulto por el cual se aplace o mucho mejor, siguiendo el ejemplo de nuestros antepasados de la monarquía y hoy de la República, aplazar "ad calendas grecas", al fin de preparar la demostración de inocencia de la cónyuge consular, acusada por el hecho banal de ser la esposa, y así dejar que las aguas del Tíber discurran, como ha sido siempre, libres hasta el mar.
Si así es, honraré vuestro beneficio con eterna memoria y no ha de faltar mi lealtad hacia la República, no dejando tiempo y espacio para que prevalezca la calumnia.
Destruya el Senado las tablillas y papiros donde están descritas las maledicencias.
Que los dioses inmortales os guarden para la república.
Lo implora
Gaio Sempronio Druso, procurador

II) EL SENADO RESPONDE AL DEFENSOR

Datado en la Curia Hostilia el 13º dia de las Calendas de Junio del año DCLXXXIV desde la fundación de la ciudad de Roma, siendo cónsules Gneus Fabius Gallus y M. Licinio Scaeva por segunda vez.
Salve.
Senatus Consultum.
Leido, estudiado, debatido, ponderado, y finalmente votado el texto de Gayo Sempronio Druso, procurador de Julia Augusta Severina ha decidido en nombre del pueblo romano:
Rechazar la petición del digno representante dado que los delitos de los que se acusa son de extrema gravedad y nunca la Justicia de Roma ha de hacer oídos sordos mantener ojos cerrados ante semejantes presunciones que el procurador reclama sin escuchar a las partes en litigio, en este caso una ciudadana con sospechas fundadas de grave quebranto al Erario que no debe quedar impune si se decreta la culpabilidad, o se pronuncia la amnistía si se decreta la falta de culpa.
Por demás, en alusión al requerimiento el Senado participa que la ley de Roma se basa en la igualdad ante la ciudad y ante sus dioses. Y si bien la defensa se sustenta en que la esposa del cónsul Tiberio Claudio Marcelino Augusto es perseguida por el hecho de ser la esposa, ha de saber el procurador que es agravante lo que él considera eximente, no debiendo olvidar el digno representante que las esposas de los mandatarios de la ciudad, desde su misma fundación hasta nuestra República, han de demostrar su honestidad y honradez mostrándose estas en su apariencia además en su privacidad, dejando la cosa pública en manos de sus augustos esposos y encargándose ellas de dar hijos para Roma.
El Senado decreta que la causa siga su curso y que el pueblo dilucide por boca de sus instituciones a la vista de los motivos, causas, hechos probados y consecuencias. Sea la sentencia del agrado de los dioses y del pueblo de Roma.
Este dictamen lo propuso el cónsul Cn. Pompeyo Magno. Votaron a favor 316, en contra 9.
Acata lo decidido.
SPQR

14.5.26

PROCLAMACIÓN DEL ESTADO DE ISRAEL. RIKI STEINER "JUSTA ENTRE LAS NACIONES" 14 MAYO 1948:

Me lo narró tal cual en una ceremonia de inauguración de la Sinagoga de Setúbal (Portugal). Poco después falleció Rivka Steiner, una anciana muy simpática a la que debí caer muy bien. Descanse en paz.

(Dedico este modesto testimonio a aquellos y aquellas que confunden de forma "ignorante" a los pueblos con sus gobiernos)

Había nacido en alguna ciudad de Polonia en 1938.
Sus padres eran de familia acomodada y acabaron por emigrar a Suiza ante la ola nacionalsocialista que estaba por arrasar Europa y en especial a los judíos.
Suiza les proporcionó asilo pero también, me contó, la posibilidad de buscar refugio para aquellos que lograban escapar de los países que Hitler y el adormecido pueblo alemán iba ocupando. Supieron (me lo dejó muy claro) de la existencia de los campos de concentración y por supuesto de los campos de exterminio. Era Rivka una niña muy despierta a la que nada se le escapaba.
Sus recuerdos son vívidos, clavados con firmeza, sin concesiones gratuitas, según me confesó.
En 1947 emigró con su madre a Palestina —su padre había fallecido en Berna— a bordo de un paquebote británico, cuando se produjo la votación en la ONU sobre la partición de aquellas tierras. No se le escapaba a la niña ningún detalle de aquellos convulsos días de atentados y de violencia en aquella eterna tierra de Promesa. Los judíos pacíficos contra los judíos terroristas; y contra los árabes en contra de cualquier solución que no fuera arrojar al mar a sus enemigos.
Sus ojos se inundaron de lágrimas (yo me sentí conmovido aunque algo violento) al recordar ir de la mano de su madre Mirele hasta el centro de la ciudad. Las calles estaban inundadas de un gentío silencioso, expectante, esperando la medianoche cuando finalizaba el Mandato y se repartía la tierra en dos estados.
Los niños ayudaron aquella eterna tarde en preparar vendas en los puestos de socorro a la espera de la declaración de guerra. Rivka escuchó por vez primera palabras en hebreo en medio de aquel moderno Babel de lenguas europeas, inglés, polaco, francés, español. Rivka se consideraba afortunada de no lucir en su antebrazo números malditos de identificación tatuados por la maquinaria de la muerte nazisocialista como tantos niños vagando a la espera de que alguna institución atendiera a la joven población huérfana. Los puestos de socorro repartían aquel día de celebración anunciada aceitunas, mermelada y pan.
La plaza del Museo de Bellas Artes de Tel-Aviv se encontraba abarrotada, muchos escuchando Radio Kol Yisrael o leyendo la prensa clandestina.
Fue a media tarde cuando el reloj de la Historia se detuvo unos instantes —continuó narrando Rivka— al escucharse por los altavoces la voz de un pequeño hombre leyendo lo que iba a representar la hora Cero.
Justo antes de comenzar el Sabatt, David Ben Gurión lo leyó al mundo:

«Depositando la confianza en la Roca de Israel, suscribimos esta declaración sobre el suelo de la patria, en la ciudad de Tel Aviv, la víspera del shabat, 5 del mes iyar 5708, 14 mayo 1948, proclamando el ESTADO DE ISRAEL».

Mirele llamó entonces "Riki" a su hija, en lugar de Rivka, porque decía sonar más judío y Mirele se inscribió en el Registro del nuevo Estado de Israel como Miriam.
Bailaron hasta la extenuación junto con la abigarrada muchedumbre aquella tarde-noche del renacido hogar judío de Israel enarbolando la nueva bandera de la Estrella de David. Y entonaron durante toda la noche la "Hatikva", la canción con la que iban hacia la muerte en los hornos crematorios los malditos de la tierra y hoy convertida en Himno Nacional de Israel:
"Mientras en lo profundo del corazón
palpite un alma judía,
y dirigiéndose hacia el Oriente
un ojo aviste a Sión,
no se habrá perdido nuestra esperanza;
la esperanza de dos mil años,
de ser un pueblo libre en nuestra tierra:
la tierra de Sión y Jerusalén"

Riki —es mi opinión— debió ser una modélica ciudadana israelí, por la máxima gloria de "Justa entre las Naciones" que le concedió el gobierno de Israel por su defensa y trabajo hacia su nueva patria. Enterró a su anciana madre depositando y cubriendo su tumba de piedras, a la manera judía, de aquella otrora estéril tierra, hoy un país fértil y moderno.
Riki viajó por el mundo dando testimonio de su vida impartiendo conferencias. Se casó con un diplomático judeoportugués,
La conocí, ya digo, en una emotiva ceremonia judía en Portugal y aún no conozco los verdaderos motivos que hicieron que se me sincerase, tal vez porque le confesé que yo no era judío, pero sí orgulloso de mis simpatías. Ella simplemente me regaló su sonrisa.
Tal como me lo contó, lo cuento, siendo hoy, mayo de 2026, el 78º aniversario de la declaración de independencia de Israel.
Según la prensa hebrea ("Jerusalem Post") Riki Steiner falleció en 2025, a los 87 años, y está enterrada donde vivió gran parte de su vida, Tel Aviv, Israel.
Descanse en paz Riki Steiner "Justa entre las Naciones", testigo del glorioso día de la Proclamación del Estado de Israel.

Fuentes:
Excma. Sra. Riki Steiner (testimonio póstumo)
Archivo Nacional Justos entre las Naciones (Knesset-Parlamento Estado de Israel)
Jerusalem Post (hemeroteca)

1.5.26

PRIMERO DE MAYO 2090

Mohamed Manuel se levantó decidido a intentarlo hoy. No se preocupó tan siquiera de tomar el brebaje que la máquina expendedora había expulsado bajo el letrero de DESAYUNO. Hoy era el día indicado cuando las masas se apretaban en el Parque Civitatis donde los líderes del Partido enardecerían a los trabajadores. Trabajadores de la nada, más bien, celebrando nosequé. El caso es que este año era especial, los líderes tenían cosas importantes que decir, pero él no estaba dispuesto a esperar un día más. Estaba harto de pasar días, semanas, meses y años en hacer nada. Estaba bien que la InmensActividad, llamada IA de toda la vida hubiera descargado de las actividades más duras y penosas que se realizaban hasta veinte años atrás. Pero la IA era ya un monstruo fuera de control que estaba empezando a atemorizar a la población a pesar de que en sus comienzos fuera recibida con simpatía y alegre alivio.

—Qué bien, ya no tendremos que ocuparnos de realizar tareas penosas, por ejemplo cuidar de ancianos, hacer de camareros, recepcionistas o limpiadoras de hotel —los muchos partidarios enumeraban la enorme descarga de duras tareas mientras los escasos detractores eran tachados de fachas por no querer ver que el trabajo no peligraba porque decían los sindicalistas que la programación y la construcción de los robots sería misión del insustituible ser humano.

¡Já! eso creían todos al principio y el Partido garantizaba los sueldos íntegros sin tener que trabajar, pues los robots no comían. Desde los años 30 los trabajadores se fueron sustituyendo por entes metálicos y de toda suerte de metales preciosos y fibras artificiales que pululaban por todas partes. La última moda eran los robots que se encargaban de recibir los ataúdes a las puertas de los cementerios de última generación donde eran recogidos por palas y a través de una intricada red de pasillos eran llevados y depositados en nichos previa cremación (había pasado de moda la extracción y donación de órganos) así que los cuerpos eran dejados en manos de la IA para que gestionase la eliminación de restos humanos. Pero así era todo, desde la Medicina hasta la Educación pasando por la Agricultura y la Alimentación. Todo ya era obra de la IA.

Este Uno de Mayo de 2090 era especial pues se había descubierto por disidentes al Partido que el diseño, fabricación, montaje y programación no era, NO ERA, realizada por los habitantes de Eurotontilandia, tampoco por los residentes de Españilandia como habían consolado y mentido en el pasado, sino que estas tareas eran realizadas por robots de InmensActividad, es decir se había descubierto que la IA se retroalimentaba y que era una vil mentira el discurso buenista de los falsos sindicalistas.

Mohamed Manuel Al-Mahdaini García, bisnieto de marroquíes y españoles, salió a la calle sin desayunar. Hasta aquí he llegado, pensó harto. Sorteó las patrullas de agentes IA; esquivó la circulación de automóviles sin conductor (los que se empeñaban en tener coches con volante eran enviados a campos de reeducación). Llegó al puerto y saltó a una lancha sorteando los disparos de rayos tasser y lasser que salían de torres de autovigilancia donde cámaras y cañones barrían los 180 grados de costa. Las voces de los líderes del Partido celebrando el día del Trabajo Virtual se iban atenuando a medida que recorría a bordo de una lancha IA las aguas "sostenibles" del Estrecho; dejó a un lado la superestructura del puente que unía los dos continentes barrido por invisibles haces de rayos ultrasensibles a cualquier movimiento incontrolado. Al fondo, la ansiada tierra donde, si tenía suerte de eludir los controles de las fuerzas del orden de carne y hueso del Comendador de los Creyentes, rey Al-Mutamid XXV, estos sí, humanos, podría tal vez encontrar aunque fuera sobornando, un simple puesto de trabajo real de recolector de naranjas o fresas, o tal vez de barrendero o pocero en la ciudad de Mutamidia, capital del Nuevo Rif, paraíso soñado, ansiado por las víctimas del falso trabajo del falso paraíso del lado de acá de la Falseada Historia. Eso sí, debería pasar por los centros de desprogramación de vagancia y reprogramación para 'curro' de los de verdad, de tajo y callos en las manos.

17.4.26

MARCIA, LA MARCELLA

A menudo se la veía pasar por el Palatino, aunque en realidad no lo necesitaba para llegar a su villa recién

adquirida. Pero resultaba cómico ver su figura dentro de un triclinio portado por dos eclavos y llevando siempre detrás otros dos, todos esclavos mauritanos arrastrando un carro con muchas mercancías. Y ello era más a menudo desde que Marcia Rufina, (Marcella) casada con Gaius Petronius Verres, un simple 'rationibus' adjunto o dispensator principal de la casa imperial había optado por lapidar el caudal que de forma poco clara el esposo había incrementado tras las obras que él había gestionado en nombre de Roma en las obras de construccion de la vía Valeriana. Pero a madie en los aledaños del foro se le escapa el ostentoso dispendio de Marcia, llamada Marcella entre los funcionarios de bajo nivel.

—¡Llamadme por mi nomen, soy Marcia, esposa de Gaius Petronius! El de Marcella es el nombre por el que mis esclavos me conocen y que yo castigo con cincuenta latigazos cuando los sorprendo usando esa nominación clasista y vergonzante.
En el Foro era de sobras conocido que Marcella era dada al dispendio en proporciones directas al salario de su esposo.
Mantas de lana de Britania, cristalería de la laguna Veneta, vajillas de cerámica del Lacio, oro en piezas del tamaño de los testículos de un toro, procedente de las Medulas. Animales exóticos traidos de las selvas más allá de Egipto. Le gustaba sobremanera los utensilios más extraños. Marcia era aficionada a adquirir alimentos exóticos de allende las fronteras y vendidos en Roma por mercaderes de cualquier parte del mundo.
Era el hazmerreir de los que pululaban por el Foro pero en el fondo era vox pópuli que el matrimonio estaba formado por unos simples plebeyos —que solo habían conocido los vericuetos de los bajos fondos de la Subura, un submundo dentro del mundo romano— trasladados a las alturas del Poder. Incluso los esclavos que seguían a la Marcella parecían sentirse avergonzados del ama que les había caído en mala suerte.
Marcia Rufina era considerada la 'emperatriz del dinero' y los mercaderes se frotaban las manos cuando la veían aparecer, que era con una frecuencia casi casi diaria.
En la villa de Gaius y Marcia los cachivaches se amontonaban por toda la domus desde el atrio hasta las letrinas: trastos y 'ruches' a cuáles más inútiles y caros, el caso parecía ser gastar y gastar.
Sólo unos pocos auguraban que los senadores en nombre de los dioses y del pueblo deberían pedir cuentas a la pareja, sobre todo a él, un 'dispensator', cargo de una importancia vital sólo confiado a los leales y fidedignos guardianes del Erario.
Algunos senadores lo ponían en entredicho al paso de la comitiva de Marcella y sus esclavos cargando estos caros abalorios y caprichos.
Era un espectáculo ver a la domina Marcia dentro del triclinio pasando sus manos sobre un extraño dispositivo que manipulaba de forma compulsiva. Se decía que era un cuentadenarios que consistía en varillas con cuentas de marfil de distintos colores que ella parecía manejar con delectación.
—Nada hay peor que un pobre matrimonio sacado de la inmundicia de la Subura para convertirse en rico solo con pisar el mármol del Palatino —los senadores se daban codazos comentando como les provocaba hilaridad la actitud de la Marcella, una vulgar hispana citerior casada con Gaius Petronius otro no menos vulgar hispano ulterior, en una Roma que se partía de la risa a su paso—. Más parecen ricos de nuevo cuño, senador.
Más de un senador llevaba las cuentas de Marcella y Gaius y por Júpiter que habrían de pedirse cuentas a Marcella y a su esposo.

15.4.26

LUCIO DECIO COMPTUS, CUESTOR DE LA REPÚBLICA

El cursus honorum estaba a punto de acabar, y tal vez de abrupta manera, por culpa de las artes y mañas por parte de los numerosos enemigos que se había granjeado entre los senadores de la República. Sus fuerzas habían llegado al límite y no veía la hora de retirarse a su modesta villa, dejarse caer en el triclinium y ver pasar el resto de su vida mientras saboreaba, al fin, un vaso de buen vino de Hispania.

Entraba en el atrium y no pudo por menos que volver la cabeza. Estaba envejeciendo y cada día se le hacía más y más difícil andar los pasos desde los Foros Imperiales hasta la colina del Quirinal donde residía.
No lo quería reconocer, y menos a sus colegas, pero había llegado a la conclusión de que lo que sentía no era un simple desasosiego. Su ánimo estaba al borde del colapso. Sólo a su amada esposa había tenido el valor —aunque era más bien deseo de descargar su espíritu— de que lo que sentía era simple y vulgar miedo.
Un día más y tal vez habría muchas posibilidades de entregarse en cuerpo y alma a las sucias aguas del Tiber. Arrojarse a su cauce y dejar que la vida fuera escapándose acompañando su corriente hasta el mar. Roma tenía fama de contar con un brazo muy largo y vengativo —a veces, pocas, clemente— y así era. Las jornadas y muchas vigilias pasadas redactando y dictando autos en referencia a las maniobras de la mujer del César había sido algo que, ahora reconocía, lo superaba aunque nunca hasta la inaceptable rendición.
Cuando accedió a su modesta villa, fue recibido por su esposa; tras ella el fiel Servilius asistía con una jarra de agua y la toalla con que refrescar las manos sudorosas del cuestor quien había finiquitado el proceso que el Senado debería revisar, discutir y dictar sentencia. Él se consideraba, y creía que así lo consideraban, un leal servidor a la república que había hecho de su imparcialidad y frialdad de mente y de corazón sus mejores atributos para afrontar la tarea de juzgar, ahora sí, las apariencias de culpabilidad de la esposa de Julio César, Cornelia. El Estado, sus pater conscriptii, debería decidir si ésta había obrado con lealtad... o con vilipendio. Roma decidiría si la República imperaría o bien se asestaría un gladium en su mismo pecho con que retornar a la pasada monarquía.
Lucio Decio Comptus se aseó, se despojó de la túnica y tomó un refrigerio junto a su esposa. Ya no sentía el mismo temor que unos meses atrás, cuando le comunicó su esposa que un grupo de jinetes habían arrojado un barril con excrementos humanos en el interior de la villa. Afortunadamente, le comentó Pubililia Secunda, hoy el barril no había estallado esparciendo como la otra vez el inmundo contenido por todo el atrium. Decio suspiró. Miró a su amada y sorbió un poco más de buen vino hispano.
—Pronto acabará todo, he entregado las cien y diez tablillas y papiros al Senado, mi misión ha concluido —enmudeció unos largos segundos—. Pronto podremos marchar a Sicilia y gozar de la luz y el calor. Yo he cumplido mi papel en Roma.
La fiel esposa Pubililia Secunda, víctima colateral de las insidias vertidas contra el honesto servidor público, le tomó la mano. La besó. Roma era ya invivible y aquel anciano, al final de su modesto cursus honorum dejó la copa —que Servilius se precipitó a rellenar— y tomó la mano de aquella honesta, sí honesta, y valerosa mujer que había sufrido de manera injusta y vil los improperios llegados desde el mismísimo interior del Foro de la República.

PD: Mis respetos a los jueces que no se doblegan. (2026)

12.4.26

EMPERADORES

El emperador esperaba nervioso. Junto a él, su augusta esposa. Ambos con las mejores galas para la ocasión, uniforme de general romano él y sutil y transparente túnica blanca, ella. El viaje había sido largo pero ambos sentían más y más seguridad a medida que dejaban atrás los hitos y miliardos que jalonaban las grandes vías romanas. La comitiva no salía de su asombro cuando se adentraron en el territorio ignoto y comenzaron a percibir que existían otros mundos tan esplendorosos como el romano del que él, emperador Marco Valerio Salonio, era dueño y señor.

Delante de la gran puerta, comenzó a sentirse pequeño e insignificante. Estaba, quién lo iba a decir, nervioso por lo cual tomó la mano de su augusta esposa. Un sonido los envolvió...

Un soniquete suave, rítmico, como salido del fondo de una cueva o del mismísimo cielo envolvió el ambiente de músicas de cítaras; de un carillón de cientos de campanillas; más el sonido terso, pausado de un gran tambor; eran decenas de flautas y flautines; y de fondo un instrumento llamado Guzheng con cuerdas de plata; todo ello se esparció como deliciosa bruma matutina cuando se abrió la Gran Puerta.
A indicaciones de un edecán que le iba explicando a la pareja de extranjeros todos los detalles del acontecimiento, la pareja imperial romana accedió al Salón de las Grullas Inmortales. El suelo era de cristal bajo el cual nadaban carpas. Al fondo, sentado en un gran trono, el soberano del Imperio Qin del Sol Lejano esperaba imponente. El emperador mandarín Long Zhuo "El Dragón de Jade Silencioso" se alzó del trono. Vestía el ropaje para la recepción de visitantes. Una túnica de seda tejida con hilo de nube, color azul gris que cambiaba de tono según la luz. Calzaba el emperador botines de paso silente de cuero de carpa dorada. Coronaba su imperial testa la corona de los mil ecos y campanillas de lágrimas de jade mudas. Portaba en sus manos un sello y un abanico, símbolos del poder del imperio Qin.

—Marcus Valerius Saloninus, emperador de Roma, y la augusta esposa y emperatriz presentan sus respetos al Imperio Qin —anunció el edecán. La pareja se sentía empequeñecida, ridícula frente al soberbio escenario en que se habían introducido para intentar alejarse de Roma y sus miserias.

El emperador, sobre una tarima, dejó el sello y el abanico imperiales. Abrió las manos mostrándo sus palmas a la pareja llegada de la otra parte de la gran muralla protectora. Mostrar sus manos era el único gesto del emperador. Sus ojos estaban dentro de unos párpados completamente unidos por una fina línea. Unos bigotes le caían fláccidos hasta el nacimiento del cuello.

El edecán hizo un leve gesto para que el emperador de Roma se acercara. Había llegado el momento supremo donde Salonino y Long Zhuo se conocerían. Pero siempre —bien que se lo advirtieron al romano—, no elevarse al mismo nivel que el emperador oriental, siempre situarse a más bajo nivel, un problema protocolario dada la elevada estatura del romano y la pequeña del mandarín 'qino'. El problema se resolvió elevando la tarima imperial unos centímetros a fin de corresponder las estaturas de ambos mandatarios de forma debida.

El emperador qino guardaba silencio. Resultaba indigno e impropio de su alcurnia decir una sola palabra. Pero Salonino sí pudo mostrar agradecimiento por el recibimiento.
Marco Valerio Salonino se sentía ridículo cuando miraba a su alrededor y descubría qué era, realmente, el fasto y el lujo que no resistía la menor comparación con los palacios y foros romanos. El lujo, los adornos, los suelos y techados, todo era distinto.

Un pueblo extraño —pensó Salonino al comparar uno y otro imperio— pues no se le escapó a la pareja romana que la inmensa Sala de la Grullas Inmortales estaba absolutamente vacía. Tan solo los dos emperadores, el edecán y la augusta esposa romana. Nadie en absoluto dentro de la inmensa estancia donde seguía sonando el extraño sonido de música.

A través del edecán los emperadores se desearon buenos augurios y proyectos de intercambios de mercancías a través de los mares, abriendo rutas marítimas y terrestres.

Fueron horas de gran provecho para ambos dirigentes. El mandarín qino porque sabía que Roma era un imperio en decadencia, débil por tanto, y potencial cliente de los miles de productos de todo tipo. Roma ofrecía, a cambio, consumidores y decadencia.

Pero eran también las enseñanzas de sus deidades, tan distintas a los dioses romanos. Eran dioses que transmitían pensamientos para regir la vida. Salonino escuchó sobre la intrincada política y la filosofía de aquel pueblo extraño, que estaba descubriendo. La seda, las armas, la comida, los recursos naturales, los inventos más inverosímiles, todo era admirable para Salonino. Pero hubo una costumbre que le impresionó sobremanera:

La corrupción de los funcionarios imperiales era castigada con la muerte, ejecutando al reo en un lugar solitario, sin otro testigo que un arquero quien de un solo flechazo, cortaba la vida en nombre del pueblo y del emperador. Más tarde, el importe de la flecha sería exigido a la familia del corrupto ejecutado. El precio era la muerte acompañada de la deshonra y la humillación. Pagar la flecha propiedad del Estado...

Salieron. Las puertas de la Sala de las Grullas Inmortales se volvieron a cerrar, luego visitaron Eiging la capital del vasto imperio, de regreso a Roma el imperio Qin y sus fronteras se cerraron para Augusto Valerio Salonino que había tomado buena nota, sobre todo de la justicia qina, en su regreso a Roma...

"Nubium Numerator", Contador de nubes

  MARCUS RODICUS CALIGAERUS AD. SENATVM. ADESSE. IVBETVR IN. CVRIA. KAL. IVN. HORA. TERTIA ...