© El blog con cero lectores, pero aquí estoy en el espacio de mi libertad. No espero a nadie aunque cualquiera es bien recibido. Gracias a mi BLOC ABIERTO DE PAR EN PAR donde encontrarás desde 2009 temas variados.

12.4.26

EMPERADORES

El emperador esperaba nervioso. Junto a él, su augusta esposa. Ambos con las mejores galas para la ocasión, uniforme de general romano él y sutil y transparente túnica blanca, ella. El viaje había sido largo pero ambos sentían más y más seguridad a medida que dejaban atrás los hitos y miliardos que jalonaban las grandes vías romanas. La comitiva no salía de su asombro cuando se adentraron en el territorio ignoto y comenzaron a percibir que existían otros mundos tan esplendorosos como el romano del que él, emperador Marco Valerio Salonio, era dueño y señor.

Delante de la gran puerta, comenzó a sentirse pequeño e insignificante. Estaba, quién lo iba a decir, nervioso por lo cual tomó la mano de su augusta esposa. Un sonido los envolvió...

Un soniquete suave, rítmico, como salido del fondo de una cueva o del mismísimo cielo envolvió el ambiente de músicas de cítaras; de un carillón de cientos de campanillas; más el sonido terso, pausado de un gran tambor; eran decenas de flautas y flautines; y de fondo un instrumento llamado Guzheng con cuerdas de plata; todo ello se esparció como deliciosa bruma matutina cuando se abrió la Gran Puerta.
A indicaciones de un edecán que le iba explicando a la pareja de extranjeros todos los detalles del acontecimiento, la pareja imperial romana accedió al Salón de las Grullas Inmortales. El suelo era de cristal bajo el cual nadaban carpas. Al fondo, sentado en un gran trono, el soberano del Imperio Qin del Sol Lejano esperaba imponente. El emperador mandarín Long Zhuo "El Dragón de Jade Silencioso" se alzó del trono. Vestía el ropaje para la recepción de visitantes. Una túnica de seda tejida con hilo de nube, color azul gris que cambiaba de tono según la luz. Calzaba el emperador botines de paso silente de cuero de carpa dorada. Coronaba su imperial testa la corona de los mil ecos y campanillas de lágrimas de jade mudas. Portaba en sus manos un sello y un abanico, símbolos del poder del imperio Qin.

—Marcus Valerius Saloninus, emperador de Roma, y la augusta esposa y emperatriz presentan sus respetos al Imperio Qin —anunció el edecán. La pareja se sentía empequeñecida, ridícula frente al soberbio escenario en que se habían introducido para intentar alejarse de Roma y sus miserias.

El emperador, sobre una tarima, dejó el sello y el abanico imperiales. Abrió las manos mostrándo sus palmas a la pareja llegada de la otra parte de la gran muralla protectora. Mostrar sus manos era el único gesto del emperador. Sus ojos estaban dentro de unos párpados completamente unidos por una fina línea. Unos bigotes le caían fláccidos hasta el nacimiento del cuello.

El edecán hizo un leve gesto para que el emperador de Roma se acercara. Había llegado el momento supremo donde Salonino y Long Zhuo se conocerían. Pero siempre —bien que se lo advirtieron al romano—, no elevarse al mismo nivel que el emperador oriental, siempre situarse a más bajo nivel, un problema protocolario dada la elevada estatura del romano y la pequeña del mandarín 'qino'. El problema se resolvió elevando la tarima imperial unos centímetros a fin de corresponder las estaturas de ambos mandatarios de forma debida.

El emperador qino guardaba silencio. Resultaba indigno e impropio de su alcurnia decir una sola palabra. Pero Salonino sí pudo mostrar agradecimiento por el recibimiento.
Marco Valerio Salonino se sentía ridículo cuando miraba a su alrededor y descubría qué era, realmente, el fasto y el lujo que no resistía la menor comparación con los palacios y foros romanos. El lujo, los adornos, los suelos y techados, todo era distinto.

Un pueblo extraño —pensó Salonino al comparar uno y otro imperio— pues no se le escapó a la pareja romana que la inmensa Sala de la Grullas Inmortales estaba absolutamente vacía. Tan solo los dos emperadores, el edecán y la augusta esposa romana. Nadie en absoluto dentro de la inmensa estancia donde seguía sonando el extraño sonido de música.

A través del edecán los emperadores se desearon buenos augurios y proyectos de intercambios de mercancías a través de los mares, abriendo rutas marítimas y terrestres.

Fueron horas de gran provecho para ambos dirigentes. El mandarín qino porque sabía que Roma era un imperio en decadencia, débil por tanto, y potencial cliente de los miles de productos de todo tipo. Roma ofrecía, a cambio, consumidores y decadencia.

Pero eran también las enseñanzas de sus deidades, tan distintas a los dioses romanos. Eran dioses que transmitían pensamientos para regir la vida. Salonino escuchó sobre la intrincada política y la filosofía de aquel pueblo extraño, que estaba descubriendo. La seda, las armas, la comida, los recursos naturales, los inventos más inverosímiles, todo era admirable para Salonino. Pero hubo una costumbre que le impresionó sobremanera:

La corrupción de los funcionarios imperiales era castigada con la muerte, ejecutando al reo en un lugar solitario, sin otro testigo que un arquero quien de un solo flechazo, cortaba la vida en nombre del pueblo y del emperador. Más tarde, el importe de la flecha sería exigido a la familia del corrupto ejecutado. El precio era la muerte acompañada de la deshonra y la humillación. Pagar la flecha propiedad del Estado...

Salieron. Las puertas de la Sala de las Grullas Inmortales se volvieron a cerrar, luego visitaron Eiging la capital del vasto imperio, de regreso a Roma el imperio Qin y sus fronteras se cerraron para Augusto Valerio Salonino que había tomado buena nota, sobre todo de la justicia qina, en su regreso a Roma...

No hay comentarios:

EMPERADORES

El emperador esperaba nervioso. Junto a él, su augusta esposa. Ambos con las mejores galas para la ocasión, uniforme de general romano él y ...