25.3.15

VUELTA DE LLAVE


Al señor cónsul general de España en Estambul
10 de julio de 2014
Excmo. Señor: en virtud del Real decreto ley de 6 de junio de 2014 (Boletín Oficial del Estado) por el que se concede la ciudadanía española a los sefaradíes originarios de España y creyendo estar en disposición de aportar cuantos requisitos y datos se exigen para acceder a dicha ciudadanía, ruego a Vuestra Excelencia tenga a bien  admitir y dar el Visto Bueno, así como dar curso a mi petición, adjuntando la relación de requisitos exigidos a saber.
Peticionario: Levi Mehmet Bembanista, nacido y residente en Estambul (Turquia) el 27 de enero de 1950, en el barrio de Gálata. Ciudadanía turca, con documentación y pasaporte expedidos por la República islámica de Turquia.
Hago notar que esta documentación es una traducción del turco a la lengua española debido al deficiente uso de esta dicha lengua. Mi idioma usual es el turco, además del inglés y de la lengua haketía o ladino que aprendí de mis padres.
Los antecedentes de mi petición han de buscarse en tiempos de mi niñez recordando a mis abuelos y cómo rememoraban en lamentos continuos los avatares difusos de sus ancestros en un lugar de Sefarad que en su momento especificaré. A partir de aquellos años fue creciendo en mí, a través de mi padre, la idea de pertenecer a un lejano país del que en aquellos momentos, me enteré haber sido expulsado quinientos veintidós años ha. Poco a poco, y ya a través de mi buen padre, fui conociendo detalles de ciertos sucesos que devinieron en la salida al destierro de mis antepasados de veinte generaciones. A pesar de haber nacido en tierras del Islam, siempre tuve la oportunidad y el privilegio de mantener nuestras costumbres y creencias. Somos judíos, me decía mi padre, pero judíos de la parte opuesta a la Tierra de Israel.
En los últimos años, ya tuve conciencia plena, a través de los conocimientos adquiridos de mis padres y de otros correligionarios de la sinagoga, de mis raíces primigenias.
Es por todo ello, Señor cónsul de España, que le aporto cada uno de los requisitos. A saber:
Petición traducida, con el compromiso firme de aprender con prontitud la lengua española, y así como perfeccionar el ladino.
Certificado del Gran Rabino de Turquia de pertenecer a la comunidad sefardí, aportando copias digitales de certificaciones de nacimientos y defunciones de   todos mis ancestros asentados en Estambul, así como en Edirne, Sofía, Stara Zagora (Bulgaria) y un documento expedido por la Embajada de Polonia, extraido de los archivos de Auschwitz-Bikernau, así como del Archivo Nacional de la Memoria Histórica de la Guerra Civil española, y finalmente en el Arnavutkoy jewish cemetery, de Ulus, en Estambul, lugares por donde residieron, fueron asesinados o reposan para siempre mis antecesores.
En relación al apartado 4 del artículo I del Proyecto de Ley referente a la especial vinculación con España del peticionario, fue el requisito más difícil de cumplir pues solo tenía referencias que se me trasmitieron oralmente. Y he aquí, que decidido a adquirir la nacionalidad española “de iure”, sin renunciar a la mía propia me presenté, meses atrás, tras de la muerte de mis padres, en España, en el lugar que ellos nunca dejaron de nombrar y ya en su lecho de muerte me pidieron que nunca echara en el olvido la historia de la familia. Sin ser consciente de la responsabilidad adquirida, me comprometí.
Calle del Rabí, antigua sinagoga de Hervás. Era una misión muy difícil, dado que aquella casa era la que mis padres me habían descrito, a través de las generaciones y consecuentemente con riesgo de haber degenerado los recuerdos en simples figuraciones. Era aquella uno calle extraordinariamente parecida a la calle donde resido en Estambul. Su empedrado, sus casas construidas en adobe y sostenidos en travesaños de madera.
Era mi primer viaje a España, y el encargo que llevaba era el encontrar el punto de inicio del acontecimiento que había sido el antes y el después de mi familia.
En mi mente llevaba la idea de intentar cruzar los relatos, datos, avatares, acontecimientos de dos familias que se habían encontrado y separado en aquellas mismas casas de la vieja judería hervasense. Y cuál no sería mi sorpresa que me encontré con una familia que no supo darme ningún dato, pues Moisés Sánchez Santos desconocía totalmente algo que tuviera que ver no más allá de dos generaciones -sus padres y sus abuelos paternos- a los que conoció pero de los que no recibió ninguna pista o dato más allá de ser como simple coletilla y lugar común, “descendientes de judíos”, aunque por su aspecto físico no lo denotara.
Moisés Sánchez me recibió con gran cordialidad, habitaban la vivienda en una calle que yo tenía en mi recuerdo y lo único que sabía era que, aunque descendiente de judíos, profesaba –a medias- la religión católica, que nunca habían tenido noticia de traslado alguno de domicilio y que poco más sabían.
Era una situación curiosa, de fuera llegaba quien mantenía intacta la memoria, a refrescarla a quien no la tenía, no por falta de la misma, sino por falta de información, y se me puede creer que sentí cierta pena de aquella familia que carecía de cualquier atisbo de recuerdos y que hace que cualquier ser humano tenga unas raíces en las que sentir que está aferrado a la tierra que otros germinaron. La vida sin raíces es como la hiedra simplemente adherida a las paredes.
Traspasé la única puerta de una casa que ocupaba toda la calle. Una oquedad con la forma de una puerta tapiada y disimulada de la misma piedra y adobe de la fachada me llamó la atención…  
Porque Levi Bembanista., junto con Miriam Estoliar y el recién nacido Longinos habían llegado desde Baena, de donde habían salido huyendo de los pogromos. Cuando llegaron a Hervás enseguida se asentaron en el barrio del puente donde los acogió quien sería su amigo, Moshe Cohen. Los alojó en una casa aledaña en la calle donde se ubicaba la Sinagoga y allí comenzaron una etapa feliz viendo los primeros meses del pequeño Longinos.
Moshe le buscó trabajo en la tahona del río, propiedad de Santiago el “panaero” y fueron meses muy amables para Levi y su familia. Incluso pudo hornear pan ácimo y, más importante, encontró un lugar donde les fue posible continuar con sus creencias y costumbres, entre ellas realizar en Bret Mila o circuncisión a Longinos. Imposible, sin embargo les fue guardar el Sabbat pues los horarios de la tahona de Santiago eran incompatibles con el día sagrado.
Todo trascurría apaciblemente hasta que comenzaron a llegar rumores de nuevas leyes contra los judíos, que venían a añadirse a las maledicencias que de tanto en tanto corrían por el pueblo, en el cercano pueblo de Aldeanueva parece se había cometido un terrible sacrilegio que con el tiempo se demostró falso, pero el agua sucia ya había sido derramada. A ello estaban acostumbrados y nada les impedía comportarse como excelentes ciudadanos.
Cierto día, comenzó en Hervás una serie de dolencias que se extendió con rapidez. La gente enfermaba con síntomas parecidos de diarreas y vómitos. Las calenturas eran frecuentes y en el lapso de dos días decenas de personas, prácticamente todo el pueblo, enfermaron. El físico, Sancho Téllez tuvo que emplearse a fondo para aliviar los retortijones y dolores intensos que sufría gran parte de la población cristiana. Unas simples comprobaciones le fueron suficiente al médico para adivinar cuál había sido la causa de aquella masiva intoxicación…
Al día siguiente cuando Levi llegó a la tahona, el panadero lo recibió recriminándolo de traición, acusándole de haber adulterado la masa de pan con alumbres ponzoñosos conque sabotear el pan para dañar y perjudicar a los buenos cristianos. Lo acusó de haber profanado, si no él, sí su pueblo, las hostias consagradas conteniendo el Cuerpo de Cristo, y de que había adulterado la masa como venganza del Edicto de los Reyes de 31 de marzo de 1492.
En un rincón Moshe, su amigo, asistía mudo a aquella escena en la que Levi estaba siendo duramente acusado. Se mantuvo en silencio con la mirada gacha y los brazos extendidos a lo largo de su cuerpo. Solo de vez en cuando se atrevía a dirigir furtivas miradas a su amada en secreto y prohibida hija del panadero, María. Aquella misma tarde Levi fue detenido por un “familiar” del Santo Oficio y liberado horas después sin que hubiera sido posible arrancarle la confesión. Gracias a la actitud de Arcadio Mejías, ayudante del inquisidor de Llerena, a la sazón en Hervás, quien impidió que la Inquisición actuase en un caso para el que no estaba autorizada debido a que el Santo Oficio era competente en la represión de los falsos conversos, pero nunca para judíos convencidos como era el caso de Levi.
Al día siguiente Levi, Miriam y Longinos partieron de Hervás en dirección al norte.
El Decreto entraba en vigor. Al llegar a Béjar, decidieron continuar viaje hacia el este, en contra de la opinión de otros judíos que les aconsejaban dirigirse al cercano reino de Portugal. Levi pensó en alejarse del pueblo donde a buen seguro sería de nuevo detenido si por desgracia la epidemia alimentaria iba en aumento. Pensó en la tierra de Israel aunque era simplemente una utopía pensar que algún día lamentaría la destrucción del templo de Salomón en el mismo lugar. Al este, por donde salía el sol cada mañana, allí se dirigiría con su familia. Por tanto atravesaron todo el reino de Castilla hasta llegar a las dulces costas del antiguo reino de Valencia donde embarcaron hasta arribar a Sicilia. Era su intención llegar a Palestina pero a la altura del Egeo, lo atravesaron y cruzaron el estrecho de los Dardanelos, el Mármara y debido a una tormenta, hubieron de desviar el rumbo hasta llegar involuntariamente a las costas otomanas.
Se instalaron en Constantinopla…
Al acabar el relato, yo esperaba cruzar mi historia con la historia que a buen seguro atesoraba Moisés Sánchez Santos… pero por desgracia me comentó que nada tenía para ofrecer como legado histórico de su familia. Yo no tenía razones para no creerle, aunque no hubiese sido más que para tratar de cerrar un círculo que se rompió abruptamente hacía más de quinientos años. Moisés, el habitante de la casa del Rabí, no conocía absolutamente nada de sus antepasados a no ser, y ello era un dato importante aunque no definitivo, el hecho cierto de no tener constancia de traslado o mudanza alguna. Así pues, hube de deducir que Moisés era descendiente directo de Moshe Cohen.
Estuve un buen rato departiendo con mi amigo Moisés Sánchez, interesado en conocer más detalles de una historia de la que estaba ajeno, descendiente de judíos, sí, pero no mucho más. Si acaso aquella humilde casa que habitaba y que se ofreció a mostrármela. Era amplia tal y como yo había descubierto antes de entrar pues a través de los relatos sabía que aquella calle tenía dos puertas, una de los Bembanista y otra de Moshe Cohen. Al llegar puede ver que solo existía una y la oquedad tapiada de lo que debió ser la otra.
Cuando me mostró la casa, pude ver que esta estaba dividida en dos partes. O mejor dicho, era una vivienda doble, separada por una puerta desvencijada, colocada más de adorno que de otra cosa. Entonces me di cuenta de que aquella puerta pequeña era la que faltaba en la oquedad tapiada de la calle. La habían quitado y la habían utilizado para dividir, aunque sin cerrar, aquella doble vivienda.
Entonces fue cuando saqué de mi equipaje el único legado tangible, material, materializado entre el marasmo de recuerdos más o menos volubles, etéreos, al albur de memorias, recuerdos o mitos asentados en nuestra mente, y consistía  en un pequeño estuche bellamente ornado donde reposaba en un lecho de terciopelo azul una llave. Pocos años después de la muerte de Levi Bembanista, su hijo Longinos encargó e hizo que labraran una Estrella de David en latón en dicha llave de la casa de Leví, su padre, siendo quizá la única llave que había también llevado consigo sus legítimos dueños al contrario que todos los demás confiándolas a sus amigos cristianos o correligionarios conversos. Pero mi familia desechó esa idea, algo que corrobora la tesis de que Levi fue víctima de una vil confabulación o conspiración con que inculparlo y achacarle un delito que nunca cometió. El llevarse con él la llave de su casa significaba que no renunciaba a su propiedad legítima y que, de alguna manera, no confiaba en nadie, en nadie… ni tan siquiera en sus sedicentes amigos…
Moisés se quedó asombrado cuando vio aquella hermosa y reluciente llave, cuidada y pulimentada cuando lentamente, nervioso, consciente de que medio milenio estaba a punto de precipitar una solución definitiva o la duda eterna de quien había habitado antes con todas las de la ley aquella casa del rabilero de Hervás.
La extraje del estuche y la deslicé por el ojo de aquella puerta de adorno durante medio milenio, que no abría ni cerraba nada. La deslicé sintiendo una gran emoción hasta notar cómo mis ojos se anegaban en lágrimas mientras Moisés miraba extrañado, curioso, escéptico. La llave entró y al girarla a la izquierda, se resistió. Tuve que hacer esfuerzos para extraerla de nuevo y ponerle algo de aceite que Moisés trajo de la cocina. Volví a intentarlo y no si gran esfuerzo, pude ver cómo un pestillo que había estado más de quinientos años inmóvil, asomaba herrumbroso fruto del encaje de aquella llave que se había conservado junto al Mármara y que ahora deslizaba y abría una puerta junto al Ambroz: Aquella cerradura había sido desatrancada por la llave que Levi Bembanista se había llevado de su propia casa.
 Aquella era la casa de Levi Bembanista y yo era su más directo descendiente. Extraje la llave y la guardé. El pestillo lo dejé echado, para que aquella lengua de hierro fuera de su cerradura, fuera testigo de aquel hecho extraordinario, si La llave había vuelto a abrir la puerta, yo, Levi Mehmet Bambanista, descendiente en línea directa de Levi Bambanista, no la volvería a cerrar nunca más
Excelentísimo Señor Cónsul de España en Estambul.
No deseo reivindicar posesiones, ni buscar culpables, ni siquiera reconstruir unos hechos ya pasados por el simple ajuste de cuentas, ni siquiera restituir el buen nombre de Levi Bembanista. Solo deseo sea restituido la nacionalidad española así como, a título póstumo para mis antecesores de veintidós generaciones en el tiempo.
Yo, Levi Mehmet Bembanista sin renunciar a la nación turca, juraré las leyes constitucionales de España y rendiré fidelidad a mi señor el Rey Felipe VI como antaño mis mayores rindieron pleitesía a quien fue su amada reina, la Señora Isabel de Castilla, expulsados para siempre del bienamado, suspirado, añorado y recordado Hervás de Sefarad.  
Formar “Minyán” con diez neojudeos y  reabrir la Sinagoga. Conservar, preservar y difundir mi religión, mis costumbres, mis creencias. Leer el sagrado texto de la Torá y guardar los Sabbat desde que salga la primera estrella del viernes sobre los cerros, valles y vaguadas hasta que aparezca la misma estrella sobre los mismos feraces lugares del Sabbat… en Hervás. Que así sea… y me sean concedidos los deseos en nombre de quienes me precedieron…
 Estambul (Turquía), 12 mes Tammuz del año 5774 desde la Creación del mundo.
10 julio de 2014
Levi Mehmet Bembanista
Deseo agradecer fervientemente a Moisés Sánchez Santos su amabilidad y las facilidades que me proporcionó para cerrar en lo posible el círculo haciéndole notar que en ningún momento me guio el ansia de revancha o la búsqueda de la verdad a toda costa, ni siquiera reavivar memorias. Fue sencillamente regresar con la llave que abriera puertas y tendiera puentes. Si algún día regreso me gustaría contar con su amistad, lo creo y lo quiero. Sobremanera le agradezco la asunción de la parte que presuntamente, probablemente, fácilmente, le corresponde en esta historia. Que D´s lo guarde.

Y gracias a Lola Gómez Domínguez que me animó a narrar esta veraz historia sabiendo mis ansias de enraizarme. Gracias