Bloc abierto de par en par

© El blog con cero lectores, pero aquí estoy en el espacio de mi libertad. No espero a nadie aunque cualquiera es bien recibido. Gracias a mi BLOC ABIERTO DE PAR EN PAR donde encontrarás desde 2009 temas variados.

20.2.26

SUSPIROS DE BRITANIA

Con un leve gesto indicó a la doncella que le sirviera el té. No pudo aguantar un rictus —que esperaba hubiera pasado desapercibido a su sirvienta personal— pues las noticias no podían ser peores. Por el gran ventanal llegaba el sutil tintineo de la lluvia de la campiña inglesa sobre los cristales y la consabida tenue neblina de finales de febrero se extendía sobre el cuidado césped. La docena de cavaliers y cookers correteaban por el jardín al cuidado del Perrero Real.
Ordenó que le pasaran un resumen de prensa —The Daily Telegraph y The Times, entre los 350 periódicos ingleses— mientras sorbía el té fresco de Ceilán en su justa temperatura y mordisqueaba una pasta regalo de su primo el rey de Dinamarca.
El Secretario de Cámara le dejó el resumen y lo leyó.
Su Majestad dejó la taza. Debería tomar cartas en el asunto pues aunque no peligraba la estabilidad de la Corona, sí era una mosca en el interior del Dormitorio Real: un palmetazo sería suficiente. Pues bien podría soportar que su real hijo hubiera traido consigo una joven mulata que no se sabía muy bien si era en misisón de doncella, acompañante, ¡novia sería un despropósito!, o tal vez como decía un tabloide, una mezcla de todo ello que la convertía en una mujer de servicio a cambio de la manutención "integral" de Su Alteza. Si ello fuera así —meditó S.M.— ya se encargaría en otro momento de aclararlo con él, prisa no había.
Lo que de ninguna manera estaba dispuesta la Reina de Inglaterra, ella, Victoria, era consentir que su hijo William le hubiera pasado la receta de la "Crema de Suspiros" a la Corte de España a cambio de una tonelada de naranjas amargas sevillanas para mermelada. Y es que la ligera crema hecha con claras de huevo batidas hasta el punto de 'suspiro', un poco de azúcar glass de Jamaica y un toque de extracto de rosa de pitiminí gibraltareña, llamada Crema de Suspiros, era la estrella de los postres de Inglaterra victoriana considerado Alto Secreto de Estado; y a Willy, caso de confirmarse este acto ordenaría llevarlo a la Torre de Londres acusado de Alta Traición Culinaria, delito castigado a comer diariamente durante la condena, Fish and Chips breakfast, lunch and dinner. El Imperio británico no podía consentir según qué cosas.
Su Majestad Victoria, reina de Inglaterra, soberana del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda, emperatriz de la India y otros territorios de Ultramar ordenó retirar el servicio de desayuno. La mañana se presentaba atareada con los asuntos de Estado. Ordenó a su ayudante de Cámara poner la última obra de un tal Maurice Ravel en el fonógrafo. Cuando se le presentaba mal día gustaba de escuchar las notas de la 'Pavane pour une infante défunte. Con la cosas de comer no se juega, pensó. Llovía sobre la dulce y verde Britania y su gato preferido Emerit se subió al real regazo...

Con un leve gesto indicó a la doncella que le sirviera el té. No pudo aguantar un rictus —que esperaba hubiera pasado desapercibido a su sirvienta personal— pues las noticias no podían ser peores. Por el gran ventanal llegaba el sutil tintineo de la lluvia de la campiña inglesa sobre los cristales y la consabida tenue neblina de finales de febrero se extendía sobre el cuidado césped. La docena de cavaliers y cookers correteaban por el jardín al cuidado del Perrero Real.
Ordenó que le pasaran un resumen de prensa —The Daily Telegraph y The Times, entre los 350 periódicos ingleses— mientras sorbía el té fresco de Ceilán en su justa temperatura y mordisqueaba una pasta regalo de su primo el rey de Dinamarca.
El Secretario de Cámara le dejó el resumen y lo leyó.
Su Majestad dejó la taza. Debería tomar cartas en el asunto pues aunque no peligraba la estabilidad de la Corona, sí era una mosca en el interior del Dormitorio Real: un palmetazo sería suficiente. Pues bien podría soportar que su real hijo hubiera traido consigo una joven mulata que no se sabía muy bien si era en misisón de doncella, acompañante, ¡novia sería un despropósito!, o tal vez como decía un tabloide, una mezcla de todo ello que la convertía en una mujer de servicio a cambio de la manutención "integral" de Su Alteza. Si ello fuera así —meditó S.M.— ya se encargaría en otro momento de aclararlo con él, prisa no había.


Lo que de ninguna manera estaba dispuesta la Reina de Inglaterra, ella, Victoria, era consentir que su hijo William le hubiera pasado la receta de la "Crema de Suspiros" a la Corte de España a cambio de una tonelada de naranjas amargas sevillanas para mermelada. Y es que la ligera crema hecha con claras de huevo batidas hasta el punto de 'suspiro', un poco de azúcar glass de Jamaica y un toque de extracto de rosa de pitiminí gibraltareña, llamada Crema de Suspiros, era la estrella de los postres de Inglaterra victoriana considerado Alto Secreto de Estado; y a Willy, caso de confirmarse este acto ordenaría llevarlo a la Torre de Londres acusado de Alta Traición Culinaria, delito castigado a comer diariamente durante la condena, Fish and Chips breakfast, lunch and dinner. El Imperio británico no podía consentir según qué cosas.

Su Majestad Victoria, reina de Inglaterra, soberana del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda, emperatriz de la India y otros territorios de Ultramar ordenó retirar el servicio de desayuno. La mañana se presentaba atareada con los asuntos de Estado. Ordenó a su ayudante de Cámara poner la última obra de un tal Maurice Ravel en el fonógrafo. Cuando se le presentaba mal día gustaba de escuchar las notas de la 'Pavane pour une infante défunte. Con la cosas de comer no se juega, pensó. Llovía sobre la dulce y verde Britania y su gato preferido Emerit se subió al real regazo...

19.2.26

Dea Apocriphus Omnium

Con engaños consiguió que entrara en sus aposentos. Al verla, el prefecto del pretorio decidió que a aquella beldad iba a hacerla suya. Ya la había visto en las últimas ceremonias ante el altar de los dioses y él, prefecto del pretorio nombrado por el emperador, se dijo que era el bocado ansiado, aun sabiendo que las sacerdotisas eran intocables y un pecado horrendo a ojos de Vesta tocar incluso el pliegue de sus tocas. Pero ver a aquella vestal alzando al cielo de Roma una imagen de Palas Atenea le había hecho sentir que el deseo de poseerla superaba todas las barreras que los dioses habían levantado en el templo de Vesta.

Entró la joven virgen en los aposentos y Cassius Vindex sintió como su miembro se endurecía. Sonrió mientras Livia Caelestis, la vestal primera, cayó en la cuenta de que el prefecto no quería otra cosa sino su sagrado cuerpo. Pero era tarde, Cassius se acercó a Livia. Puso su mano en el hombro desnudo, blanco, suave y apetitoso, le arrancó con tirones violentos las prendas que la vestal lucía simboñizando su sagrada misión: la 'ínfula' blanca que cubría su cabello; el leve manto 'subfíbulo' que le caía por los hombros; finalmente la túnica 'palla' sujetada con el cinturón, que cubría su virginal desnudez. El prefecto la arrojó sobre el frio suelo de la estancia pretoriana. El mismísimo encargado de cuidar del emperador, el primer soldado encargado de mantener el orden en la ciudad de Roma se arrancó su túnica, se tendió sobre la sacerdotisa, su miembro erecto buscó el sexo virginal, y lo hoyó.

Lo penetró haciendo más gratificante el acto ignominoso por la resistencia y los gritos ahogados de la vestal que lloraba vencida sobre el ensolado de mármol de Carrara. Cassius se derramó dentro del virginal recinto sagrado, descansó unos segundos echando el aliento jadeante sobre la víctima, y se levantó sabiendo, ahora sí, haber condenado a aquella mujer deseada que muy pronto sería arrojada, despeñada, desde lo más alto de la Roca Tarpeia porque la justicia romana se había convertido en una prostituta entregada al mejor postor. El imperio —¿quién osaría dudar del encargado del orden cívico?— estaría a su favor así como las más altas instancias palaciegas. Y qué, si había holgado el Prefecto, se diría en los foros. Valdría su palabra.

No sintió piedad alguna de la sacerdotisa que continuaba gimiendo en el suelo. El prefecto se colocó su túnica viril y mandó llamar a la guardia pretoriana para que la servodora de Vesta fuera conducida a su templo. Ayudó a Livia Caelestis a levantarse y componer sus mancilladas vestiduras y su cabello.
El poder político había vencido al poder divino.

Una rasgadura más en el telón del escenario en que se había convertido la vida en la Ciudad. Un jirón más, imposible de recoser sin que se notara. Cassius Vindex se desentendió de la mujer convertida ahora en un guiñapo inservible, aunque bien sabía que no solo había mancillado el honor de la sierva, vírgen, sacerdotisa, —y mujer—, sino el honor anestesiado e insensibilizado pueblo.
Vale

18.2.26

CARETAS FUERA

Un desahogado. Un irresponsable paseando por la sala privada. Pero él seguía aunque cada día sentía el silencio a su alrededor, pero no era un silencio de respeto sino de su falta.

Y uego el impedimento de salir a las vias y foros romanos donde otrora el pueblo lo vitoreaba. Ahora eran insultos y alejamiento de la plebe hacia las orillas del Tiber impidiendo gritar toda clase de insultos e improperios. Prefería ya permanecer en el interior de su Domus Imperial paseando entre los altos muros, aunque en soledad.

Malos vientos le transmitían sus vasallos.
Cada día un nuevo caso de corrupción cuando no de delitos. El jefe de su guardia pretoriana cometiendo delito contra la virginidad de las vestales. Delito grave castigado con la muerte.
Y luego, la pretensión de parte del Senado para que las mujeres, -nuevas ciudadanas romanas, procedentes del interior de las provincias del Ponto, de Siria, de la Cirenaica, conquistadas por Roma- eran insumisas a los dioses romanos y seguían orando a sus dioses, y vistiendo a la manera oriental, ocultando sus rostros con lo que se impide la total visibilidad e identidad a los demás ciudadanos de Roma. El senado se divide y algo tan banal se le está convirtiendo al joven emperador en un quebradero, uno más, de cabeza pues demuestra la hipocresía entre la teoría y la práctica. Hasta dónde son capaces de dilucidar entre la cabeza y el corazón.
Pero él, Lucio Sejano, dejaba hacer. No se mancharía con las menudencias de la política. Él estaba empeñado en erigirse en campeón de la paz y en árbitro de las relaciones entre los imperios.
No podía salir a darse los baños de masas por miedo a la "analfabeta" plebe pero ello no le importaba ¡por todos los dioses! pudiendo llevarse a media corte imperial a agasajar a los emperadores de confines lejanos; con ellos Él, augusto emperador, se sentía seguro y se atenuaban los crujidos de las paredes maestras del decrépito imperio.
Sea.

16.2.26

RASPUTÍN Y MAQUIAVELO MAQUINAN (I)


Desatado. Era el calificativo que mejor le cuadraba en su deriva personal. Sus mentores le habían metido en su cabeza el mejor método para mantener el poder. Nada de leer a los clásicos griegos padres de la democracia, a los filósofos orientales para el gobierno compasivo, o al más retorcido político como era Maquiavelo. Nada de todo ello le llevaría a ninguna parte, los asesores cada día le comían la cabeza, así que su "Rasputín" de cabecera se dirigió una buena mañana al Supremo Señor, y se lo cascó:
—Excelencia, Señor. No turbéis en demasía vuestra mente. Vuestro humilde siervo, Amo mío, ha pensado y recapacitado por Vos. He realizado un esfuerzo extraordinario en busca de vuestro bueen gobierno y he procedido a leer los viejos libros que duermen el sueño del olvido. He desempolvado viejas Actas, abierto volúmenes incunables, desplegado mapas, planos, árboles genealógicos. —Abreva —Su Excelencia el Condeduque, gustoso de juguetear con las palabras con que zaherir al personal, miraba a través de los ventanales admirando los ciervos que pastaban tranquilos por las praderas y jardines de palacio— no tengo toda la mañana pues debo acudir al fastidioso Consejo Menestral.
—Lo sé, mi bienamado Señor —el "rasputín" así llamado por el resto de la comparsa palaciega disfrutaba siendo la gran cabeza receptora de los palos y zascas 'regios'—. Y es por ello que al encontrar la solución a vuestros problemas de gobierno hemos llegado a la conclusión de haber llegado el momento para dar el golpe definitivo. —Desembucha —el Condeduque apartó la mirada del cielo madrileño de grandes nubarrones. Se sentó en la poltrona y regaló con una fría mirada al rasputín palaciego—, a ver qué ha tramado tu cabecita —el rasputín miró a través de sus gafas de culo, de botella, y sonrió feliz de haberse granjeado otra puyita más de su Amado Lider. Su disfrute lindaba cada día más con el placer masoquista, sobre todo cuando los latigazos provenian de su lider sado.

—A ver, mi señor. Simple como el mecanismo de un sonajero. Firmad decretos a mansalva y distribúyanse por los antiguos dominios de la España imperial. Pero lo novedoso, Mi Señor, es que se facilite y se conceda la ciudadanía española; se exija a cambio la lealtad a Vuestra Divina Excelencia. ¿A quiénes?, se preguntará Su Excelencia. A todos aquellos que vivan entre nosotros, por supuesto. Pero también a aquellos que residiendo en cercanos y lejanos paises independientes, hayan sido en el pasado siervos, esclavos, señores, funcionarios, trabajadores, plebeyos o príncipes de nuestro glorioso pasado. —el Condeduque por primera vez miraba a su servil siervo con cierto interés. —A ver, Raspu. ¿Quiere decirse que vamos a abrir las puertas de nuestro reino a "bárbaros" de otras latitudes? ¿Con qué derecho? —Rasputín sonrió sibilinamente, satisfecho de haberse ganado por fin la atención condeducal. —¡Con el derecho de ciudadanía retenida y suspendida! A saber: Roma y sus descendientes de vasallos hispanos; norte de África hasta bien entrado en los desiertos del Sáhara y la Guinea Ecuatorial; toda la América del sur, del centro y de la costa oeste los Estados Unidos, incluido Nuevo México, la Luisiana, Nueva Orleans, Tejas y otros antiguos dominios. —Rasputíncongafas se relamía de gusto ante el plato repleto de grandes viandas y frutas que le presentaba al du-conde, imposible de rechazar. —Pero díme —esta vez se abstuvo de motejar al correveydile —¿cómo vamos a mantener a tantos miles y miles de miles de nuevos siervos de Mi reyno, eiiin, sin trabajo para tantos? —Muy fácil, señor: subid los impuestos de los españoles que para eso contamos con sus certificados de pureza de sangre y tributos, así pagaremos a los nuevos ciudadanos. Y a los que hayan tenido alguna relación con nuestro reino, nada. Pero sí tendréis, mi Señor, su lealtad firmada y confirmada, con lo que nos aseguraremos la dulce estancia en las estancias del Poder. El Duqueconde se levantó, pensativo, y otra vez atado, rumió aquel plan. Ni Maquiavelo con toda su parla podría haberlo planeado mejor. El rasputín se le estaba adelantando y demostrando que le estaba haciendo sombra, pensaría cuándo —ya estaba sentenciado— se deshacía de él. (Continuará)

14.2.26

Agua va sobre España


Por orden cronológico, políticos amigos y enemigos del agua.


-Imperio Romano
Cesar Augusto, Trajano, Claudio, Octavio Augusto:
Embalses, pantanos y obras por doquier. Ejemplos: Proserpina-Emerita, Acueducto de Serobriga, Toletum, Onuba, etc.

-Dinastías omeyas, nazaríes y musulmanas:
Acequias, conducciones, recursos. Irrigaciones. Ornamentación de la Alhambra, Medina Zhara, Sevilla y otros.

-Monarquías de las casas de Austria, Hasburgo y Borbón:
Felipe V:
Intento de unir el centro de España y el Cantábrico a través del Canal de Castilla.

-Dictadura
Primo de Rivera acometió grandes obras de infraestructuras hidraulicas, pantanos sobre todo, y otras. Creó las Condeferaciones Hidrográficas.

-República
Impulsó el Plan de Obras Hidraúlicas y proyectó grandes obras para regar la España seca.

-Dictadura de F-------- F-----
Llevó a cabo muchas obras proyectadas por el régimen republicano anterior. Se construyeron grandes pantanos: Gabriel y Galán, Alcántara, Iznajar, Santa Teresa, Aldeadávila, Alarcón (trasvase Tajo-Segura) y muchos otros por toda España.

-Monarquía parlamentaria. Juan Carlos I
Presidentes de gobierno
Suárez: Cero en agua. Gastó el tiempo en la Transición
González: Cero en agua. Gastó el tiempo en meternos en Europa
Aznar: Sobresaliente (Redactó el Plan Hidrológico Nacional con el fin de repartir el agua con el trasvase del Ebro hacia la España sedienta.
Zapatero: Nefasto. Derogó en su primer primer día el PHN del anterior.
Rajoy: Cero por cobarde, no quería pasar por facha reinstaurando el PHN derogado por el anterior. Y pudiendo, no lo hizo.

-Monarquía "seudoparlamentaria". Felipe VI
Por último ¡TACHAAÁNNNNN!:
Sánchez: Abrazó la Agenda Globalista ONU 2030 que quiere hacer del planeta un 'mundo feliz'. Así que, demolición de muchas obras, pantanos, presas, diques que hasta ahora contenían, controlaban, repartían, distribuían el agua embalsada. Este nefasto y nefando presidente nos deja con los valles a merced de las danas y de las borrascas de nombres propios e inclusivos; a merced de las aguas bravías, incontroladas e incontrolables, haciendo bueno lo de agua que nos has de beber, déjala correr.

NOTAS DE IMPORTANCIA:
1) El líder de la Oposición luce -tal vez por temor a ser "fachado de tacha"- la insignia de la Agenda 2030.
2) Nótese que para referirme a uno de los dirigentes he usado las abreviaturas de su nombre y apellidos prohibidos, cancelados, eliminados de la Historia por mor de la denominada Ley de Memoria "Histórica" y "Democrática", es decir de la desmemoria sectaria. Pero como no quiero se detenido, censurado, depurado he optado por guardar mis archivos en lugares ocultos y burlar la ley. Quien desee conocer detalles, póngase en contacto por privado mientras se pueda...
Agua vaaaaaaaaaaaaaaaaaa...

12.2.26

A, ante, bajo, cabe, con, contra, de, desde, en, entre, hacia, hasta, para, por, según, sin, sobre, tras EL PUENTE.

 Casio Severo regaló su augusta comparecencia al Senatus, aunque de hecho todos sabían que la presencia del emperador había sido forzada. Desde el sitial —su ego le impedía situarse en medio del auditorium como todos los pater conscriptis— con voz compungida se dolió de las muertes y el sufrimiento de los ciudadanos por el colapso del puente sobre el río Tiber a su paso por la región tiburtina. Se depurarían, dijo con voz monocorde, responsabilidades por el uso de maderamen de vulgares árboles de castaño, más baratos, de menor calidad en lugar de maderas de cedro de los montes libaneses, más caros, de más calidad. Buscaría a quien demandar sus obligadas funciones y le haría responder si por casualidad había pervertido alguna.

El senador de la facción de los populares se levantó fiscalizando, como era su deber, la labor de la Roma estatal, echó en cara al emperador su escasa compasión para con las víctimas civiles del accidente del colapso del puente y le exigió levantarse de la silla curul, desabrochar la túnica, descalzar sus pies y abandonar el Senatus y la Domus Augusta para siempre. El emperador sin embargo se levantó, cerró los puños, sus mandíbulas se encajaron marcando profundas arrugas de su otrora faz digna de bellos y esbeltos dioses, abandonó su ensayado tono lastimero, miró con sincero odio a su oponente y con voz trémula de ira, señalándolo, dijo:

—Los puentes del imperio son seguros. ¡Y tú, senador, más culpable... de otros incidentes!

El senador, ajeno a toda responsabilidad dado su inexistente pasado ejecutivo, ante aquella cínica, indigna y mendaz respuesta, en medio de un escandaloso clamor a favor y en contra de los oradores, respondió con voz serena, deletreando y vocalizando cada palabra:

—Emperador Casio Severo, algún día comparecerás ante la justicia de Roma y habrás de responder por ti, por tus actos y por el de tus tribunos y jefes de obras de vías imperiales, de tus protocolos polvorientos, de proyectos olvidados en los anaqueles bajo tu cuidado donde se establecen cómo ha de realizarse ¡EN PIEDRA ETERNA SUJETADA CON HORMIGÓN IDEADO POR NUESTROS EXCELSOS INGENIEROS —dejó el padre de la patria correr eternos segundos— ... Y NO CON OBSOLETA, CORROMPIDA Y PODRIDA MADERA! para así conservar para generaciones venideras el fruto de la ingenieria romana. Haré que respondas ante el pueblo y pidas perdón —el senador se crecía porque sabía que el augusto tenía los pies de la misma madera del puente caido y estaba desnudo de dignidad—: a los dioses, a la ciudad de Roma... y... a nuestros conciudadanos víctimas de la desidia.

El emperador Casio Severo, Dictador, se levantó con ímpetu airado, miró con desprecio a la parte de la facción de los 'populares', sonrió con una mueca a sus partidarios 'optimates', y echándose la túnica sobre sus hombros donde le sobresalían sus cadavéricas clavículas, abandonó la Sala de la Soberanía de Roma, el Senado, precedido de una cohorte de sumisos siervos abriendo paso, limpiando con sus propias lenguas las losas por donde iba pisando el soberbio, sobrado soberano.

Sobre Roma el reloj de la Historia parecía haberse puesto en marcha camino ya del final. Sea

7.2.26

ASENTAMIENTOS AUGUSTOS ANEGADOS

Le daba vergüenza mostrar la lápida que había aparecido en los trabajos de demolición. Sentía cierto pudor y la tenía en un cuartito de su despacho. En realidad el neoemperador 3.0 había olvidado el acto en sí, cada día más lejano en el tiempo. De vez en cuando —lo llevaba en el sueldo— debía soportar alguna que otra manifestación de rudos y tercos agricultores y ganaderos provincianos pidiendo agua. Pero vamos, unos claxonazos, unos gritos, cuatro pancartas en un par de tractores y una pequeña carga policial eran suficiente para acallar aquella molesta turba. Eran unos pesados recalcitrantes que no querían escuchar sus razonamientos. La Agenda 2030 se iba a aplicar fuera como fuese; él, emperador del siglo XXI no quería pasar como un gobernante negacionista del cambio climático. No, no y mil veces no. Y así pasaban los meses y los años. Cuando más sed pasaba el campo, la lluvia venía en el momento oportuno para acallar las protestas y él seguir sesteando en su palacio-burbuja.

Pero la suerte estaba empezando a cambiar. Semanas llevaba sin dejar de caer agua. A los embalses de los inquitantes 10% de capacidad enseñando sus fondos de lodo, le habían seguido —y en ello estaba media nación— unos dias de compuertas abiertas en los pocos embalses que quedaban en las cuencas de los rios grandes y pequeños. La Agenda 2030 ordenaba el cauce natural de los ríos sobre unos valles idílicos. Nada de contener aguas, nada de limpiar cauces y riberas, la Agenda marcaba la Sostenibilidad para el planeta y él, neoemperador, se había apuntado con fervor sin encomendarse a nada ni a nadie.
Entró al cuartito secreto de su despacho oficial y desempolvó la lápida de mármol. Volvió a leer el viejo grabado en latín y rememoró su texto pues lo sabía de memoria —se lo había traducido el profesor de Historia de su hijo pues el ministro de Cultura no tenía ni zorra, idea, de latines ni de historia de España—.
El neoemperador estaba ahora tan asustado de las medidas tomadas pocos años atrás —las consecuencias las veía y leía en los medios fachosféricos— que cogió un polvoriento, amarillento y pesado tomo de boletines oficiales del Estado (BOE) y a boletinazos franquistas deshizo la lápida que habían descubierto cuando se demolieron las viejas presas de Diana, Proserpina y Drusila sobre los ríos Betis, Flumen Ana y otros menores, enterrada en milenarias estructuras de cemento romano que habían contenido las aguas de vida y riqueza, de riego para la Agricultura, acueductos y hermosos puentes para canalizar y abastecer las nuevas ciudades de la gloriosa provincia de Hispania, sus ciudadanos y sus ganados, transporte de mercancías a través de los pequeños mares creados, piscifactorías y más riquezas añadidas, apareció la lápida de agradecimiento al dios emperador que había levantado aquella maravilla de la ingenieria de Roma dando vida y riqueza a mansalva.
En aquel momento que los ríos desbordaban llevando destrucción y muerte, de dio cuenta de su propio error y del error de algunos de sus antecesores del pasado inmediato... que pudiendo hacer, no hicieron. Que no pensaron en recoger, cuidar, administrar el bien que caía de los cielos, dádiva de los dioses eternos. Se sintió humillado, empequeñecido y miserable porque a él, con la que estaba cayendo del cielo, no le inscribirían en el mármol de la Historia, sino en el lodazal reseco de aguas arrasando cauces, incapaces de ser retenidas y administradas en nombre de consignas utópicas que, ahora lo veía, eran de voluntario por costoso cumplimiento. Mas era tarde, no pensaba dar su brazo a torcer, él hubiera querido ser Trajano, pero no era sino un inútil egocéntrico que no veía más allá de su bella nariz de narciso.
Mandaría recoger y tirar a la escombrera los cascotes de la lápida laudatoria que había ocultado del pueblo. Ya no existiría documento atestiguando su impericia e incompetencia.
Aunque quedaba la memoria colectiva... imposible de destruir, o no.

Traducción libre de la lápida:
"Al Emperador César Nerva Trajano Augusto Germánico, Sumo Pontífice, con potestad tribunicia, cónsul por quinta vez, Padre de la Patria. Le damos las gracias por haber restaurado las fuentes de agua en Hispania y haber añadido nuevas. Felizmente completó todas las ventajas para las provincias. Gracias a ti, grandísimo Príncipe, los arroyos y las obras fluviales dieron prosperidad y vida a Hispania. ¡Que vivas y reines para siempre!
Que te halles entre los dioses, erigido esta estela de homenaje.
Ciudades Augustas de Hispania, año 868 ab urbe condita."

SUSPIROS DE BRITANIA

Con un leve gesto indicó a la doncella que le sirviera el té. No pudo aguantar un rictus —que esperaba hubiera pasado desapercibido a su sir...