Se ofrecen obras escritas al gusto del cliente. Contestas unas preguntas que pueden ser ciertas, patrañas, trolas o sinceridad pata negra; pides un tema amoroso, sexual, familiar, bélico, viajero, etc; una trama compleja, sencilla, básica; un estilo sencillo, farragoso, poético; si te apetece puedes pedir número de páginas determinadas, editado y maquetado. La cubierta, lo que quieras; para el título no hace falta comerse el coco.
Pides todo lo anterior, fácil de hacer y a continuación, la Inteligencia Artificial (bajo múltiples nombres o denominaciones) te enviará a tu casa un ejemplar, o dos, tres, trescientos o tres mil, lo que te apetezca. La IA te convierte en escritor. En principio lo lanzan como una forma de sorprender a un familiar, un amigo, u otros. Pero, y ahí está el peligro ¿quién prohibe que cualquiera le encargue una obra y la haga pasar como propia? Para qué quebrarse la cabeza, hacer trabajar la imaginación, estudiar, documentarse, seguir las reglas de la Ortografía y de la Sintaxis, escribir durante meses, hacerlo legible, entendible, apetitoso de leer y que guste, si es que alguien se digna echar un vistazo. Quien quiera ser "escritor" sin serlo ni ganas de aprender a serlo, quien quiera presumir de privilegio de la dificilísima tarea de escribir, ya lo sabe, la IA a su disposición para convertirte en escritorazo. Eso sí, pagando unos euros las millones de combinaciones que los algoritmos tejen para que tú te conviertas en un Pérez Reverte o una Julia Navarro la IA también puede atribuir la obra a sexos indistintos, o no binarios y tal si así se desea.Pero vamos, has de saber que es algo así como comprar un espejo para el cuarto de aseo, con una imagen puesta por la IA y devuelta de Brad Pitt o Nicole Kidman cuando el/la que mira es uno o una más del montón. De ilusión se vive, eso sí, pretendiendo engaritar, engañar, estafar a los demás mostrando lo que no se es. Y lo insoportable, engañarse a uno mismo.
La IA está ahí y puede salvar millones de vidas, por ejemplo en un quirófano, operando al milímetro, y ni uno más o menos, el tejido o el órgano dañado. Pero nunca suplir la capacidad de algunos seres humanos de inventar palabras nacidas del cerebro, pero antes, de lo que carece la inteligencia artificial, del corazón y de las emociones.

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