Bloc abierto de par en par

© El blog con cero lectores, pero aquí estoy en el espacio de mi libertad. No espero a nadie aunque cualquiera es bien recibido. Gracias a mi BLOC ABIERTO DE PAR EN PAR donde encontrarás desde 2009 temas variados.

12.4.26

EMPERADORES

El emperador esperaba nervioso. Junto a él, su augusta esposa. Ambos con las mejores galas para la ocasión, uniforme de general romano él y sutil y transparente túnica blanca, ella. El viaje había sido largo pero ambos sentían más y más seguridad a medida que dejaban atrás los hitos y miliardos que jalonaban las grandes vías romanas. La comitiva no salía de su asombro cuando se adentraron en el territorio ignoto y comenzaron a percibir que existían otros mundos tan esplendorosos como el romano del que él, emperador Marco Valerio Salonio, era dueño y señor.

Delante de la gran puerta, comenzó a sentirse pequeño e insignificante. Estaba, quién lo iba a decir, nervioso por lo cual tomó la mano de su augusta esposa. Un sonido los envolvió...

Un soniquete suave, rítmico, como salido del fondo de una cueva o del mismísimo cielo envolvió el ambiente de músicas de cítaras; de un carillón de cientos de campanillas; más el sonido terso, pausado de un gran tambor; eran decenas de flautas y flautines; y de fondo un instrumento llamado Guzheng con cuerdas de plata; todo ello se esparció como deliciosa bruma matutina cuando se abrió la Gran Puerta.
A indicaciones de un edecán que le iba explicando a la pareja de extranjeros todos los detalles del acontecimiento, la pareja imperial romana accedió al Salón de las Grullas Inmortales. El suelo era de cristal bajo el cual nadaban carpas. Al fondo, sentado en un gran trono, el soberano del Imperio Qin del Sol Lejano esperaba imponente. El emperador mandarín Long Zhuo "El Dragón de Jade Silencioso" se alzó del trono. Vestía el ropaje para la recepción de visitantes. Una túnica de seda tejida con hilo de nube, color azul gris que cambiaba de tono según la luz. Calzaba el emperador botines de paso silente de cuero de carpa dorada. Coronaba su imperial testa la corona de los mil ecos y campanillas de lágrimas de jade mudas. Portaba en sus manos un sello y un abanico, símbolos del poder del imperio Qin.

—Marcus Valerius Saloninus, emperador de Roma, y la augusta esposa y emperatriz presentan sus respetos al Imperio Qin —anunció el edecán. La pareja se sentía empequeñecida, ridícula frente al soberbio escenario en que se habían introducido para intentar alejarse de Roma y sus miserias.

El emperador, sobre una tarima, dejó el sello y el abanico imperiales. Abrió las manos mostrándo sus palmas a la pareja llegada de la otra parte de la gran muralla protectora. Mostrar sus manos era el único gesto del emperador. Sus ojos estaban dentro de unos párpados completamente unidos por una fina línea. Unos bigotes le caían fláccidos hasta el nacimiento del cuello.

El edecán hizo un leve gesto para que el emperador de Roma se acercara. Había llegado el momento supremo donde Salonino y Long Zhuo se conocerían. Pero siempre —bien que se lo advirtieron al romano—, no elevarse al mismo nivel que el emperador oriental, siempre situarse a más bajo nivel, un problema protocolario dada la elevada estatura del romano y la pequeña del mandarín 'qino'. El problema se resolvió elevando la tarima imperial unos centímetros a fin de corresponder las estaturas de ambos mandatarios de forma debida.

El emperador qino guardaba silencio. Resultaba indigno e impropio de su alcurnia decir una sola palabra. Pero Salonino sí pudo mostrar agradecimiento por el recibimiento.
Marco Valerio Salonino se sentía ridículo cuando miraba a su alrededor y descubría qué era, realmente, el fasto y el lujo que no resistía la menor comparación con los palacios y foros romanos. El lujo, los adornos, los suelos y techados, todo era distinto.

Un pueblo extraño —pensó Salonino al comparar uno y otro imperio— pues no se le escapó a la pareja romana que la inmensa Sala de la Grullas Inmortales estaba absolutamente vacía. Tan solo los dos emperadores, el edecán y la augusta esposa romana. Nadie en absoluto dentro de la inmensa estancia donde seguía sonando el extraño sonido de música.

A través del edecán los emperadores se desearon buenos augurios y proyectos de intercambios de mercancías a través de los mares, abriendo rutas marítimas y terrestres.

Fueron horas de gran provecho para ambos dirigentes. El mandarín qino porque sabía que Roma era un imperio en decadencia, débil por tanto, y potencial cliente de los miles de productos de todo tipo. Roma ofrecía, a cambio, consumidores y decadencia.

Pero eran también las enseñanzas de sus deidades, tan distintas a los dioses romanos. Eran dioses que transmitían pensamientos para regir la vida. Salonino escuchó sobre la intrincada política y la filosofía de aquel pueblo extraño, que estaba descubriendo. La seda, las armas, la comida, los recursos naturales, los inventos más inverosímiles, todo era admirable para Salonino. Pero hubo una costumbre que le impresionó sobremanera:

La corrupción de los funcionarios imperiales era castigada con la muerte, ejecutando al reo en un lugar solitario, sin otro testigo que un arquero quien de un solo flechazo, cortaba la vida en nombre del pueblo y del emperador. Más tarde, el importe de la flecha sería exigido a la familia del corrupto ejecutado. El precio era la muerte acompañada de la deshonra y la humillación. Pagar la flecha propiedad del Estado...

Salieron. Las puertas de la Sala de las Grullas Inmortales se volvieron a cerrar, luego visitaron Eiging la capital del vasto imperio, de regreso a Roma el imperio Qin y sus fronteras se cerraron para Augusto Valerio Salonino que había tomado buena nota, sobre todo de la justicia qina, en su regreso a Roma...

22.3.26

SANGRE ESPAÑOLA PASIÓN MEXICA o SANGRE MEXICA PASIÓN ESPAÑOLA

A la sombra de un gran sicomoro yacieron. A escondidas pero dejándose llevar por la pasión sin cortapisas aunque sabían que, en principio, se jugaban la vida.

Él era un soldado bajo el mando de Cortés, reclutado en nombre de Carlos I. Acostumbrado a la penumbra, a la mojigatería, al manto pesado de la religión, había llegado a estas tierras y había descubierto el paraíso. La feracidad de la madre Natura; la bondad del clima; la diversidad de la fauna salvaje; la grandiosidad de los mares y de sus ríos; la valentía de sus guerreros y la inclemencia de sus terribles, sanguinarios dioses; sobre todo, la rebeldía de su población; le parecía de otro mundo a Alonso López de Córdova, pero desde que la conoció supo que aquella joven iba a ser suya. Si tenía que desertar, desertaría; si tenía que huir, huiría; si tenía que matar, mataría, y si tenía que renunciar a volver a España, renunciaría. Pero recorrer cada pulgada de su piel broncínea, sus voluptuosas curvas, su cabello azabache espaldas abajo prendido de flores, sus hermosos ojos negros, su desnudez plena, espontánea y generosa como nunca sería posible ver a las graves hembras de los lejanos reinos castellanos, merecía todas las renuncias, incluida la propia vida.
Ella se llamaba Xochitl (Flor, en lengua cristiana). Una bella joven que Alonso había conocido cuando Cortés, del que Alonso era un simple alabardero en las tropas españolas, había llegado a Tlaxcala y pergeñado alianzas con los tlaxcaltecas a fin de doblegar al rebelde Moctezuma.
Alianzas que se referían a territorios, encomiendas castellanas, rebeldías y traiciones, sumisiones, castigos, leyes, intercambio de prisioneros, comercio, bautismos, abrazos a la fe verdadera, construcciones de templos, escuelas, viviendas y cuarteles, enseñanza de la lengua del imperio, mas también juramentos a la Corona de España. De todo ello hablaban, trataban, escribían y firmaban con tinta y a veces con sangre. Todo por y para el todopoderoso césar emperador Carlos I de España, V de Alemania y señor de medio mundo.
De lo que no trataban los legajos reales firmados, sellados y lacrados era del motor invisible de fuerza arrolladora, por encima de intereses patrios o vasallos. Se trataba de pactos indelebles. Era la simple, salvaje, primitiva e invencible llamada de la sangre. Sangre de hombres y mujeres de uno y otro lado de la Mar Océana, de más allá y de más acá. Del mayor y más valioso legado: el amor.
Alonso López de Córdova, cristiano indubitado, y Xochitl de Tlaxcala, conversa, se desposaron ante la imagen española de Nuestra Señora del Buen Suceso, avanzado el invierno de 1520. Todos los permisos fueron concedidos y un representante de Hernán Cortés (Antonio de Mendoza y Pacheco, futuro virrey de Nueva España) asistió a los esponsales que se celebraron cerca de los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl, en plena conquista de México.
De inmediato se desvaneció el rastro del matrimonio, la historia los engulló, la conquista continuó y, en corriente incesante, a través del vasto territorio, pacificado dejando los corazones en su lugar en vez de mostrarlos sangrando en altares idólatras, la sangre de ambos pueblos digo, se mezcló.

12.3.26

HODIO CON ACHE

7:15 horas Sala de Control de "HoooH, Hodio"

Ministerio de Nuestra Verdad.

Gobierno de Españilandia.

Primer día de Hodiometría. Inauguración con presencia de la Ministra que pulsa la tecla de ON. Se conectan las 500 pantallas con sus señales acústicas y lumínicas
Todo está tranquilo a la espera del primer aviso, la ministra compruebe la eficacia del Sistema, se detecte la alarma y se detenga al seguro "hodiador", así, acudirá a dar las novedades al HGPresidente comunicándole que su idea ha sido todo un éxito. Pasan los segundos y de pronto suena una estridente alarma para acto seguido una luz destellante —balizas sobrantes V-16— al tiempo que se conecta una pantalla en la que aparece la cocina de una vivienda. La ministra de Nuestra Verdad se frota las manos: ¡han pillado a un hodiador! la Policía del Pensamiento Único se pone en marcha y procede a la detención y posterior condena del hodiador de la cocina desde donde está lanzando mensajes de hodio.
—Lo siento Excelentísima Ministra de Nuestra Verdad. Ha sido uuna falsa alarma. Realmente sí, estaba lanzando mensajes orales de hodio, pero principalmente porque se le a caído la tostada al suelo y se ha cagado en todo lo que se menea... y eso no es hodio... creo. —el policía no sabía dónde meterse del ridículo al pillar a un pacífico ciudadano en calzoncillos a punto de desayunar—. Y es que , Sra. Ministra pienso que no ha sido buena idea conectar el Sistema a los ordenadores o móviles de la ciudadanía. Ya sé, ya sé que así nos enteramos de todo, pero del hodio... pues el hodio es un sentimiento imposible de medir y —la ministra hizo un gesto con la mano al Agente de Policía del Pensamiento Único:
—¡Agente, le prohíbo que siga recapacitando por su cuenta sobre el tema del Hodio!. Es una cuestión filósofopresidencial y nosotros no somos nadie para cuestionar las ordenes del Líder Máximo, Paladín de las Buenas Costumbres y Campeón de la Pazzz. Hay que perseguir el hodio en todas sus manifestaciones —la ministra no estaba dispuesta a las insubordinaciones ni tan siquiera mentales— aténgase a las Normas si no quiere ser pasado por los instrumentos antihodio.
Unos minutos más tarde muchos más monitores comenzaron a lanzar señales de alerta de hodio. La Brigada de Delitos de Hodio no daba abasto. Era la hora del desayuno, las prisas, el tumulto en el Metro, los buenos días al compañero de trabajo... y al Jefe. Sí bueno, había que mejorar el Sistema de Alerta Antihodio, pero en ello estamos, pensó una medio satisfecha Ministra de Nuestra Verdad. Se tendría que comunicar con el ministerio del Hamor.

11.3.26

GHP y SPAÑILANDIA

Gran Hermano Presidente (en adelante GHP) había convocado de urgencia a los Cuatro Importantes Ministerios.

Por la intranet secreta había comunicado durante la madrugada a los superministerios siguientes:
Ministerio de Nuestra Verdad.
Ministerio de la Paz y de la Ciencia.
Ministerio de la Abundante Usura Fiscal.
Y como observador, el ministerio del Amor.
Durante la noche había sido un continuo cruzar los cielos de Spañalandia: un infernal trasiego interrumpía la paz de la nación de naves portando armas. Era de verdadera necesidad el convocar el Supergabinete que decidiera la marcha general de la República Popular Spañilanda.
Se sentaron preocupados ante el giro de los acontecimientos de las últimas horas. GHP miró a las cuatro ministras que lo conocían muy bien sabiendo cómo debían bajar la mirada en señal de lealtad. GHP engoló la voz:
—He convocado al Gabinete de Emergencia a fin de proponer medidas que he decidido tomar —GHP puso las manos sobre la mesa y mostró un semblante serio y duro— pues como sabéis esta noche el Yanqui Gran Satán (en adelante, YGS) ha atacado Eurasia-Persia para derrocar al gobierno de esta región y yo, como representante y líder del pueblo, he decidido aprovechar la coyuntura.
—Pero Gran Hermano Presidente —la ministra de la Paz y de la Ciencia, una rechonchita sesentona con voz atiplada, asombrada, levantó el dedo requiriendo atención de forma un tanto infantiloide— no hay más coyuntura que ayudar a nuestro vecino, amigo y aliado Yanqui Gran Sa... —la ministra no fue capaz de terminar la frase asustada ante la fulminante mirada que le dirigió GHP.
—¡No! —voceó GHP apretando de inmediato la mandíbula —. Haré de la necesidad virtud. Tengo la forma y no admitiré discusión alguna.
Las ministras sabían que las decisiones estaban tomadas y que en realidad ellas no eran sino meros instrumentos de GHP.
—¿Qué hemos de hacer, Gran Hermano Presidente? —quien se atrevió a levantar la voz era la favorita del escalafón ministerial, la ministra de Nuestra Verdad, la que en realidad ejercía la delegación de GHP—. Ya sabe Su Excelsa Excelencia que estamos todas a la orden y...
—Lo sé, lo sé —Gran Hermano cabeceó forzando una sonrisa que a la zalamera ministra de Nuestra Verdad a quien no le hacía ascos a piropear al Eminentísimo —ya sé que cuento con vuestra colaboración y lealtad aparte de vuestros gentiles parabienes y merecidos halagos hacia mi persona, pero ahora se trata de un asunto de extrema gravedad: la guerra.
Todas se miraron. El momento era de extrema gravedad, sí. Pero las caras de las ministras se dulcificaron; contaban con el liderazgo del Ser Supremo que dirigía los destinos de Spañalandia desde hacía decenios. La Alerta Anti-Fachihermanastros estaba aún en vigor y las elecciones de 2027 habían sido aplazadas una y otra vez... hasta el actual 2040.
—El plan propuesto es el siguiente: recuperemos y desempolvemos los viejos lemas que tanto provecho nos han proporcionado: NO A LA GUERRA, YANKEES GO HOME, FUERA PASES PARA NUESTRAS BASES y cualquier otro ¡incluso me vale el antefelipín OTAN NO-BASES FUERA!—el GHP sonrió triunfal, aunque la ministra de la Paz y la Ciencia no pudo reprimir un mohín de disgusto.
—Pero presidente, no podemos abandonar a nuestros aliados, y mucho menos impedir que pasen a nuestra bases. —La ministra conocía de sobras que el YGS tomaría represalias de tipo económico, así que, armándose de valor, lo espetó. El gabinete enmudeció.
—Ni peros ni peras. "No a la guerra", ministra. Un lema que no falla. Y a las calles, las quiero abarrotadas con miles de la pancartas con el lema —se detuvo un par de segundos GHP para añadir—: por supuesto que se ponga en marcha nocturna la flotilla de drones y minisubmarinos en dirección a la zona de "conflicto" —guiñó un ojo a las superministras que se derretían de gusto— que en este caso tanto da predicar como dar algo de trigo.
—Presidente, como ministra de Nuestra Verdad no tengo otro remedio que llamar la atención sobre la población de colectivos de diversidad sexual de Eurasiapersia, mujeres sobre todo, masacradas y reprimidas por aquel régimen. No las podemos olvidar ni abandonar. —A la ministra de Nuestra Verdad, verdadera ideóloga del gobierno, encargada de la gobernación de Spañalandia, idear y dirigir la propaganda y consignas gubernamentales haciendo que llegaran estas a los más recónditos rincones del país. Directora de las SS (Seguridad de Spañalandia), era la todopoderosa alma mater y la previsible heredera del trono de la República: todos lo sabían aunque nada estaba escrito.
—Ministra, no debes preocuparte. Sé que últimamente te formulas muchas preguntas y caes en un mar de dudas. Lo sé... y me disgusta. Sólo preocúpate de fabricar un buen relato, fácil, simplón y cortito a modo de alpiste para pájaros. Estoy seguro de que no te será difícil encontrar la fórmula para fabricar una verdad. Medios tienes para ello.
La ministra, sumisa y modosa, bajó su vista y asintió pensando que no le sería difícil la tarea. La ciudadanía estaba acostumbrada, ahormada, le había tomado la medida y controlaba a la disidencia, recalcitrantes rebeldes que se empeñaban en discutir las Normas de Gran Hermano Presidente. Pero sí, los medios los tenía para hacer compatibles el pacifismo y el feminismo (las grandes e infalibles muletillas tan gratas a la "gente"), hacer creíble a la masa lo increíble. Una vez más no iba a defraudar al Gran Conducador.
—Prezidente, —la jacarandosa titular del Ministerio de la Gran Usura Fiscal levantó su flamenca mano— y digo yo que —no la soportaba nadie del Supergabinete por su ostentosa villanía pero tenían que reconocerle una gran capacidad de trabajo recaudando impuestos— ¿cómo hasemo pa paliá la época de crizi que ze avesina por culpa de la guerra? —la ministra se pasó la lengua por la sombra del bigotillo del labio superior, mirando con descaro al líder y a sus colegas.
—Ministra, ¿y tú me lo preguntas? Concede subvenciones y paga a troche y moche, distribuye de las arcas públicas, reparte dinero para todos. Y luego sube los impuestos, el IVA, el IRPF, lo que quieras. O al contrario, deja que suban los precios, recauda el IVA, sube la gasolina, mete la mano en sus bolsillos, sube el paro... y luego salimos a ayudar, ya sabes... prendemos fuego y luego vamos con la manguera ¡con agua!. No falla, ya sabes, sacas nuestra colección de frases por ejemplo "tenemos las medidas sobre la mesa", "no dejaremos a nadie atrás", "el gobierno de la gente", "la verdadera solución es noalaguerra", en fin, todas son buena alfalfa para el ganado . —El presidente calló. Era aquella una más de las crisis que había solventado en su larga estancia palaciega. Cada vez le resultaba más fácil pues la ciudadanía —la "gente", como gustaba llamar al pueblo cuando venían mal dadas—. —¿Y "Fri Palestain", "Israel genocida" "Aznar, a desasnar"? —interrumpió de nuevo la ministra de la Usura. —Todo, todo sirve —aseveró GHP con ligero tono de fastidio— cualquier frase, y también, ya de paso las de "Nucleares, No gracias", "Queremos Nucleares" y "Almaraza no se cierra", pero eso déjalo para la ministra de la Nuestra Verdad. Y adelantaros que voy a crear un nuevo ministerio, el 'veinticincoavo', se trata del Ministerio del Orden, Desorden y Caos, encargado de las relaciones con Oceanipersia.
Las ministras no pudieron aguantar más: movidas con una especie de resorte se levantaron y al unísono lanzaron vivas al líder, haciendo sonar sus palmas la ministra de los 'lereles' y las demás entonando el lema que les salió del corazón: "PE-PE-PE ¡¡¡PEDRO PALADÍN DE LA PAZZZ!!!", repitiendo una y otra vez hasta el paroxismo.
—Vaaale, vaaaleee. Gracias emocionadas y agradecidas. Se levanta la sesión y ya sabéis, nada de la obsoleta telefonía móvil. Los mensajes, por vía psicotelemática que no dejan rastro. A ver, todas conmigo: NO A LA GUERRA-NO A LA GUERRA-NO A LA GUERRA. Así durante diez minutos jaleandose y jaleando a un Presidente mudo de gusto.
Más tarde, roncas pero satisfechas hicieron pasillo a Presidente Gran Hermano. Sobre la capital de Spañilandia —Ayucity, en memoria de la Ayuso en el exilio, calles vacías, muertas— el cielo barruntaba tormenta. El fragor de las nubes entrechocando de forma eléctrica se confundía con los motores de las aeronaves yankis y judías cargadas con material nucleotermosónico de última generación, letal para la población civil pero inocua para el paisaje. El Presidente Gran Hermano salió rodeado de su cohorte ministerial y de asesores pretorianos, subió a su autoacorazado camino del bunker, a diez kilómetros de cualquier ciudadano; ¿una crisis más? ¡una crisis menos!, pensó, sonriendo y marcando su rostro cadavérico. El mundo colapsaba pero ellas seguían mirando su viejuno ombligo. El de Él.

NOTA: me he inspirado en "1984", de George Orwell, pero qué passsa. ¡Si él choricea tesis!

8.3.26

ISIS

Del río llega una embriagadora brisa. La risueña mañana saluda a la real esposa. Hoy es el gran dia que estaba esperando Neferamun Sat-Ra (la perfecta de Amón, hija de Ra). La claridad de los primeros momentos del día ilumina la tersura del rostro de la diosa. Recibe con los brazos abiertos a su esposo el faraón Useren-Kheperu (el de las transformaciones poderosas) quien, haciendo caso omiso de las esclavas y otros sirvientes que pululan por la estancia junto al recodo del rio, deja caer su faldilla al suelo, mostrando a su esposa la plenitud de su potencia viril. La noche no le ha bastado al Señor de las Dos Tierras y se aproxima a su bella esposa. Se besan pero no yacen como suele otras veces allí mismo, por un gesto de ella, y se disponen a tomar la primera colación del día. Les espera una larga y fatigosa jornada al reunir a la corte para celebrar la fiesta anual. Ra, ya se intuye a pocos minutos de aparecer: en las próximas jornadas, su primer rayo incidirá sobre las divinas efigies.

Fue en el pasado, deseo del dios, instaurar un periodo que pasaría a denominarse de manera oficial "Época del Loto Dorado" donde Egipto comenzaría a ser gobernado entre iguales. Había llegado el momento del año cuando el divino Ra ejecutaría, sin dudarlo, el deseo de Useren-Kheperu para su amada esposa. Él, dios de las Dos Tierras, había ordenado a sus más expertos maestros tallistas de la piedra, arrancar de ésta la suprema verdad, esculpiendo grandiosas estatuas de la pareja. Había ordenado a sus más sabios astrónomos los cálculos de la fecha exacta y el lugar preciso del horizonte por donde surgiría Ra cuando el invierno da paso a la primavera, ordenando que las estatuas fueran erigidas una frente a la otra, mirándose, junto a la puerta del Templo de Amón Ra, de tal forma que durante esos días, cuando ya el Nilo desciende rico en limo, el nilómetro marca la máxima altura de las aguas, el aire se caldea con más rapidez, cuando la grulla, la alondra y las anátides entonan sus gorjeos nupciales, cuando todas las señales sean inequívocas, se hiciese que el primer rayo de sol traspase la entrepierna de él, faraón de Egipto, Primer miembro viril del Reino, tal como gustaba ser llamado, y que este primer rayo incida de forma exacta en la zona de la efigie donde se esconde la real y valiosa intimidad de ella, Consorte del Faraón, así tras breves instantes, durante los pocos días de los equinoccios que marcan el paso de los dias y de las noches, cuando la oscuridad de paso a la luz sea hasta el fin de los tiempos. Con ello, el faraón quería mostrar y congratularse de cara a su pueblo, por la divina misión de legar la extirpe eterna de su dinastía, fruto indivisible, único, inclusivo, de la potencia viril y la fertilidad femenina, inútil la una sin la otra.
El matrimonio formado por Neferamun Sat-Ra (La que sostiene el orden divino, La verdad de Ra, la bella esencia de Amón) y Useren-Kheperu (Renovador de la luz, El Toro Dorado que hace florecer los Dos Reinos) legaba así a su pueblo la gobernabilidad, la estabilidad, el equilibrio, combinando la legitimidad divina, el poder terrenal y el equilibrio cósmico, representando corregencia que gobierna por mandato celestial, no por herencia. Ese era el memsaje y así era el deseo de los dioses para que fuera recordado años tras año, generación tras generación, siglo tras siglo.

—Hoy celebramos el Día de las Hijas de Isis (Heru Sat‑Isis), mi Señor, para invocar la fuerza protectora, materna y política de las mujeres, bajo el patronazgo de Isis. —El escribano real mostraba las palmas de sus manos y miraba al suelo mientras la pareja desayunaba. Se retiró sin perder la cara a los dueños del mundo.
Con un gesto de ambos corregentes la corte se disponía a la ceremonia. Las puertas se abrían, y la luz se volvía cegadora.


7.3.26

PAZ Y CIENCIA


Padres conscriptos, no vengo hoy a imponer mi voz sobre la vuestra, sino a implorar que mi culpa no eclipse la grandeza de Roma…

He aquí, postrado, contrito, dándoos cuenta, poniendo a los dioses como testigos interlocutores, de mis graves reflexiones.

Me pregunto, oh dioses, si he sido un buen gobernante, si he sabido tomar determinaciones con la cabeza más que con mi corazón. Me pregunto si no habré pecado de soberbia, pretendiendo erigirme en líder del imperio cuando en realidad no somos más que una minúscula parte.

Oh, dioses, iluminadme en esta hora terrible de la más miserable ironía del Destino. Por qué, dioses, habéis de aplicarme el suplicio de dar un paso atrás. Maldigo a quienes, a mi lado, me sugierieron actuaciones sin valorar con suficiente ponderación aquellas causas con que sepan sopesar todas y cada una de las determinaciones del gobierno de la provincia.

Aún resuena en mis imperiales oidos el clamor proveniente desde un confín al otro del imperio, ovacionando unos mi posición de héroe, y maldiciéndome otros tachando mi fama con el vil calificativo de cobarde.

Es ahora, por Júpiter, cuando recapacito y caigo en la más honda desesperanza al recibir los parabienes, futiles y breves como plumas de aves, mas también, y sobre todo, las amenazas que se ciernen sobre el común de los ciudadanos de la provincia. Y es que nada tan mezquino como el paso hacia adelante bravo, decidido, pisando con fuerza la tierra y levantando su polvo, para al cabo de unas breves horas, dar un acobardado, silencioso para no caer en el ridículo, paso atrás.

¿Nunca habré, oh Júpiter y tu hijo dios de la guerra Marte, de aprender de los gobernadores de las otras provincias que hacen de la política y de la guerra todo un arte del disimulo? ¿Por qué razón habría de conducirme como un amante de la paz cuando nunca, nunca en realidad lo he sido? ¿Por qué mis tribunos no me han hecho recordar, echando la vista a viejas Actas senatoriales, mis interesados silencios cuando otras guerras herían de igual o de peor manera, desangando otras regiones? ¿Cómo evitar ahora el repudio de la plebe, segura víctima de mi osada medida al abandonar de forma miserable a las legiones, con la ruina y el corte de suministros y mercadeo de nuestros buenos aceites, embriagadores vinos y nutritivos cereales condenando al hambre y a la miseria? ¿Creta ha de ser la víctima de los agresores por negarme a guerrear, y al mismo tiempo enviar una trirreme legionaria simulando y disimulando nuestro afán pacificador... armado?

Líbrame, oh Júpiter Óptimo Máximo, de caer en manos de agresivos e insoportables ciudadanos dedicados estos al arte de ridiculizar a los mandatarios. Antes arrojarme por la Roca Tarpeia que verme rodeado de letal e insoportable mofa de los cómicos que pululan por esta nuestra provincia hispana.

Acabo ¡dioses, padres de la patria, ciudadanos y hermanos míos! implorando vuestra benevolencia, sirvan estas palabras para acallar de una vez por todas el baldón de ignominia que puede, de hecho es ya así, caer sobre mi.

"Discurso de Cayo Aurelio Valerianus, tribuno, prefecto y legatus de Hispania dirigiéndose al Senado de Roma."

(Lucio Marcio Fadiano, historiador y cronista de los últimos años del Imperio)




5.3.26

¡NATURALMENTE! (o De Filología de andar por casa)

El satrapilla hizo mutis por el foro vacío. La nada estaba tras él pero se había hecho la ilusión de que masas enardecidas lo vitoreaban. Lejos de la realidad. Al traspasar a sus habitaciones privadas no pudo dejar de esbozar una triste sonrisa. Había al fin colgado la zanahoria que el rebaño se aprestaba a coger y lamer. NO A LA GUERRA.


—Eres un genio, mi señor. Todos tus súbditos vendrán a postrarse de hinojos ante tu sabiduría y liderazgo. Has lanzado a los cuatro vientos una frase a esculpir en los frontispicios de los ciudadanos verdaderos. Tu sabio uso de la lengua latina no tiene precio pues has conseguido con cuatro simples palabras abrir las puertas de la esperanza, has conseguido que tus huestes se unifiquen y los dioses te acojan a su lado al momento de recibir las ofrendas de nosotros los mortales —el tribuno asesor trastabillaba obsequioso intentando seguir el paso de pavo real del gobernador de la provincia, mientras le regalaba el oido al autócrata.
—Gracias, mi buen y leal asesor.
No se atrevía este a decirle a su dueño que esas cuatro palabras en realidad no querían decir nada pues con ese insustancial No-a-la-guerra había conseguido que toda la ciudadanía de Hispania se dividiera voluntariamente, de forma inconsciente en dos bandos, unos contrarios a la guerra —ciencia por la cuál actualmente se sabe quién será el vencedor y quién el vencido— pero también, y esto era sumamente importante, por exclusión otros en favorables, es decir, en belicistas, en violentos, en amantes de la fuerza bruta para imponer la razón por la fuerza. En román paladino: a favor, fachas; en contra, pogres. Para contento del gobernador provinciano.
Y luego esa frase escrita concienzudamente en singular, de un acontecimiento con el que se ha escrito la historia de la humanidad. "La-guerra": ¿la? ¿qué, cuál? ¿por qué no "esta", o aquella, o la de allá o la de acá?, ¿todas, algunas?, ¿esta no y otras sí?.
¿Guerra? ¿¡qué entendemos realmente por guerra!? ¿si decimos NO es también arrojar las armas? ¿es negar la ayuda a nuestros amigos aunque tras el espectáculo nunca se romperá el diálogo y todo sea un paripé de cara a la galería? ¿retóricamente: afrontaremos las consecuencias de la negativa todos o solo los promotores? ¿eliminaremos entonces los inútiles ejércitos?
El asesor de pancartas estaba muy satisfecho del gran trabajo realizado. Las cuatro palabritas eran todo un monumento a la indefinición ideal para 'pasto' y consumo de un pueblo adocenado y poco avisado pero suficiente para movilizar a las masas en beneficio del caballero en busca del Poder. Y por otro lado, en realidad lo que el dictador Gobernador de la Provincia buscaba, el enfrentamiento, la discordia, el o con unos o con otros. El dictador había conseguido llevar a la masa al borde del abismo, pero Él se retiraba con la zanahoria; el palo, para el resto de la plebe.

EMPERADORES

El emperador esperaba nervioso. Junto a él, su augusta esposa. Ambos con las mejores galas para la ocasión, uniforme de general romano él y ...