"No es la especie más fuerte la que sobrevive, ni la más inteligente, sino la que mejor responde al cambio." (Charles Darwin)
No existe peor mezcla explosiva ni más potente acelerante letal que los efectos perniciosos de un político usando de forma falaz el miedo a las catástrofes. Si a ello se une la ciudadanía, dispuesta, gustosa, a escuchar y creer a pies juntillas los discursos apocalípticos, tendremos ante nuestra presencia el augurio seguro de más incendios. La pregunta no es cuándo —queda mucho verano— sino dónde, en cuál lugar de nuestro país se iniciará el incendio que volverá a repetir las actuales escenas del infierno que describió Dante. El próximo lugar será un pueblo, una comarca, una provincia o una región... que no esté ya calcinada.
Y entonces aparecerá de nuevo el Sr. Desiempre, cariacontecido, luciendo un impoluto uniforme de campaña plagado de siglas rimbombantes y logos oficiales de la administración gubernamental correspondiente. La preciosa supertienda de campaña denominada Puesto Avanzado de Mando o parecido, acogerá rostros serios, reconcentrados sobre una gran mesa donde se despliegan mapas de las zonas, que ellos no entienden ni papa así que se esmera en buscar la pose y la posturita para las cámaras.
Sobre el cielo sobrevuelan aviones que arrojan millones de litros de agua sobre unos campos que antaño eran limpiados por rebaños de cabras y ovejas, por leñadores que se ganaban unas pesetillas recogiendo cuatro ramas y algún tronco viejo. El campo quedaba entonces limpio de rastrojo, de yesca, resistente a los rayos de tormentas de verano y a "cambios climáticos". Que los políticos de entonces, aconsejados por los guardas forestales, por guardias civiles del puesto pueblerino, por los alcaldes pedáneos, por los que pateaban los montes, riscos y cañadas, los políticos provinciales mandaban hacer inmensos cortafuegos haciendo del paisaje de bosques grandes separaciones que impedían pasar las llamas de uno a otro lado. Los cortafuegos eran parte del paisaje. Ya no existen. Y los campos no se limpian por caprichos burocráticos.
El Sr. Desiempre pone cara compungida y saca de su chistera de ilusionista de casino de pueblo las palabras mágicas que le granjearán, eso cree él, muchos millones de votos, que para eso es su grey. No quiere saber Eldesiempre nada de lucha contra los incendios forestales, nada de hacer partícipe a las comunidades, regiones, que forman nuestra España. No. Él se mueve entre palabras de apocalipsis, de culpa colectiva por no seguir los dictados de otros intereses supranacionales. A él no se le hable de desaprensivos, de una herramienta ignífuga o una candela dominguera provocando incendios de "6ª generación". A él le interesa hablar del clima, graduando a su manera, en función de sus nece(si)dades, los discursos alarmistas (Cambio, CO2, Alarma, Emergencia, Negacionistas/fachosos.) Y próximamente, si le viene bien y encuentra oídos y votantes benevolentes y previamente adaptados Holocausto y Apocalipsis sin aludir a las peores negligencias, debidas a ellos mismos, con Él, el Desiempre, los políticos y a sus políticas. El clima cambia, eso es así por simple definición, y cambia cada día desde el principio de los tiempos como un calentamiento es precedido por un enfriamiento y antes de nuevo por un calentamiento. Así es porque nuestro planeta es un ser vivo que sufre y goza como tal, que se enfría, se calienta, se mueve, llora, se ahoga, se axfisia, arde...
Nada de emergencia climática, señor Desiempre; la emergencia real y perentoria, el fuego extendido en forma de odios y resentimientos es... usted que encegado no ve la necesidad de poner orden y concierto en España, dando la voz a los ciudadanos y elegir a cualquier otro u otra.
La duda —mientras las llamas devoran campos, mientras se tienen que desalojar viviendas, mientras honestos ciudadanos lloran de impotencia— la duda digo, es dónde será el próximo infierno.
P.S: Cualquier parecido con la realidad, es consecuencia de mi percepción de la misma.

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