Gran Hermano Presidente (en adelante GHP) había convocado de urgencia a los Cuatro Importantes Ministerios.
Bloc abierto de par en par
© El blog con cero lectores, pero aquí estoy en el espacio de mi libertad. No espero a nadie aunque cualquiera es bien recibido. Gracias a mi BLOC ABIERTO DE PAR EN PAR donde encontrarás desde 2009 temas variados.
11.3.26
GHP y SPAÑILANDIA
Por la intranet secreta había comunicado durante la madrugada a los superministerios siguientes:
Ministerio de Nuestra Verdad.
Ministerio de la Paz y de la Ciencia.
Ministerio de la Abundante Usura Fiscal.
Y como observador, el ministerio del Amor.
Durante la noche había sido un continuo cruzar los cielos de Spañalandia: un infernal trasiego interrumpía la paz de la nación de naves portando armas. Era de verdadera necesidad el convocar el Supergabinete que decidiera la marcha general de la República Popular Spañilanda.
Se sentaron preocupados ante el giro de los acontecimientos de las últimas horas. GHP miró a las cuatro ministras que lo conocían muy bien sabiendo cómo debían bajar la mirada en señal de lealtad. GHP engoló la voz:
—He convocado al Gabinete de Emergencia a fin de proponer medidas que he decidido tomar —GHP puso las manos sobre la mesa y mostró un semblante serio y duro— pues como sabéis esta noche el Yanqui Gran Satán (en adelante, YGS) ha atacado Eurasia-Persia para derrocar al gobierno de esta región y yo, como representante y líder del pueblo, he decidido aprovechar la coyuntura.
—Pero Gran Hermano Presidente —la ministra de la Paz y de la Ciencia, una rechonchita sesentona con voz atiplada, asombrada, levantó el dedo requiriendo atención de forma un tanto infantiloide— no hay más coyuntura que ayudar a nuestro vecino, amigo y aliado Yanqui Gran Sa... —la ministra no fue capaz de terminar la frase asustada ante la fulminante mirada que le dirigió GHP.
—¡No! —voceó GHP apretando de inmediato la mandíbula —. Haré de la necesidad virtud. Tengo la forma y no admitiré discusión alguna.
Las ministras sabían que las decisiones estaban tomadas y que en realidad ellas no eran sino meros instrumentos de GHP.
—¿Qué hemos de hacer, Gran Hermano Presidente? —quien se atrevió a levantar la voz era la favorita del escalafón ministerial, la ministra de Nuestra Verdad, la que en realidad ejercía la delegación de GHP—. Ya sabe Su Excelsa Excelencia que estamos todas a la orden y...
—Lo sé, lo sé —Gran Hermano cabeceó forzando una sonrisa que a la zalamera ministra de Nuestra Verdad a quien no le hacía ascos a piropear al Eminentísimo —ya sé que cuento con vuestra colaboración y lealtad aparte de vuestros gentiles parabienes y merecidos halagos hacia mi persona, pero ahora se trata de un asunto de extrema gravedad: la guerra.
Todas se miraron. El momento era de extrema gravedad, sí. Pero las caras de las ministras se dulcificaron; contaban con el liderazgo del Ser Supremo que dirigía los destinos de Spañalandia desde hacía decenios. La Alerta Anti-Fachihermanastros estaba aún en vigor y las elecciones de 2027 habían sido aplazadas una y otra vez... hasta el actual 2040.
—El plan propuesto es el siguiente: recuperemos y desempolvemos los viejos lemas que tanto provecho nos han proporcionado: NO A LA GUERRA, YANKEES GO HOME, FUERA PASES PARA NUESTRAS BASES y cualquier otro ¡incluso me vale el antefelipín OTAN NO-BASES FUERA!—el GHP sonrió triunfal, aunque la ministra de la Paz y la Ciencia no pudo reprimir un mohín de disgusto.
—Pero presidente, no podemos abandonar a nuestros aliados, y mucho menos impedir que pasen a nuestra bases. —La ministra conocía de sobras que el YGS tomaría represalias de tipo económico, así que, armándose de valor, lo espetó. El gabinete enmudeció.
—Ni peros ni peras. "No a la guerra", ministra. Un lema que no falla. Y a las calles, las quiero abarrotadas con miles de la pancartas con el lema —se detuvo un par de segundos GHP para añadir—: por supuesto que se ponga en marcha nocturna la flotilla de drones y minisubmarinos en dirección a la zona de "conflicto" —guiñó un ojo a las superministras que se derretían de gusto— que en este caso tanto da predicar como dar algo de trigo.
—Presidente, como ministra de Nuestra Verdad no tengo otro remedio que llamar la atención sobre la población de colectivos de diversidad sexual de Eurasiapersia, mujeres sobre todo, masacradas y reprimidas por aquel régimen. No las podemos olvidar ni abandonar. —A la ministra de Nuestra Verdad, verdadera ideóloga del gobierno, encargada de la gobernación de Spañalandia, idear y dirigir la propaganda y consignas gubernamentales haciendo que llegaran estas a los más recónditos rincones del país. Directora de las SS (Seguridad de Spañalandia), era la todopoderosa alma mater y la previsible heredera del trono de la República: todos lo sabían aunque nada estaba escrito.
—Ministra, no debes preocuparte. Sé que últimamente te formulas muchas preguntas y caes en un mar de dudas. Lo sé... y me disgusta. Sólo preocúpate de fabricar un buen relato, fácil, simplón y cortito a modo de alpiste para pájaros. Estoy seguro de que no te será difícil encontrar la fórmula para fabricar una verdad. Medios tienes para ello.
La ministra, sumisa y modosa, bajó su vista y asintió pensando que no le sería difícil la tarea. La ciudadanía estaba acostumbrada, ahormada, le había tomado la medida y controlaba a la disidencia, recalcitrantes rebeldes que se empeñaban en discutir las Normas de Gran Hermano Presidente. Pero sí, los medios los tenía para hacer compatibles el pacifismo y el feminismo (las grandes e infalibles muletillas tan gratas a la "gente"), hacer creíble a la masa lo increíble. Una vez más no iba a defraudar al Gran Conducador.
—Prezidente, —la jacarandosa titular del Ministerio de la Gran Usura Fiscal levantó su flamenca mano— y digo yo que —no la soportaba nadie del Supergabinete por su ostentosa villanía pero tenían que reconocerle una gran capacidad de trabajo recaudando impuestos— ¿cómo hasemo pa paliá la época de crizi que ze avesina por culpa de la guerra? —la ministra se pasó la lengua por la sombra del bigotillo del labio superior, mirando con descaro al líder y a sus colegas.
—Ministra, ¿y tú me lo preguntas? Concede subvenciones y paga a troche y moche, distribuye de las arcas públicas, reparte dinero para todos. Y luego sube los impuestos, el IVA, el IRPF, lo que quieras. O al contrario, deja que suban los precios, recauda el IVA, sube la gasolina, mete la mano en sus bolsillos, sube el paro... y luego salimos a ayudar, ya sabes... prendemos fuego y luego vamos con la manguera ¡con agua!. No falla, ya sabes, sacas nuestra colección de frases por ejemplo "tenemos las medidas sobre la mesa", "no dejaremos a nadie atrás", "el gobierno de la gente", "la verdadera solución es noalaguerra", en fin, todas son buena alfalfa para el ganado . —El presidente calló. Era aquella una más de las crisis que había solventado en su larga estancia palaciega. Cada vez le resultaba más fácil pues la ciudadanía —la "gente", como gustaba llamar al pueblo cuando venían mal dadas—. —¿Y "Fri Palestain", "Israel genocida" "Aznar, a desasnar"? —interrumpió de nuevo la ministra de la Usura. —Todo, todo sirve —aseveró GHP con ligero tono de fastidio— cualquier frase, y también, ya de paso las de "Nucleares, No gracias", "Queremos Nucleares" y "Almaraza no se cierra", pero eso déjalo para la ministra de la Nuestra Verdad. Y adelantaros que voy a crear un nuevo ministerio, el 'veinticincoavo', se trata del Ministerio del Orden, Desorden y Caos, encargado de las relaciones con Oceanipersia.
Las ministras no pudieron aguantar más: movidas con una especie de resorte se levantaron y al unísono lanzaron vivas al líder, haciendo sonar sus palmas la ministra de los 'lereles' y las demás entonando el lema que les salió del corazón: "PE-PE-PE ¡¡¡PEDRO PALADÍN DE LA PAZZZ!!!", repitiendo una y otra vez hasta el paroxismo.
—Vaaale, vaaaleee. Gracias emocionadas y agradecidas. Se levanta la sesión y ya sabéis, nada de la obsoleta telefonía móvil. Los mensajes, por vía psicotelemática que no dejan rastro. A ver, todas conmigo: NO A LA GUERRA-NO A LA GUERRA-NO A LA GUERRA. Así durante diez minutos jaleandose y jaleando a un Presidente mudo de gusto.
Más tarde, roncas pero satisfechas hicieron pasillo a Presidente Gran Hermano. Sobre la capital de Spañilandia —Ayucity, en memoria de la Ayuso en el exilio, calles vacías, muertas— el cielo barruntaba tormenta. El fragor de las nubes entrechocando de forma eléctrica se confundía con los motores de las aeronaves yankis y judías cargadas con material nucleotermosónico de última generación, letal para la población civil pero inocua para el paisaje. El Presidente Gran Hermano salió rodeado de su cohorte ministerial y de asesores pretorianos, subió a su autoacorazado camino del bunker, a diez kilómetros de cualquier ciudadano; ¿una crisis más? ¡una crisis menos!, pensó, sonriendo y marcando su rostro cadavérico. El mundo colapsaba pero ellas seguían mirando su viejuno ombligo. El de Él.
NOTA: me he inspirado en "1984", de George Orwell, pero qué passsa. ¡Si él choricea tesis!
8.3.26
ISIS
Del río llega una embriagadora brisa. La risueña mañana saluda a la real esposa. Hoy es el gran dia que estaba esperando Neferamun Sat-Ra (la perfecta de Amón, hija de Ra). La claridad de los primeros momentos del día ilumina la tersura del rostro de la diosa. Recibe con los brazos abiertos a su esposo el faraón Useren-Kheperu (el de las transformaciones poderosas) quien, haciendo caso omiso de las esclavas y otros sirvientes que pululan por la estancia junto al recodo del rio, deja caer su faldilla al suelo, mostrando a su esposa la plenitud de su potencia viril. La noche no le ha bastado al Señor de las Dos Tierras y se aproxima a su bella esposa. Se besan pero no yacen como suele otras veces allí mismo, por un gesto de ella, y se disponen a tomar la primera colación del día. Les espera una larga y fatigosa jornada al reunir a la corte para celebrar la fiesta anual. Ra, ya se intuye a pocos minutos de aparecer: en las próximas jornadas, su primer rayo incidirá sobre las divinas efigies.
Fue en el pasado, deseo del dios, instaurar un periodo que pasaría a denominarse de manera oficial "Época del Loto Dorado" donde Egipto comenzaría a ser gobernado entre iguales. Había llegado el momento del año cuando el divino Ra ejecutaría, sin dudarlo, el deseo de Useren-Kheperu para su amada esposa. Él, dios de las Dos Tierras, había ordenado a sus más expertos maestros tallistas de la piedra, arrancar de ésta la suprema verdad, esculpiendo grandiosas estatuas de la pareja. Había ordenado a sus más sabios astrónomos los cálculos de la fecha exacta y el lugar preciso del horizonte por donde surgiría Ra cuando el invierno da paso a la primavera, ordenando que las estatuas fueran erigidas una frente a la otra, mirándose, junto a la puerta del Templo de Amón Ra, de tal forma que durante esos días, cuando ya el Nilo desciende rico en limo, el nilómetro marca la máxima altura de las aguas, el aire se caldea con más rapidez, cuando la grulla, la alondra y las anátides entonan sus gorjeos nupciales, cuando todas las señales sean inequívocas, se hiciese que el primer rayo de sol traspase la entrepierna de él, faraón de Egipto, Primer miembro viril del Reino, tal como gustaba ser llamado, y que este primer rayo incida de forma exacta en la zona de la efigie donde se esconde la real y valiosa intimidad de ella, Consorte del Faraón, así tras breves instantes, durante los pocos días de los equinoccios que marcan el paso de los dias y de las noches, cuando la oscuridad de paso a la luz sea hasta el fin de los tiempos. Con ello, el faraón quería mostrar y congratularse de cara a su pueblo, por la divina misión de legar la extirpe eterna de su dinastía, fruto indivisible, único, inclusivo, de la potencia viril y la fertilidad femenina, inútil la una sin la otra.
El matrimonio formado por Neferamun Sat-Ra (La que sostiene el orden divino, La verdad de Ra, la bella esencia de Amón) y Useren-Kheperu (Renovador de la luz, El Toro Dorado que hace florecer los Dos Reinos) legaba así a su pueblo la gobernabilidad, la estabilidad, el equilibrio, combinando la legitimidad divina, el poder terrenal y el equilibrio cósmico, representando corregencia que gobierna por mandato celestial, no por herencia. Ese era el memsaje y así era el deseo de los dioses para que fuera recordado años tras año, generación tras generación, siglo tras siglo.
—Hoy celebramos el Día de las Hijas de Isis (Heru Sat‑Isis), mi Señor, para invocar la fuerza protectora, materna y política de las mujeres, bajo el patronazgo de Isis. —El escribano real mostraba las palmas de sus manos y miraba al suelo mientras la pareja desayunaba. Se retiró sin perder la cara a los dueños del mundo.
Con un gesto de ambos corregentes la corte se disponía a la ceremonia. Las puertas se abrían, y la luz se volvía cegadora.
7.3.26
PAZ Y CIENCIA
He aquí, postrado, contrito, dándoos cuenta, poniendo a los dioses como testigos interlocutores, de mis graves reflexiones.
Me pregunto, oh dioses, si he sido un buen gobernante, si he sabido tomar determinaciones con la cabeza más que con mi corazón. Me pregunto si no habré pecado de soberbia, pretendiendo erigirme en líder del imperio cuando en realidad no somos más que una minúscula parte.
Oh, dioses, iluminadme en esta hora terrible de la más miserable ironía del Destino. Por qué, dioses, habéis de aplicarme el suplicio de dar un paso atrás. Maldigo a quienes, a mi lado, me sugierieron actuaciones sin valorar con suficiente ponderación aquellas causas con que sepan sopesar todas y cada una de las determinaciones del gobierno de la provincia.
Aún resuena en mis imperiales oidos el clamor proveniente desde un confín al otro del imperio, ovacionando unos mi posición de héroe, y maldiciéndome otros tachando mi fama con el vil calificativo de cobarde.
Es ahora, por Júpiter, cuando recapacito y caigo en la más honda desesperanza al recibir los parabienes, futiles y breves como plumas de aves, mas también, y sobre todo, las amenazas que se ciernen sobre el común de los ciudadanos de la provincia. Y es que nada tan mezquino como el paso hacia adelante bravo, decidido, pisando con fuerza la tierra y levantando su polvo, para al cabo de unas breves horas, dar un acobardado, silencioso para no caer en el ridículo, paso atrás.
¿Nunca habré, oh Júpiter y tu hijo dios de la guerra Marte, de aprender de los gobernadores de las otras provincias que hacen de la política y de la guerra todo un arte del disimulo? ¿Por qué razón habría de conducirme como un amante de la paz cuando nunca, nunca en realidad lo he sido? ¿Por qué mis tribunos no me han hecho recordar, echando la vista a viejas Actas senatoriales, mis interesados silencios cuando otras guerras herían de igual o de peor manera, desangando otras regiones? ¿Cómo evitar ahora el repudio de la plebe, segura víctima de mi osada medida al abandonar de forma miserable a las legiones, con la ruina y el corte de suministros y mercadeo de nuestros buenos aceites, embriagadores vinos y nutritivos cereales condenando al hambre y a la miseria? ¿Creta ha de ser la víctima de los agresores por negarme a guerrear, y al mismo tiempo enviar una trirreme legionaria simulando y disimulando nuestro afán pacificador... armado?
Líbrame, oh Júpiter Óptimo Máximo, de caer en manos de agresivos e insoportables ciudadanos dedicados estos al arte de ridiculizar a los mandatarios. Antes arrojarme por la Roca Tarpeia que verme rodeado de letal e insoportable mofa de los cómicos que pululan por esta nuestra provincia hispana.
Acabo ¡dioses, padres de la patria, ciudadanos y hermanos míos! implorando vuestra benevolencia, sirvan estas palabras para acallar de una vez por todas el baldón de ignominia que puede, de hecho es ya así, caer sobre mi.
"Discurso de Cayo Aurelio Valerianus, tribuno, prefecto y legatus de Hispania dirigiéndose al Senado de Roma."
(Lucio Marcio Fadiano, historiador y cronista de los últimos años del Imperio)
5.3.26
¡NATURALMENTE! (o De Filología de andar por casa)
El satrapilla hizo mutis por el foro vacío. La nada estaba tras él pero se había hecho la ilusión de que masas enardecidas lo vitoreaban. Lejos de la realidad. Al traspasar a sus habitaciones privadas no pudo dejar de esbozar una triste sonrisa. Había al fin colgado la zanahoria que el rebaño se aprestaba a coger y lamer. NO A LA GUERRA.
—Eres un genio, mi señor. Todos tus súbditos vendrán a postrarse de hinojos ante tu sabiduría y liderazgo. Has lanzado a los cuatro vientos una frase a esculpir en los frontispicios de los ciudadanos verdaderos. Tu sabio uso de la lengua latina no tiene precio pues has conseguido con cuatro simples palabras abrir las puertas de la esperanza, has conseguido que tus huestes se unifiquen y los dioses te acojan a su lado al momento de recibir las ofrendas de nosotros los mortales —el tribuno asesor trastabillaba obsequioso intentando seguir el paso de pavo real del gobernador de la provincia, mientras le regalaba el oido al autócrata.
—Gracias, mi buen y leal asesor.
No se atrevía este a decirle a su dueño que esas cuatro palabras en realidad no querían decir nada pues con ese insustancial No-a-la-guerra había conseguido que toda la ciudadanía de Hispania se dividiera voluntariamente, de forma inconsciente en dos bandos, unos contrarios a la guerra —ciencia por la cuál actualmente se sabe quién será el vencedor y quién el vencido— pero también, y esto era sumamente importante, por exclusión otros en favorables, es decir, en belicistas, en violentos, en amantes de la fuerza bruta para imponer la razón por la fuerza. En román paladino: a favor, fachas; en contra, pogres. Para contento del gobernador provinciano.
Y luego esa frase escrita concienzudamente en singular, de un acontecimiento con el que se ha escrito la historia de la humanidad. "La-guerra": ¿la? ¿qué, cuál? ¿por qué no "esta", o aquella, o la de allá o la de acá?, ¿todas, algunas?, ¿esta no y otras sí?.
¿Guerra? ¿¡qué entendemos realmente por guerra!? ¿si decimos NO es también arrojar las armas? ¿es negar la ayuda a nuestros amigos aunque tras el espectáculo nunca se romperá el diálogo y todo sea un paripé de cara a la galería? ¿retóricamente: afrontaremos las consecuencias de la negativa todos o solo los promotores? ¿eliminaremos entonces los inútiles ejércitos?
El asesor de pancartas estaba muy satisfecho del gran trabajo realizado. Las cuatro palabritas eran todo un monumento a la indefinición ideal para 'pasto' y consumo de un pueblo adocenado y poco avisado pero suficiente para movilizar a las masas en beneficio del caballero en busca del Poder. Y por otro lado, en realidad lo que el dictador Gobernador de la Provincia buscaba, el enfrentamiento, la discordia, el o con unos o con otros. El dictador había conseguido llevar a la masa al borde del abismo, pero Él se retiraba con la zanahoria; el palo, para el resto de la plebe.
28.2.26
ME OPONGO
Jesusa Mopongo perora un 'idioma' chabacano, cheli, chicharrero, chorra y chus-co. Enseña muchas veces la lengua formando muecas y gestos un tanto corraleros . Ríese de cualquiera, de cualquier cosa y por cualquier motivo, sobre todo se mofa de sus adversarios. Se sienta en poltronas exclusivas en el pasado de la Meritocracia y hoy devaluadas, asaltadas y ocupadas por los mediocres (2ª de a bordo) de la Partitocracia.
Pretende la ignara ¡recaudadora, tenedora y administradora de nuestro Erario además! ser aclamada y elegida en una tierra que no la quiso en el pasado, donde implantaría su forma de hablar, su dicción, su léxico, su prosodia y su sintaxis en la mismísima sabia y docta tierra de Juan Ramón, de Federico, de don Antonio, de Antonio, de Gustavo Adolfo, de Rafael, de María, santones y dioses de la más rica en acentos y más hermosa y musical lengua castellana escrita y hablada en España y ultramar.
En el cúlmen del papelón [de Jesusa], va y de 350 padres de la Patria y madres de la "Matria", una, ella —precisamente ella, ella sola— va y, apretando a tontas y a locas ¡¡¡un botón de tres!!!, decide que no quiere dar ayuda a los necesitados víctimas de su más que probable, por probar, incompetencia así como la de su corrobla ministerial. ¿Se puede ser más 'inútila'?
Andalucía —por sí, por España y la Humanidad de 28 a 28 febrero — no necesita según qué gobernantas. Tomemos pronto la palabra y decidamos...
¡"Mohoponemos"!
26.2.26
SE SIENTEN, COÑO
El emperador había ordenado vaciar y sacar a la luz los anaqueles del archivo imperial. Con ello sabía que la fama del viejo Sumo Sacerdote Imperial Lucius Aurelius Emeritus se deterioraría de forma definitiva y el pueblo se enteraría del papel traidor del anciano que se apagaba lleno de ignominia en castigo por su vida privada disoluta y el papel jugado en la abortada asonada de la guardia pretoriana para hacerse con el trono imperial por la fuerza de las armas. El emperador que odiaba al anciano Emeritus quería que el pueblo viera leyera con sus propios ojos la traición de este. Pero, por todos los dioses, los papiros decían otra cosa y constataban la voluntad del anciano en detener la mano que empuñaba la daga, trastabillar el pie que calzaba las caligae militares, paralizar el corazón con que la razón de la fuerza deseaba aprisionar la voluntad del pueblo de vivir en libertad. Pero el anciano —mujeriego, juerguista, gustoso de atesorar denarios sin declarar al Fisco romano— había hecho valer todo su poder para abortar el golpe al estado de Roma.
"Considete et vocem virium audite!" había sido la orden del tribuno secundón armado, entrando en el antiguo Senado "¡Quietos todo el mundo y atiendan la orden de la fuerza!". El sacerdote Emeritus estaba en guardia...
El emperador no pudo por menos que apretar sus mandíbulas al saber que su voluntad de esparcir basura en forma de difamaciones sobre el Sacerdote Emeritus había sido en vano. Ya se le acababan las razones para mantenerlo en el exilio y no podía soportar imaginar que la plebe exigiera su vuelta, pasearlo victorioso por el Foro para reparar el daño causado injustamente.
Con indisimulada frustración por lo baldío de mostrar al pueblo los viejos papiros del golpe de Estado —que él creía fomentado por el sacerdote Emeritus cuando en realidad había sido el desmontador—, sabiendo que las dagas se habían vuelto apuntando a su cuerpo de gobernante despótico, mucho se temía que el pueblo lo aclamara, no a él, sino al viejo servidor del reino que en el Imperio de Oriente languidecía sabiendo de la flaca memoria del pueblo romano.
Porque él, el divino Sumo Sacerdote Lucius Aurelius Emeritus fue el encargado de envainar las dagas de sus generales, de retormar a sus questuras a las tropas imperiales, a la legiones y a los carros a retornar al orden legal de Roma. Él, solo, habíase enfrentado a los generales y tribunos levantiscos, peligrosos a poner sus armas al servicio del Imperio, no a acabar con él. Emeritus se vistió la toga imperial, se sentó en el trono. Y habló.
El emperador, un bisoño con ínfulas, chirriaba sus dientes sabiendo que la corrupción le desbordaba y que los papiros desempolvados, hechos públicos eran punto de atención parecido al fuego de una antorcha momentáneo, brillante. Y fugaz.
En el exterior el pueblo se deshacía en elogios para con el anciano maltratado, vilipendiado hasta el presente que esperaba ser reclamado por el pueblo. Pero no lo iba a tener fácil porque el pueblo olvida con facilidad y el tiempo es implacable.
24.2.26
ESCENAS CORDOBESAS
Imposible ocultarlo por más tiempo. Los muros del Alcazar no eran lo sufientemente altos como para seguir acotando o limitando. Abderramán IV estaba empeñado, obcecado en mantener el secreto y dispuesto a llevar al quemadero de la torre de la Calahorra a cualquier sirviente, cortesano, funcionario o militar al servicio del califa, que osase trasmitir noticias de la salud del soberano.
Lo cierto es que Abd al-Rahman ben Muhammad se iba deteriorando por dias y la Corte no era ajena a la desmejoría del califa. Abderraman IV tenía grandes quebrantos de cabeza para poder gobernar el califato. Las luchas internas dentro de la corte cordobesa se habían convertido en habituales desde el reinado de su bisabuelo el gran Abderramán III. El listón había quedado muy alto y el califa enfermaba y decaía al ritmo de la otrora brillantez de Córdoba. Reclamaron al hakim que poco podía hacer más allá de poner en el torso real una cuantas sanguijuelas para . Acudió por fin el gran médico judío Isaac ibn Shaprut quien le recetó una serie de tisanas de hierbas de las almunias cordobesas, pero sobre todo que pasara grandes periodos en Medina Zahara, lejos del bullicio cordobés.
La preocupación era máxima. Pero él estaba dispuesto a pober su mejor cara y guardar las apariencias. Era el mes de Ramadan y quería ser visto por el pueblo. Acudiría a la oración de la tarde en la gran Mezquita y luego cenaría la sabrosa Harira de hummus a base de pollo, tomate, garbanzos y cilantro de las almunias de Medina Zahara. Y de postre, beghrir a base de sémola y levadura.
Lo que fuere menester, determinó el califa, en este sagrado mes para tapar la dolencia del príncipe y mensajero del Misericordioso Profeta. Quien osare filtrar el mínimo rumor se enfrentaría al quemadero del otro lado de rio.
Sea en Córdoba 23 dia de Ramadan, año 409 de la Hégira del ProfetaImposible ocultarlo por más tiempo. Los muros del Alcazar no eran lo sufientemente altos como para seguir acotando o limitando. Abderramán IV estaba empeñado, obcecado en mantener el secreto y dispuesto a llevar al quemadero de la torre de la Calahorra a cualquier sirviente, cortesano, funcionario o militar al servicio del califa, que osase trasmitir noticias de la salud del califa.
Lo cierto es que Abd al-Rahman ben Muhammad se iba deteriorando por dias y la Corte no era ajena a la desmejoría del califa. Abderraman IV tenía grandes quebrantos de cabeza para poder gobernar el califato. Las luchas internas dentro de la corte cordobesa se habían convertido en habituales desde el reinado de su bisabuelo el gran Abderramán III. El listón había quedado muy alto y el califa enfermaba y decaía al ritmo de la otrora brillantez de Córdoba. Reclamaron al hakim que poco podía hacer más allá de poner en el torso real una cuantas sanguijuelas para . Acudió por fin el gran médico judío Isaac ibn Shaprut quien le recetó una serie de tisanas de hierbas de las almunias cordobesas, pero sobre todo que pasara grandes periodos en Medina Zahara, lejos del bullicio cordobés.
La preocupación era máxima. Pero él estaba dispuesto a pober su mejor cara y guardar las apariencias. Era el mes de Ramadan y quería ser visto por el pueblo. Acudiría a la oración de la tarde en la gran Mezquita y luego cenaría la sabrosa Harira de hummus a base de pollo, tomate, garbanzos y cilantro de las almunias de Medina Zahara. Y de postre, beghrir a base de sémola y levadura.
Lo que fuere menester, determinó el califa, en este sagrado mes para tapar la dolencia del príncipe y mensajero del Misericordioso Profeta. Quien osare filtrar el mínimo rumor se enfrentaría al quemadero del otro lado de rio.
Sea en Córdoba 23 dia de Ramadan, año 409 de la Hégira del Profeta
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