MARCUS RODICUS CALIGAERUS
AD. SENATVM. ADESSE. IVBETVR
hasta 'atriensis' y nada menos que 'dispensator', es decir contable y administrador de la domus de Rodicus. Actos sociales, matrimonios, bodas, nacimientos, reuniones conspirativas, infidelidades amistosas y amatorias, sexo, poder y dinero; todo era advertido por el liberto Cornelio. Así pues, todo, todo lo guardaba el liberto en su memoria pues un esclavo no era sinónimo de torpeza como en el pasado se creía. Había asistido a la caída de Rodico como padre de la patria y de cómo se retiró a meditar desde una de las colinas de Roma viendo como pasaban las nubes de infinitos tamaños y aspectos arrastradas por el viento de los dioses, únicos amos. Pero no se le escapa al liberto Cornelio Apolonio cómo inopinadamente su amo comenzó a realizar viajes y a recibir mensajes y mensajeros. Cómo su augusta esposa Rodicia y sus hijas —Nausica Maioris y Nausicaa Minoris—, formaban un extraño vínculo con personajes que innumerables veces visitaban la casa procedentes de los más remotos lugares del mundo conocido. Propiedades de yacimientos de oro, de plata, de cobre de Onuba, provincia de Hispania citerior, y de las Médulas en la Hispania ulterior, cargamentos de trigo de Tracia con destino a las provincias más pobres retenidos para encarecer en diez lo que el imperio había comprado por uno, embolsándose la trama corrupta y corruptora nueve, de propietarios de postas de viajeros atravesando el imperio, ayudados ilegítimamente a cambio de sobornos. Había sido testigo de conversaciones donde se hablaba de negocios turbios, de obras públicas a realizar en las provincias del imperio hinchándose los costos de forma fraudulenta, de viajes entre Roma y Lusitania, Hispania, Panonia, Tracia o Britania. Y hablaba el encausado y encartelado mezclando intereses ajenos y propios, o de su esposa y de sus hijas, con un punto de desvergüenza mezclando conceptos, nombres, cantidades, sobornos, regalos, 'prevaricatio', amigos y enemigos, amenazas y advertencias, sacos repletos de denarios y millones de sestercios sin el menor pudor, sin contenerse ante la presencia de extraños sabiendo que aquellas ingentes fortunas pertenecían al emperador y por ende al pueblo. Aquel senador, viejo zorro en lides parlamentarias no se paraba en barras a la hora de proponer arteras maniobras conque recaudar para su pecunio caudales pertenecientes al Imperio. Pero había traspasado una línea terrible: la traición al imperio que era lo que resumía aquel tropel de indicios que el Derecho y las Leyes de Roma consideraban una prueba.








