Bloc abierto de par en par

© El blog con cero lectores, pero aquí estoy en el espacio de mi libertad. No espero a nadie aunque cualquiera es bien recibido. Gracias a mi BLOC ABIERTO DE PAR EN PAR donde encontrarás desde 2009 temas variados.

14.5.26

PROCLAMACIÓN DEL ESTADO DE ISRAEL. RIKI STEINER "JUSTA ENTRE LAS NACIONES" 14 MAYO 1948:

Me lo narró tal cual en una ceremonia de inauguración de la Sinagoga de Setúbal (Portugal). Poco después falleció Rivka Steiner, una anciana muy simpática a la que debí caer muy bien. Descanse en paz.

(Dedico este modesto testimonio a aquellos y aquellas que confunden de forma "ignorante" a los pueblos con sus gobiernos)

Había nacido en alguna ciudad de Polonia en 1938.
Sus padres eran de familia acomodada y acabaron por emigrar a Suiza ante la ola nacionalsocialista que estaba por arrasar Europa y en especial a los judíos.
Suiza les proporcionó asilo pero también, me contó, la posibilidad de buscar refugio para aquellos que lograban escapar de los países que Hitler y el adormecido pueblo alemán iba ocupando. Supieron (me lo dejó muy claro) de la existencia de los campos de concentración y por supuesto de los campos de exterminio. Era Rivka una niña muy despierta a la que nada se le escapaba.
Sus recuerdos son vívidos, clavados con firmeza, sin concesiones gratuitas, según me confesó.
En 1947 emigró con su madre a Palestina —su padre había fallecido en Berna— a bordo de un paquebote británico, cuando se produjo la votación en la ONU sobre la partición de aquellas tierras. No se le escapaba a la niña ningún detalle de aquellos convulsos días de atentados y de violencia en aquella eterna tierra de Promesa. Los judíos pacíficos contra los judíos terroristas; y contra los árabes en contra de cualquier solución que no fuera arrojar al mar a sus enemigos.
Sus ojos se inundaron de lágrimas (yo me sentí conmovido aunque algo violento) al recordar ir de la mano de su madre Mirele hasta el centro de la ciudad. Las calles estaban inundadas de un gentío silencioso, expectante, esperando la medianoche cuando finalizaba el Mandato y se repartía la tierra en dos estados.
Los niños ayudaron aquella eterna tarde en preparar vendas en los puestos de socorro a la espera de la declaración de guerra. Rivka escuchó por vez primera palabras en hebreo en medio de aquel moderno Babel de lenguas europeas, inglés, polaco, francés, español. Rivka se consideraba afortunada de no lucir en su antebrazo números malditos de identificación tatuados por la maquinaria de la muerte nazisocialista como tantos niños vagando a la espera de que alguna institución atendiera a la joven población huérfana. Los puestos de socorro repartían aquel día de celebración anunciada aceitunas, mermelada y pan.
La plaza del Museo de Bellas Artes de Tel-Aviv se encontraba abarrotada, muchos escuchando Radio Kol Yisrael o leyendo la prensa clandestina.
Fue a media tarde cuando el reloj de la Historia se detuvo unos instantes —continuó narrando Rivka— al escucharse por los altavoces la voz de un pequeño hombre leyendo lo que iba a representar la hora Cero.
Justo antes de comenzar el Sabatt, David Ben Gurión lo leyó al mundo:

«Depositando la confianza en la Roca de Israel, suscribimos esta declaración sobre el suelo de la patria, en la ciudad de Tel Aviv, la víspera del shabat, 5 del mes iyar 5708, 14 mayo 1948, proclamando el ESTADO DE ISRAEL».

Mirele llamó entonces "Riki" a su hija, en lugar de Rivka, porque decía sonar más judío y Mirele se inscribió en el Registro del nuevo Estado de Israel como Miriam.
Bailaron hasta la extenuación junto con la abigarrada muchedumbre aquella tarde-noche del renacido hogar judío de Israel enarbolando la nueva bandera de la Estrella de David. Y entonaron durante toda la noche la "Hatikva", la canción con la que iban hacia la muerte en los hornos crematorios los malditos de la tierra y hoy convertida en Himno Nacional de Israel:
"Mientras en lo profundo del corazón
palpite un alma judía,
y dirigiéndose hacia el Oriente
un ojo aviste a Sión,
no se habrá perdido nuestra esperanza;
la esperanza de dos mil años,
de ser un pueblo libre en nuestra tierra:
la tierra de Sión y Jerusalén"

Riki —es mi opinión— debió ser una modélica ciudadana israelí, por la máxima gloria de "Justa entre las Naciones" que le concedió el gobierno de Israel por su defensa y trabajo hacia su nueva patria. Enterró a su anciana madre depositando y cubriendo su tumba de piedras, a la manera judía, de aquella otrora estéril tierra, hoy un país fértil y moderno.
Riki viajó por el mundo dando testimonio de su vida impartiendo conferencias. Se casó con un diplomático judeoportugués,
La conocí, ya digo, en una emotiva ceremonia judía en Portugal y aún no conozco los verdaderos motivos que hicieron que se me sincerase, tal vez porque le confesé que yo no era judío, pero sí orgulloso de mis simpatías. Ella simplemente me regaló su sonrisa.
Tal como me lo contó, lo cuento, siendo hoy, mayo de 2026, el 78º aniversario de la declaración de independencia de Israel.
Según la prensa hebrea ("Jerusalem Post") Riki Steiner falleció en 2025, a los 87 años, y está enterrada donde vivió gran parte de su vida, Tel Aviv, Israel.
Descanse en paz Riki Steiner "Justa entre las Naciones", testigo del glorioso día de la Proclamación del Estado de Israel.

Fuentes:
Excma. Sra. Riki Steiner (testimonio póstumo)
Archivo Nacional Justos entre las Naciones (Knesset-Parlamento Estado de Israel)
Jerusalem Post (hemeroteca)

1.5.26

PRIMERO DE MAYO 2090

Mohamed Manuel se levantó decidido a intentarlo hoy. No se preocupó tan siquiera de tomar el brebaje que la máquina expendedora había expulsado bajo el letrero de DESAYUNO. Hoy era el día indicado cuando las masas se apretaban en el Parque Civitatis donde los líderes del Partido enardecerían a los trabajadores. Trabajadores de la nada, más bien, celebrando nosequé. El caso es que este año era especial, los líderes tenían cosas importantes que decir, pero él no estaba dispuesto a esperar un día más. Estaba harto de pasar días, semanas, meses y años en hacer nada. Estaba bien que la InmensActividad, llamada IA de toda la vida hubiera descargado de las actividades más duras y penosas que se realizaban hasta veinte años atrás. Pero la IA era ya un monstruo fuera de control que estaba empezando a atemorizar a la población a pesar de que en sus comienzos fuera recibida con simpatía y alegre alivio.

—Qué bien, ya no tendremos que ocuparnos de realizar tareas penosas, por ejemplo cuidar de ancianos, hacer de camareros, recepcionistas o limpiadoras de hotel —los muchos partidarios enumeraban la enorme descarga de duras tareas mientras los escasos detractores eran tachados de fachas por no querer ver que el trabajo no peligraba porque decían los sindicalistas que la programación y la construcción de los robots sería misión del insustituible ser humano.

¡Já! eso creían todos al principio y el Partido garantizaba los sueldos íntegros sin tener que trabajar, pues los robots no comían. Desde los años 30 los trabajadores se fueron sustituyendo por entes metálicos y de toda suerte de metales preciosos y fibras artificiales que pululaban por todas partes. La última moda eran los robots que se encargaban de recibir los ataúdes a las puertas de los cementerios de última generación donde eran recogidos por palas y a través de una intricada red de pasillos eran llevados y depositados en nichos previa cremación (había pasado de moda la extracción y donación de órganos) así que los cuerpos eran dejados en manos de la IA para que gestionase la eliminación de restos humanos. Pero así era todo, desde la Medicina hasta la Educación pasando por la Agricultura y la Alimentación. Todo ya era obra de la IA.

Este Uno de Mayo de 2090 era especial pues se había descubierto por disidentes al Partido que el diseño, fabricación, montaje y programación no era, NO ERA, realizada por los habitantes de Eurotontilandia, tampoco por los residentes de Españilandia como habían consolado y mentido en el pasado, sino que estas tareas eran realizadas por robots de InmensActividad, es decir se había descubierto que la IA se retroalimentaba y que era una vil mentira el discurso buenista de los falsos sindicalistas.

Mohamed Manuel Al-Mahdaini García, bisnieto de marroquíes y españoles, salió a la calle sin desayunar. Hasta aquí he llegado, pensó harto. Sorteó las patrullas de agentes IA; esquivó la circulación de automóviles sin conductor (los que se empeñaban en tener coches con volante eran enviados a campos de reeducación). Llegó al puerto y saltó a una lancha sorteando los disparos de rayos tasser y lasser que salían de torres de autovigilancia donde cámaras y cañones barrían los 180 grados de costa. Las voces de los líderes del Partido celebrando el día del Trabajo Virtual se iban atenuando a medida que recorría a bordo de una lancha IA las aguas "sostenibles" del Estrecho; dejó a un lado la superestructura del puente que unía los dos continentes barrido por invisibles haces de rayos ultrasensibles a cualquier movimiento incontrolado. Al fondo, la ansiada tierra donde, si tenía suerte de eludir los controles de las fuerzas del orden de carne y hueso del Comendador de los Creyentes, rey Al-Mutamid XXV, estos sí, humanos, podría tal vez encontrar aunque fuera sobornando, un simple puesto de trabajo real de recolector de naranjas o fresas, o tal vez de barrendero o pocero en la ciudad de Mutamidia, capital del Nuevo Rif, paraíso soñado, ansiado por las víctimas del falso trabajo del falso paraíso del lado de acá de la Falseada Historia. Eso sí, debería pasar por los centros de desprogramación de vagancia y reprogramación para 'curro' de los de verdad, de tajo y callos en las manos.

17.4.26

MARCIA, LA MARCELLA

A menudo se la veía pasar por el Palatino, aunque en realidad no lo necesitaba para llegar a su villa recién

adquirida. Pero resultaba cómico ver su figura dentro de un triclinio portado por dos eclavos y llevando siempre detrás otros dos, todos esclavos mauritanos arrastrando un carro con muchas mercancías. Y ello era más a menudo desde que Marcia Rufina, (Marcella) casada con Gaius Petronius Verres, un simple 'rationibus' adjunto o dispensator principal de la casa imperial había optado por lapidar el caudal que de forma poco clara el esposo había incrementado tras las obras que él había gestionado en nombre de Roma en las obras de construccion de la vía Valeriana. Pero a madie en los aledaños del foro se le escapa el ostentoso dispendio de Marcia, llamada Marcella entre los funcionarios de bajo nivel.

—¡Llamadme por mi nomen, soy Marcia, esposa de Gaius Petronius! El de Marcella es el nombre por el que mis esclavos me conocen y que yo castigo con cincuenta latigazos cuando los sorprendo usando esa nominación clasista y vergonzante.
En el Foro era de sobras conocido que Marcella era dada al dispendio en proporciones directas al salario de su esposo.
Mantas de lana de Britania, cristalería de la laguna Veneta, vajillas de cerámica del Lacio, oro en piezas del tamaño de los testículos de un toro, procedente de las Medulas. Animales exóticos traidos de las selvas más allá de Egipto. Le gustaba sobremanera los utensilios más extraños. Marcia era aficionada a adquirir alimentos exóticos de allende las fronteras y vendidos en Roma por mercaderes de cualquier parte del mundo.
Era el hazmerreir de los que pululaban por el Foro pero en el fondo era vox pópuli que el matrimonio estaba formado por unos simples plebeyos —que solo habían conocido los vericuetos de los bajos fondos de la Subura, un submundo dentro del mundo romano— trasladados a las alturas del Poder. Incluso los esclavos que seguían a la Marcella parecían sentirse avergonzados del ama que les había caído en mala suerte.
Marcia Rufina era considerada la 'emperatriz del dinero' y los mercaderes se frotaban las manos cuando la veían aparecer, que era con una frecuencia casi casi diaria.
En la villa de Gaius y Marcia los cachivaches se amontonaban por toda la domus desde el atrio hasta las letrinas: trastos y 'ruches' a cuáles más inútiles y caros, el caso parecía ser gastar y gastar.
Sólo unos pocos auguraban que los senadores en nombre de los dioses y del pueblo deberían pedir cuentas a la pareja, sobre todo a él, un 'dispensator', cargo de una importancia vital sólo confiado a los leales y fidedignos guardianes del Erario.
Algunos senadores lo ponían en entredicho al paso de la comitiva de Marcella y sus esclavos cargando estos caros abalorios y caprichos.
Era un espectáculo ver a la domina Marcia dentro del triclinio pasando sus manos sobre un extraño dispositivo que manipulaba de forma compulsiva. Se decía que era un cuentadenarios que consistía en varillas con cuentas de marfil de distintos colores que ella parecía manejar con delectación.
—Nada hay peor que un pobre matrimonio sacado de la inmundicia de la Subura para convertirse en rico solo con pisar el mármol del Palatino —los senadores se daban codazos comentando como les provocaba hilaridad la actitud de la Marcella, una vulgar hispana citerior casada con Gaius Petronius otro no menos vulgar hispano ulterior, en una Roma que se partía de la risa a su paso—. Más parecen ricos de nuevo cuño, senador.
Más de un senador llevaba las cuentas de Marcella y Gaius y por Júpiter que habrían de pedirse cuentas a Marcella y a su esposo.

15.4.26

LUCIO DECIO COMPTUS, CUESTOR DE LA REPÚBLICA

El cursus honorum estaba a punto de acabar, y tal vez de abrupta manera, por culpa de las artes y mañas por parte de los numerosos enemigos que se había granjeado entre los senadores de la República. Sus fuerzas habían llegado al límite y no veía la hora de retirarse a su modesta villa, dejarse caer en el triclinium y ver pasar el resto de su vida mientras saboreaba, al fin, un vaso de buen vino de Hispania.

Entraba en el atrium y no pudo por menos que volver la cabeza. Estaba envejeciendo y cada día se le hacía más y más difícil andar los pasos desde los Foros Imperiales hasta la colina del Quirinal donde residía.
No lo quería reconocer, y menos a sus colegas, pero había llegado a la conclusión de que lo que sentía no era un simple desasosiego. Su ánimo estaba al borde del colapso. Sólo a su amada esposa había tenido el valor —aunque era más bien deseo de descargar su espíritu— de que lo que sentía era simple y vulgar miedo.
Un día más y tal vez habría muchas posibilidades de entregarse en cuerpo y alma a las sucias aguas del Tiber. Arrojarse a su cauce y dejar que la vida fuera escapándose acompañando su corriente hasta el mar. Roma tenía fama de contar con un brazo muy largo y vengativo —a veces, pocas, clemente— y así era. Las jornadas y muchas vigilias pasadas redactando y dictando autos en referencia a las maniobras de la mujer del César había sido algo que, ahora reconocía, lo superaba aunque nunca hasta la inaceptable rendición.
Cuando accedió a su modesta villa, fue recibido por su esposa; tras ella el fiel Servilius asistía con una jarra de agua y la toalla con que refrescar las manos sudorosas del cuestor quien había finiquitado el proceso que el Senado debería revisar, discutir y dictar sentencia. Él se consideraba, y creía que así lo consideraban, un leal servidor a la república que había hecho de su imparcialidad y frialdad de mente y de corazón sus mejores atributos para afrontar la tarea de juzgar, ahora sí, las apariencias de culpabilidad de la esposa de Julio César, Cornelia. El Estado, sus pater conscriptii, debería decidir si ésta había obrado con lealtad... o con vilipendio. Roma decidiría si la República imperaría o bien se asestaría un gladium en su mismo pecho con que retornar a la pasada monarquía.
Lucio Decio Comptus se aseó, se despojó de la túnica y tomó un refrigerio junto a su esposa. Ya no sentía el mismo temor que unos meses atrás, cuando le comunicó su esposa que un grupo de jinetes habían arrojado un barril con excrementos humanos en el interior de la villa. Afortunadamente, le comentó Pubililia Secunda, hoy el barril no había estallado esparciendo como la otra vez el inmundo contenido por todo el atrium. Decio suspiró. Miró a su amada y sorbió un poco más de buen vino hispano.
—Pronto acabará todo, he entregado las cien y diez tablillas y papiros al Senado, mi misión ha concluido —enmudeció unos largos segundos—. Pronto podremos marchar a Sicilia y gozar de la luz y el calor. Yo he cumplido mi papel en Roma.
La fiel esposa Pubililia Secunda, víctima colateral de las insidias vertidas contra el honesto servidor público, le tomó la mano. La besó. Roma era ya invivible y aquel anciano, al final de su modesto cursus honorum dejó la copa —que Servilius se precipitó a rellenar— y tomó la mano de aquella honesta, sí honesta, y valerosa mujer que había sufrido de manera injusta y vil los improperios llegados desde el mismísimo interior del Foro de la República.

PD: Mis respetos a los jueces que no se doblegan. (2026)

12.4.26

EMPERADORES

El emperador esperaba nervioso. Junto a él, su augusta esposa. Ambos con las mejores galas para la ocasión, uniforme de general romano él y sutil y transparente túnica blanca, ella. El viaje había sido largo pero ambos sentían más y más seguridad a medida que dejaban atrás los hitos y miliardos que jalonaban las grandes vías romanas. La comitiva no salía de su asombro cuando se adentraron en el territorio ignoto y comenzaron a percibir que existían otros mundos tan esplendorosos como el romano del que él, emperador Marco Valerio Salonio, era dueño y señor.

Delante de la gran puerta, comenzó a sentirse pequeño e insignificante. Estaba, quién lo iba a decir, nervioso por lo cual tomó la mano de su augusta esposa. Un sonido los envolvió...

Un soniquete suave, rítmico, como salido del fondo de una cueva o del mismísimo cielo envolvió el ambiente de músicas de cítaras; de un carillón de cientos de campanillas; más el sonido terso, pausado de un gran tambor; eran decenas de flautas y flautines; y de fondo un instrumento llamado Guzheng con cuerdas de plata; todo ello se esparció como deliciosa bruma matutina cuando se abrió la Gran Puerta.
A indicaciones de un edecán que le iba explicando a la pareja de extranjeros todos los detalles del acontecimiento, la pareja imperial romana accedió al Salón de las Grullas Inmortales. El suelo era de cristal bajo el cual nadaban carpas. Al fondo, sentado en un gran trono, el soberano del Imperio Qin del Sol Lejano esperaba imponente. El emperador mandarín Long Zhuo "El Dragón de Jade Silencioso" se alzó del trono. Vestía el ropaje para la recepción de visitantes. Una túnica de seda tejida con hilo de nube, color azul gris que cambiaba de tono según la luz. Calzaba el emperador botines de paso silente de cuero de carpa dorada. Coronaba su imperial testa la corona de los mil ecos y campanillas de lágrimas de jade mudas. Portaba en sus manos un sello y un abanico, símbolos del poder del imperio Qin.

—Marcus Valerius Saloninus, emperador de Roma, y la augusta esposa y emperatriz presentan sus respetos al Imperio Qin —anunció el edecán. La pareja se sentía empequeñecida, ridícula frente al soberbio escenario en que se habían introducido para intentar alejarse de Roma y sus miserias.

El emperador, sobre una tarima, dejó el sello y el abanico imperiales. Abrió las manos mostrándo sus palmas a la pareja llegada de la otra parte de la gran muralla protectora. Mostrar sus manos era el único gesto del emperador. Sus ojos estaban dentro de unos párpados completamente unidos por una fina línea. Unos bigotes le caían fláccidos hasta el nacimiento del cuello.

El edecán hizo un leve gesto para que el emperador de Roma se acercara. Había llegado el momento supremo donde Salonino y Long Zhuo se conocerían. Pero siempre —bien que se lo advirtieron al romano—, no elevarse al mismo nivel que el emperador oriental, siempre situarse a más bajo nivel, un problema protocolario dada la elevada estatura del romano y la pequeña del mandarín 'qino'. El problema se resolvió elevando la tarima imperial unos centímetros a fin de corresponder las estaturas de ambos mandatarios de forma debida.

El emperador qino guardaba silencio. Resultaba indigno e impropio de su alcurnia decir una sola palabra. Pero Salonino sí pudo mostrar agradecimiento por el recibimiento.
Marco Valerio Salonino se sentía ridículo cuando miraba a su alrededor y descubría qué era, realmente, el fasto y el lujo que no resistía la menor comparación con los palacios y foros romanos. El lujo, los adornos, los suelos y techados, todo era distinto.

Un pueblo extraño —pensó Salonino al comparar uno y otro imperio— pues no se le escapó a la pareja romana que la inmensa Sala de la Grullas Inmortales estaba absolutamente vacía. Tan solo los dos emperadores, el edecán y la augusta esposa romana. Nadie en absoluto dentro de la inmensa estancia donde seguía sonando el extraño sonido de música.

A través del edecán los emperadores se desearon buenos augurios y proyectos de intercambios de mercancías a través de los mares, abriendo rutas marítimas y terrestres.

Fueron horas de gran provecho para ambos dirigentes. El mandarín qino porque sabía que Roma era un imperio en decadencia, débil por tanto, y potencial cliente de los miles de productos de todo tipo. Roma ofrecía, a cambio, consumidores y decadencia.

Pero eran también las enseñanzas de sus deidades, tan distintas a los dioses romanos. Eran dioses que transmitían pensamientos para regir la vida. Salonino escuchó sobre la intrincada política y la filosofía de aquel pueblo extraño, que estaba descubriendo. La seda, las armas, la comida, los recursos naturales, los inventos más inverosímiles, todo era admirable para Salonino. Pero hubo una costumbre que le impresionó sobremanera:

La corrupción de los funcionarios imperiales era castigada con la muerte, ejecutando al reo en un lugar solitario, sin otro testigo que un arquero quien de un solo flechazo, cortaba la vida en nombre del pueblo y del emperador. Más tarde, el importe de la flecha sería exigido a la familia del corrupto ejecutado. El precio era la muerte acompañada de la deshonra y la humillación. Pagar la flecha propiedad del Estado...

Salieron. Las puertas de la Sala de las Grullas Inmortales se volvieron a cerrar, luego visitaron Eiging la capital del vasto imperio, de regreso a Roma el imperio Qin y sus fronteras se cerraron para Augusto Valerio Salonino que había tomado buena nota, sobre todo de la justicia qina, en su regreso a Roma...

22.3.26

SANGRE ESPAÑOLA PASIÓN MEXICA o SANGRE MEXICA PASIÓN ESPAÑOLA

A la sombra de un gran sicomoro yacieron. A escondidas pero dejándose llevar por la pasión sin cortapisas aunque sabían que, en principio, se jugaban la vida.

Él era un soldado bajo el mando de Cortés, reclutado en nombre de Carlos I. Acostumbrado a la penumbra, a la mojigatería, al manto pesado de la religión, había llegado a estas tierras y había descubierto el paraíso. La feracidad de la madre Natura; la bondad del clima; la diversidad de la fauna salvaje; la grandiosidad de los mares y de sus ríos; la valentía de sus guerreros y la inclemencia de sus terribles, sanguinarios dioses; sobre todo, la rebeldía de su población; le parecía de otro mundo a Alonso López de Córdova, pero desde que la conoció supo que aquella joven iba a ser suya. Si tenía que desertar, desertaría; si tenía que huir, huiría; si tenía que matar, mataría, y si tenía que renunciar a volver a España, renunciaría. Pero recorrer cada pulgada de su piel broncínea, sus voluptuosas curvas, su cabello azabache espaldas abajo prendido de flores, sus hermosos ojos negros, su desnudez plena, espontánea y generosa como nunca sería posible ver a las graves hembras de los lejanos reinos castellanos, merecía todas las renuncias, incluida la propia vida.
Ella se llamaba Xochitl (Flor, en lengua cristiana). Una bella joven que Alonso había conocido cuando Cortés, del que Alonso era un simple alabardero en las tropas españolas, había llegado a Tlaxcala y pergeñado alianzas con los tlaxcaltecas a fin de doblegar al rebelde Moctezuma.
Alianzas que se referían a territorios, encomiendas castellanas, rebeldías y traiciones, sumisiones, castigos, leyes, intercambio de prisioneros, comercio, bautismos, abrazos a la fe verdadera, construcciones de templos, escuelas, viviendas y cuarteles, enseñanza de la lengua del imperio, mas también juramentos a la Corona de España. De todo ello hablaban, trataban, escribían y firmaban con tinta y a veces con sangre. Todo por y para el todopoderoso césar emperador Carlos I de España, V de Alemania y señor de medio mundo.
De lo que no trataban los legajos reales firmados, sellados y lacrados era del motor invisible de fuerza arrolladora, por encima de intereses patrios o vasallos. Se trataba de pactos indelebles. Era la simple, salvaje, primitiva e invencible llamada de la sangre. Sangre de hombres y mujeres de uno y otro lado de la Mar Océana, de más allá y de más acá. Del mayor y más valioso legado: el amor.
Alonso López de Córdova, cristiano indubitado, y Xochitl de Tlaxcala, conversa, se desposaron ante la imagen española de Nuestra Señora del Buen Suceso, avanzado el invierno de 1520. Todos los permisos fueron concedidos y un representante de Hernán Cortés (Antonio de Mendoza y Pacheco, futuro virrey de Nueva España) asistió a los esponsales que se celebraron cerca de los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl, en plena conquista de México.
De inmediato se desvaneció el rastro del matrimonio, la historia los engulló, la conquista continuó y, en corriente incesante, a través del vasto territorio, pacificado dejando los corazones en su lugar en vez de mostrarlos sangrando en altares idólatras, la sangre de ambos pueblos digo, se mezcló.

12.3.26

HODIO CON ACHE

7:15 horas Sala de Control de "HoooH, Hodio"

Ministerio de Nuestra Verdad.

Gobierno de Españilandia.

Primer día de Hodiometría. Inauguración con presencia de la Ministra que pulsa la tecla de ON. Se conectan las 500 pantallas con sus señales acústicas y lumínicas
Todo está tranquilo a la espera del primer aviso, la ministra compruebe la eficacia del Sistema, se detecte la alarma y se detenga al seguro "hodiador", así, acudirá a dar las novedades al HGPresidente comunicándole que su idea ha sido todo un éxito. Pasan los segundos y de pronto suena una estridente alarma para acto seguido una luz destellante —balizas sobrantes V-16— al tiempo que se conecta una pantalla en la que aparece la cocina de una vivienda. La ministra de Nuestra Verdad se frota las manos: ¡han pillado a un hodiador! la Policía del Pensamiento Único se pone en marcha y procede a la detención y posterior condena del hodiador de la cocina desde donde está lanzando mensajes de hodio.
—Lo siento Excelentísima Ministra de Nuestra Verdad. Ha sido uuna falsa alarma. Realmente sí, estaba lanzando mensajes orales de hodio, pero principalmente porque se le a caído la tostada al suelo y se ha cagado en todo lo que se menea... y eso no es hodio... creo. —el policía no sabía dónde meterse del ridículo al pillar a un pacífico ciudadano en calzoncillos a punto de desayunar—. Y es que , Sra. Ministra pienso que no ha sido buena idea conectar el Sistema a los ordenadores o móviles de la ciudadanía. Ya sé, ya sé que así nos enteramos de todo, pero del hodio... pues el hodio es un sentimiento imposible de medir y —la ministra hizo un gesto con la mano al Agente de Policía del Pensamiento Único:
—¡Agente, le prohíbo que siga recapacitando por su cuenta sobre el tema del Hodio!. Es una cuestión filósofopresidencial y nosotros no somos nadie para cuestionar las ordenes del Líder Máximo, Paladín de las Buenas Costumbres y Campeón de la Pazzz. Hay que perseguir el hodio en todas sus manifestaciones —la ministra no estaba dispuesta a las insubordinaciones ni tan siquiera mentales— aténgase a las Normas si no quiere ser pasado por los instrumentos antihodio.
Unos minutos más tarde muchos más monitores comenzaron a lanzar señales de alerta de hodio. La Brigada de Delitos de Hodio no daba abasto. Era la hora del desayuno, las prisas, el tumulto en el Metro, los buenos días al compañero de trabajo... y al Jefe. Sí bueno, había que mejorar el Sistema de Alerta Antihodio, pero en ello estamos, pensó una medio satisfecha Ministra de Nuestra Verdad. Se tendría que comunicar con el ministerio del Hamor.

PROCLAMACIÓN DEL ESTADO DE ISRAEL. RIKI STEINER "JUSTA ENTRE LAS NACIONES" 14 MAYO 1948:

Me lo narró tal cual en una ceremonia de inauguración de la Sinagoga de Setúbal (Portugal). Poco después falleció Rivka Steiner, una anciana...