Bloc abierto de par en par

© El blog con cero lectores, pero aquí estoy en el espacio de mi libertad. No espero a nadie aunque cualquiera es bien recibido. Gracias a mi BLOC ABIERTO DE PAR EN PAR donde encontrarás desde 2009 temas variados.

26.1.26

Los dioses y Dios

Preocupado. Muy preocupado Lucio Casio Tiberio pues un asunto menor en los confines del imperio le estaba fastidiando en extremo. Un banal estropicio en uno de los puentes sobre el Danubio —un asuntillo de suministro de maderamen de pino de Germania comprado a precio de maderas de cedro libanés, para lo que se habían destinado 20.000.000 de denarios— le estaba comenzando a fastidiar como mosca en pleno verano, en plena siesta, en plena dulzura amatoria.

Su tribuno, encargado de la guardia pretoriana, buscaba con desespero una salida airosa ante el populacho que murmuraba y murmuraba: el puente había colapsado y con ello varias vidas se había cobrado y el comercio entre provincias, cortado y detenido.
Puso a trabajar a sus cónsules para tratar de taponar la vía que se había abierto en los cimientos del Estado romano.
El Senado estaba dividido —unos, totamente contrarios; otros, acérrimos partidarios, encegados ante el deterioro imperial—, ante lo cuál se había decidido una ceremonia de sacrificio a los dioses. Pero nada de proceder a implorar y postrarse ante los dioses en la explanada del Circo Máximo ante Júpiter Óptimo Máximo, no. Era necesario acudir allí donde el pueblo había recibido el azote de la ira divina. Allá se precipitaría hacia adelante el emperador Lucio Casio Tiberio para calmar a los dioses... y para convocar, calmar, engatusar a la plebe y narrar

el relato de los hechos. No podía Él, Princex Maximum, pasar por vulgar malhechor. Alzaría al cielo un puñal y hundiría su hoja brillante en las gargantas de un par de bueyes. La sangre correría en homenaje a los muertos por la catástrofe y a los más que posibles muertos de la futura miseria económica.
Preocupado. Muy preocupado, y lo peor, humillado se sintió el augusto Lucio Casio Tiberio cuando tuvo que suspender sine die la ceremonia de desagravio en la lejana provincia. No era bienvenido el Emperador pues los augurios —una bandada de cuervos cubrió el sol sobre Roma— así lo "aconsejaban". El pueblo de la lejana provincia tenía su propio Dios, aborrecía los otros.

23.1.26

DE LAS DESESPERANZAS DEL ESTADO

«Hará bien, en este caso el Príncipe, convocar de urgencia a sus edecanes, lacayos, funcionarios, sirvientes y emisarios. Una vez sentados en su rededor, el Príncipe ha de saber buscar, escrutar y leer pausadamente aquellos avatares escritos por sus funcionarios amanuenses a fin de que las palabras cual leves plumas vuelen y sobrevuelen desde lo alto de los cielos cualquier argumento acusatorio de los fiscales que ponga en entredicho el buen gobierno de Su Eminentissimo. Con ello convendrá S.E. (si desea salvar los pertrechos y salvarse él mismo), que lo más importante es, no olvidarlo, intentar llevar a cabo cómo sus argumentos han de planear, subir y bajar en función de que las brisas, sean ya suaves, ya tempestuosas, y planeen, ya digo Magnánimo Señor, sobre las cuitas y pleitos que a punto pudieran hacer zozobrar la nave del Estado bajo el mando y pulso del Príncipe. Es decir, buscar bajo los pliegues de las leyes, de los decretos, de las normas proclamadas por el Estado, por cuanto cualquier mínimo texto hará bien, muy bien digo yo, el esparcir sobre el pleito a combatir y batir con maña y saña, aunque con ello haga más fatigoso el deshacer los nudos gordianos que a buen seguro han de formarse: he ahí el objetivo. Esta estrategia, Magnifico Signore, no es otra que, tal cual este servidor lo entiende, vengo en denominar "huid


a hacia adelante". Si el Eminentísimo Príncipe consigue que su perorar cale cual lluvia fina de noviembre sobre la Toscana, no ha de dudar el Príncipe que se habrá ganado el favor, digo más... el fervor de los ciudadanos florentinos, e incluso de los estados vecinos de los anticuados Dux.

No ha de olvidar, Serenissimo Signor, huir, huir siempre hacia adelante cuando el estado se tambalee, que no debéis confundir con el vulgar Excusatio Non Petita, truco vil, que no estrategia, propio sólo del vulgo»

En Florencia, 2 de febrero 1530
Lorenzo Contini, secretario, ayudante, traductor y transcriptor de mi señor Niccolò di Machiavelli.
(Anotaciones no recogidas, así pues recuperadas, de "El Príncipe" cuya autoría es de N. di M.)

18.1.26

AL MANSUR EN LOS PAPELES

Al-Mansur II se apoyaba en las ventanas del palacio califal dejando que el sol acariciase su cara. La primavera se abría paso sobre los jardines y el olor a jazmin y a rosa; también a azahar mezclados todos con el olor de la tierra recién regada avivaban los sentidos de cualquier cortesano. A veces sobresaltaban otros olores, a menta, a tomillo, a romero. Era una explosión de aromas, olores y colores.

El sonido de los chorros de agua de las fuentes, y el aroma dulzón de la mirra y el incienso ayudaban a levantar el ánimo del joven califa. Pero no era fácil. Ni siquiera sus esposas eran capaces de avivar los deseos del califa y señor de Córdoba.

Amina, Zahira y Laila eran sus tres esposas favoritas quienes pasaban sus horas entre el haren y el hamman. Salían cuando los ardores del califa requerían de las habilidades amatorias de las jóvenes cónyuges pero sus atenciones eran cada vez menos requeridas. La joven Subira era el último capricho del califa. Esclava cristiana, convertida al Islam, traida de una de las razzias del norte de al-Ándalus, había resultado ser una excelente amante, capaz de avivar el sexo califal una y otra vez en las noches palaciegas, pero sobre todo había resultado ser una extraordinaria confidente con unas dotes fuera de lo común para llevar los asuntos del Estado y del Califa.

Conocedora de la temporada de alicaimiento de su amado, Subira le propuso que llamara a uno de los cronistas que pululaban por la Corte y le contara las preocupaciones. Subira suponía que su amado y señor, sentiría gran alivio descargando su alma pura para que el cronista lo trasmitiera por todos los rincones del territorio de Alàh y más allá de sus fronteras incluso. Al-Mansur hizo caso de su hermosa esclava y recibió al maestro de la Madrasa principal cordobesa. Se sentaron ambos en el Salón de la Luz Cenital y frente a abundantes bandejas de frutos secos, dátiles, y otras delicias, pasaron a conversar. El cronista tomaba notas mientras Al-Mansur dejaba caer sus cuitas, sus decepciones, sus aciertos, sus anhelos y ambiciones mientras el escribano cronista llamado Al-Mutid al-Muhammad escuchaba, escribía, asentía el arrobado perorar del califa que como los aspersores de agua de los jardines caía sobre los delicados azulejos granadinos. Su vida pasada, sus victorias, su corte, su familia, sus muchos amigos y escasos enemigos. Su ansia de permanecer por muchos, muchos años ¡Inshallah! era lo que le pedía a Dios en cada oración, tantos como sobrepasar el milenio de los infieles.

Pero nada de aquello era real. De sobras era conocida en la ciudad cordobesa y en el territorio del Califato, que Abu Marwan 'Abd al-Malik ibn Abd al-Rahman —al-Mansur para su pueblo—, Califa de los Omeya y Mensajero de la victoria de Allàh, en realidad era un pobre hombre que vegetaba, con todos los lujos que le permitía su estatus de descendiente del Profeta, pero no más, en el vientre materno en que había convertido aquella floreciente, lujosa, extraordinaria morada con todos los lujos y placeres del paraiso en la tierra andalusí, desde la marca del Ebro hasta la ribera del Guadalquivir. Pero todos sabían en la Gran Mezquita que el califa era un prisionero. De sí mismo, pero prisionero.
El cronista se levantó cuando Al-Mansur se lo ordenó dando por terminada la conversación/monólogo del Califa de Córdoba. El cronista partió raudo para transcribir al árabe, al latín y al hebreo la cantinela escuchada. La luz se disipaba ya en el ambiente y el califa apremió a prender los hachones y lámparas damasquinadas para alejar las tinieblas del palacio. Odiaba la oscuridad, la soledad y quería saber por qué hoy los siervos y candeleros se habían retrasado en detener las dos maldiciones que le retaban en sus noches eternas.
La fragancia pegajosa de la 'damadenoche' ascendía desde el jardín. El verano se aproximaba y ya ni marchar a M'dina al-Zhra le apetecía.
—¿Queréis, mi señor que os acompañe esta noche, susurraros al oido mis dulces quejidos de amor y dejar que mis dedos recorran, busquen vuestros recovecos más íntimos, apetitosos, arrancaros dulces sensaciones y gozar ambos? —Subira alzó la vista hacia su señor y zalamera veló su rostro. Al-Mansur se excitó al vislumbrar los ojos de la favorita que reflejaban las luminarias del palacio omeya; la luna, plena en el cielo, también estaba presente.
En Córdoba
Año lunar 380 de la Hégira de Mahoma entre La Meca y Mdina Año 990 del Señor IesuCristo
Año 4750 desde la Creación del mundo
Ibn al-Qurtubi al-Hafiz, Cronista de la Corte Omeya, en Nombre del Altísimo.

12.1.26

ESCRITORES AL TRAVÉS DE LOS ALGORITMOS

Se ofrecen obras escritas al gusto del cliente. Contestas unas preguntas que pueden ser ciertas, patrañas, trolas o sinceridad pata negra; pides un tema amoroso, sexual, familiar, bélico, viajero, etc; una trama compleja, sencilla, básica; un estilo sencillo, farragoso, poético; si te apetece puedes pedir número de páginas determinadas, editado y maquetado. La cubierta, lo que quieras; para el título no hace falta comerse el coco.

Pides todo lo anterior, fácil de hacer y a continuación, la Inteligencia Artificial (bajo múltiples nombres o denominaciones) te enviará a tu casa un ejemplar, o dos, tres, trescientos o tres mil, lo que te apetezca. La IA te convierte en escritor. En principio lo lanzan como una forma de sorprender a un familiar, un amigo, u otros. Pero, y ahí está el peligro ¿quién prohibe que cualquiera le encargue una obra y la haga pasar como propia? Para qué quebrarse la cabeza, hacer trabajar la imaginación, estudiar, documentarse, seguir las reglas de la Ortografía y de la Sintaxis, escribir durante meses, hacerlo legible, entendible, apetitoso de leer y que guste, si es que alguien se digna echar un vistazo. Quien quiera ser "escritor" sin serlo ni ganas de aprender a serlo, quien quiera presumir de privilegio de la dificilísima tarea de escribir, ya lo sabe, la IA a su disposición para convertirte en escritorazo. Eso sí, pagando unos euros las millones de combinaciones que los algoritmos tejen para que tú te conviertas en un Pérez Reverte o una Julia Navarro la IA también puede atribuir la obra a sexos indistintos, o no binarios y tal si así se desea.


Pero vamos, has de saber que es algo así como comprar un espejo para el cuarto de aseo, con una imagen puesta por la IA y devuelta de Brad Pitt o Nicole Kidman cuando el/la que mira es uno o una más del montón. De ilusión se vive, eso sí, pretendiendo engaritar, engañar, estafar a los demás mostrando lo que no se es. Y lo insoportable, engañarse a uno mismo.
La IA está ahí y puede salvar millones de vidas, por ejemplo en un quirófano, operando al milímetro, y ni uno más o menos, el tejido o el órgano dañado. Pero nunca suplir la capacidad de algunos seres humanos de inventar palabras nacidas del cerebro, pero antes, de lo que carece la inteligencia artificial, del corazón y de las emociones.

11.1.26

1,2,3 GOLPEA OTRA VEZ

En la intimidad de su gabinete presidencial, un documento acababa de ser firmado, sellado y lacrado. Lo guardó en la caja acorazada de su despacho. El presidente Viktor Kutnestov, de la antigua comunidad soviética —la República de Azaniya—, acababa de sellar el destino de la perla de los Urales, un hermoso pais entre montañas y rios, enclavado en medio del vasto ex-imperio zarista. Él, joven presidente gustaba del poder... a ser posible omnímodo.

El plan, que daría a conocer en su momento, consistía en tres fases:
Punto 1) Contacto, chantaje y compra de los líderes periféricos, enemigos de la Nación. A saber eran las regiones Valtania, rica en recursos naturales; Lavoria, con una acusada identidad cultural; y Kalonia, región separatista y la más conflictiva. Unidas entre las tres a odios y fobias comunes, a golpes y activismo armado. El dinero estatal era el lazo de unión aunque en el fondo se odiaban. El resto de las regiones, el presidente Kutnestov él lo sabía, era fruta madura y sumisa: ningún problema.
Punto 2) Solicitud de confianza al Parlamento Nacional de Azaniya. Había que guardar las apariencias dando visos de normalidad democrática, progresista, reformista, feminista, ecologista, pacifista, y tal.
Punto 3) Llegado el periodo electoral en el territorio de la República de Azaniya, convocar de urgencia al parlamento y agitar, con ayuda de los medios de información afines y comprados, una supuesta Alerta Nacional sobre el avance del fascismo y la derechaextremaderecha —que suena muy dramático— y la necesidad de aplazar las elecciones "para evitar que las fuerzas reaccionarias hagan retroceder los derechos de los y las trabajadoras y trabajadores y no dejar que las fuerzas enemigas de la democracia obliguen a volver a las profundidades de los hogares a las mujeres perdiendo así sus derechos reformistas y progresista —(algo así, muy rimbombante y fácilmente digerible por el personal)— hasta la derogación de dicha Alerta por el Parlamento, una vez decidido por el Parlamento que la Alerta ha decaido o los fascistas, ya de paso son neutralizados". Todo planteado y expuesto con todo el dramatismo posible. Bien sabía el presidente que una mentira cuanto más gorda y exagerada, más fácil engaritar a todo un pueblo.
Era un plan meditado, estudiado, planeado, con dichos tres puntos maestros, aunque el 3 estaba abierto a esa u otra Alarma cualquiera como pandemia nueva, holocausto climático o emergencia de lanzamiento de missiles desde el otro lado del mundo. Ya se vería...
En pleno desarrollo, el 1. Tal vez el más dificil por ser el primer envite que podría ser traumático para la sociedad, aunque tenía buenas esperanzas.
Las tres regiones insumisas, díscolas, insolidarias, con líderes embravecidos, algunos de ellos al margen de la ley por causas gravísimas, eran conscientes de la debilidad del gobierno y estaban maduros para chantajear y ser chantajeados. El primer contacto con el opositor valtano Oriolef, aparte de los consabidos insurgentes y descontentos que lo habían criricado con escaso eco, había sido todo un éxito. Las siguientes regiones eran así, mucho más sencillo de dirigir a base de un par de migajas que contentaran a la población.
¿Los puntos 2 y 3? ¡pan comido! Parlamento manipulado, Estado de Alerta Antifascista u otra, y fecha electoral sine die, ad calendas grecas, es decir cuando el dictador Kutnestov, apoltronado, dicte.
Los siguientes puntos, en estudio, el 4 sería de Represión, Depuración y Neutralización de la Oposición y 5 de Nueva Constitución imperial con la entronización de Su Persona. Rondaban ya en la mente trastornada...
Cerró con la combinación ultrasecreta "PARIASDELATIERRA" la caja fuerte del despacho. No se fiaba de nadie, ni siquiera de su propia esposa Anna Gommonova.

31.12.25

MITOLOGÍA DEL PUNTO FINAL

 MITOLOGÍA DEL PUNTO FINAL



31 Diciembre 1665 del Señor
El Señor del inframundo se creía invencible. Contaba con toda la corte que él había convertido en cohorte de aduladores, rasteros, correveidiles, sérvulos del tres al cuarto y todo un ejército de pequeños seres emitiendo agudos chillidos y sonidos guturales tal que el Señor de las tinieblas se creía el Ser Superior. Lideraba un ejército de soldados fieles hasta la muerte eterna, todo sea por Belcebú. Contaba con el Gran Edecán, guardián de las puertas del Averno.
Mas hete aquí que el edecán cayó y calló, sí, en desgracia y mudo para toda la Eternidad respectivamente. Las puertas del Infierno quedaban desguarnecidas y el Leviatán supo que su caida al fuego inextinguible era inminente.

Fuente: El Codex das Sombras Infernais.
Lisboa, a las puertas de 1666, Fin de los tiempos

16.12.25

MIEL PARA MOSCAS

Estaba recostado para ser rasurado y depilado todo su cuerpo. Mientras el barbero real cumplía su misión, el dios, con los ojos cerrados elucubraba y hacía planes de futuro. Acababa de llegar al trono de la tierra de Sekmet y consideraba que había al fin llegado su hora. El cuerpo del dios iba poco a poco siendo desprovisto de todo rastro de vello superfluo; primero era la cabeza, las cejas y pestañas, eliminado todo rastro de impureza. El escribano y consejero Ammyt, servidor de Ra, escuchaba, asentía y escribía en un papiro atento a las palabras del dios. En la cámara real se escuchaba el trino de los pájaros en los jardines y el suave raspado de la hoja de afeitar y las cremas exfoliantes. Eran las palabras del Señor de las Dos Tierras para ser transcritas:
—Sean retirados todos los vestigios de la reina. Retírense los bustos de la mujer que ejerció como faraón de la Capilla Roja del Templo de Karnak. Prohibida sea su mención entre uno y otro confín de la tierra negra de Egipto, que desaparezca su recuerdo. Es voluntad de mi divina persona que toda alusión escrita o pintada en la sagradas paredes de cualquier templo o estela, muro o pedestal, sea arrancada la piedra o esmaltes que hasta ahora han representado a la reina usurpadora —levantó su dedo índice— que los dioses la olviden por toda la eternidad y la dejen en la sima del Inframundo. En su lugar se restituyan, es mi voluntad y mi orden a los tallistas y pintores o arquitectos, los nombres de mi real padre y mi real abuelo, los dioses Tutmosis II y I. 
El dios hijo y nieto —Tutmosis III— elevado al trono de las Dos tierras, abrió lo ojos y ordenó detenerse al barbero real con un gesto. Aún le faltaba ser rasurado y afeitado el resto del cuerpo que el faraón mostraba desnudo sobre la camilla. Miró con reprensión al escriba, quien parecía dudar. 
—Mi señor ¿hemos de remover la tumba de la... y arrojar sus restos a las alimañas del desierto? —se atrevió a preguntar dubitativo el fiel Ammyt deteniendo el cálamo sobre el papiro. 
—No —zanjó tajante el dios Tutmosis—. Es mi voluntad seguir las enseñanzas del sagrado Libro de los muertos; el cuerpo está ya en manos de Annubis, su alma ha sido pesada por Osiris y su destino ha de ser el vagar eternamente en el Amenti. Es el destino de la usurpadora. 
—Mi señor y dios de Egipto... —el escriba sentía necesidad de hablar; bajó la mirada y dejando el cálamo, extendió implorando las dos palmas de sus manos hacia el faraón— si me permite mi señor hacer notar a este humilde siervo... 
—Detente, mi buen escriba, tu insolencia me irrita —Tutmosis III hizo un gesto para que el barbero real continuara el proceso de eliminación del vello corporal del faraón. Los pectorales del dios, oscurecidos por una leve pilosidad, se convertía en una suave piel cuando el barbero lo rasuraba y le ungía con suave aceite de coco del desierto líbico.— Sean mis palabras ley que todo mi pueblo ha de cumplir. —Pero mi Señor, dueño y dios del alto y bajo Egipto —el escriba humilló la cabeza temiendo la ira por aquella recalcitrante y osada insistencia—. Ha de saber mi señor que el alma humana es, muchas veces, previsible, que las energías gastadas en eliminar todo vestigio de memoria es muchas otras tantas veces como miel para las moscas y los intentos de obligar al pueblo para olvidarse del enemigo, el pueblo lo considera, por contra, un acicate, y cabe la posibllidad de que el pueblo en lugar de olvidar para siempre, recuerde también para siempre, sin lograr los objetivos previstos. 
Se hizo un silencio aplastante en la cámara real del templo de Tebas. El barbero detuvo la cuchilla a punto de comenzar a rasurar el divino sexo de Tutmosis; el escriba contuvo la respiración. El faraón enarcó el lugar que minutos antes habían ocupado las cejas. Parpadeó sin pestañas. Se incorporó y su cuerpo a medias exento de vello refulgió brillante cuando los rayos solares incidieron en su divino cuerpo. Este levantó las palmas de las manos en actitud de hablar. 
—No me mueve la venganza hacia la usurpadora y maldita Hatshepsut. Nunca ha sido esa mi intención puesto que la venganza es impropia de Nos, los dioses —Tutmosis III, llamado también Menjeperra Dyehuthymose amagó un gesto de condescendencia hacia su ministro escribano para que no tomara sus palabras ni siquiera para recogerlas negro sobre blanco—. Mi divinidad no necesita la venganza... sino el propio aprovechamiento interesado de la Maldición de su Memoria. Necesito que mi pueblo hable, murmure, cabile, rumíe, difame, ajuste sus cuentas personales entre sí o, en la intimidad, adore y añore a mi antecesora, usurpadora y profanadora de la corte divina de Egipto; que la memoria de la reina que ejerció como faraón de forma blasfema sea como tú mismo has dicho: miel para las moscas; es decir, ¡prohibamos para que el pueblo de Egipto ignorante, añore y desee! Que el simple recuerdo de la usurpadora Hatshepsut sea la yesca que proporcione del pedernal la llama del odio entre el pueblo para encender los espíritus a favor y en contra. Necesito ese tiempo estéril de cuitas del pueblo, para hacer a Mi real gusto un pais que extienda los dominios más allá del desierto y de las fuentes del Nilo. 
Hizo un breve gesto Tutmosis III, y el escriba se retiró sin dar la espalda al señor de Egipto desapareciendo tras la puerta de la cámara privada. 
El barbero, sordo y mudo, encargado durante años de rasurar los cuerpos de los dioses y sus esposas reales, así como de los sacerdotes del templo —su lengua había sido cercenada y sus tímpanos taponados con brea hirviente para hacerle testigo fiable— tomó con delicadeza el diminuto y fláccido miembro viril del dios faraón Tutmosis el Conquistador, y comenzó a rasurarlo con especial tiento y mimo.
«Tutmosis III, vida y muerte gloriosa» 
(Meret-Nefer, cronista de la corte de Amenofis II)

Los dioses y Dios

Preocupado. Muy preocupado Lucio Casio Tiberio pues un asunto menor en los confines del imperio le estaba fastidiando en extremo. Un banal e...