14.8.11

Ahmed, el del semáforo


He sido testigo de un hecho que no me resisto a comentar.
Esta misma mañana, en escasos dos minutos que dura la luz roja del semáforo de la esquina, al lado de casa.
Actores:
Uno, el chaval de todos los días, costamarfileño, veintitantos años, fornido y con la sonrisa permanente de intentar venderte el paquetito de klinex.
Otro, a mi lado, a bordo de un beemeuve, otro chaval, al que conozco de vista y del que sólo me consta su permanencia durante largas horas al día sentado y bebiendo litronas.
No sé cuál fue la conversación entre ellos, el caso es que el negro sonreía al blanco, mostrándole el paquete de pañuelos, mientras el del "buga" reía a carcajadas apretando a fondo el pedal del acelerador.
Al cambiar a verde, el tipo del cochazo, sin oficio pero con beneficio conocidos -me apuesto un euro a que no acabó la Eso ni el Aquello-, le regaló al negro -Ahmed creo que me dijo un dia que era su nombre, licenciado en Historia y Humanidades, Cum laude, por la Universidad de Abidyan- una auténtica bofetada de monóxido de carbono que salió a presión del tubo de escape mientras partía disparado como si de una salida de Fernando Alonso se tratara. Trabaja Ahmed en la fresa, cuando lo dejan, y en el semáforo. Vive en una pensión de mala muerte y no sabe qué será de él mañana. Sólo tiene su sonrisa.
Yo me pregunto qué coño hemos hecho mal en esta sociedad para que ninguno de estos dos jóvenes esté en los lugares que en justicia le debería corresponder.

6 comentarios:

  1. A los chavales se les vendió la moto del dinero fácil yéndose a trabajar a la construcción, pensando que la gallina de los huevos de oro iba a durar toda la vida. A los inmigrantes, se les prometía en su lugar de origen un futuro mejor en cualquier otro país que no fuera el suyo. Como siembre, estamos al servicio de los poderosos que hacen y deshacen a su antojo. En un caso, la falta de educación y apoyo familiar (supongo) y en el segundo caso, el el hecho ser "diferente", de ser extranjero, y sólo querer ganarse la vida. En fin, esta sociedad es cada vez más insolidaria, injusta y prejuiciosa. Mira a los demas por encima del hombro, cuando en realidad debería ser integradora.

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  2. Beni
    Creo que has puesto el dedo en la llaga.
    Pero me gustaría saber cómo cerrar esa llaga, que me parece que va a más.
    Gracias por tu comentario.

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  3. La pregunta que te formulas al final del artículo refleja la indiferencia hacia nuestro prójimo. La falta de humanidad, la solidaridad, y tantas y tantas virtudes de las que adolece este Occidente industralizado pero moralmente y éticamente acabado...

    Un abrazo

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  4. Felix
    me da miedo la palabra DECADENCIA, pues me suena a final...

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  5. Las "humanidades" o llamémoslas civilizaciones, y los Dioses, también mueren y pasan al olvido. No soy una persona pesimista por naturaleza, sino realista, y pienso que estamos comprando todas las papeletas por nuestra soberbia....

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  6. Félix
    la palabra decadencia la he traido yo, que soy un optimista a veces algo infantil, pero yo también veo problemas que resultan casi imposibles de atajar... hoy.
    Las grandes migraciones, la sobreexplotación de recursos naturales, el hambre y la sequía, el primero, segundo y tercer mundo (con la subdivisión de los paisesparias) la globalización de lo bueno... y de lo malo.
    A ver qué hacemos con el chaval del semáforo, ¿¿¿pasarán los años y seguirá ahí???

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