3.1.11

Ambas orillas (fragmento)

Guadalajara...
/.../Sin pararse a ver las consecuencias, se internó campo a través y se dirigió a un pequeño otero que sobresalía por encima del nivel de la carretera. Zigzagueando, agazapado, llegó a un pequeño promontorio que al mismo tiempo le ofrecía una protección. Bajo el mismo, pudo ver el espectáculo: al menos diez cadáveres estaban tendidos en la carretera o en las cunetas, al tiempo que, de dos camiones, salía una espesa columna de humo. A lo lejos, el capitán Montero, de su compañía, le hacia señas para que bajara, pero Manuel, sin hacer caso, sólo pensando en los muertos que estaban tendidos, o en Delia, y en España, se apoyó en una roca, montó y apoyó el fusil ametrallador. Apuntó cuidadosamente hacia un "Natasha" que había visto su movimiento y se dirigía hacia él. Manuel pudo ver la cara del aviador, y estaba seguro que éste también había visto la suya. De rodillas, en el suelo, apuntó cuidadosamente y cuando tuvo el morro en el centro del punto de mira, apretó el gatillo a fondo siguiendo la trayectoria del avión que pasó encima de él. Dio media vuelta sin dejar de disparar y en una fracción de segundo pudo ver cómo, siguiendo la estela, una delgada columna de humo partió del avión. Manuel dejó de disparar y se puso en pie, obnubilado por la visión de la escena que él mismo acababa de provocar. El avión comenzó a cabecear, adquiriendo una gran velocidad, pasó por encima del cerro y se perdió de vista. No más de diez segundos después, una explosión sorda y una columna de humo negro apareció por detrás de la cima del cerro. El otro avión pasó a gran velocidad, como queriendo cerciorarse de lo que acababa de ocurrir, y se alejó, desapareciendo tras las nubes. Manuel no se lo podía creer, le pareció estar en Peguerinos, allá en los primeros meses de la guerra cuando vio caer otro avión. Pero esta vez, él había sido el causante. Al momento escuchó otro rumor, más agudo que el de los aviones. Sus compañeros, a lo largo de la carretera, se ponían en pie lanzando los gorros —de requeté, de regulares, de legionario; algún casco, incluso— entre gritos de júbilo/.../

4 comentarios:

  1. Nunca me gustaron las películas de guerra. Me aburrían las escenas en las que se disparaban mutuamente unos y otros, y los aviones de ambos bandos caían abatidos por el fuego contrario, mientras que yo acababa por no distinguir quién era quién... o mejor dicho quiénes eran los buenos y quiénes los malos de la película. Normalmente (o forzosamente) los buenos eran los del país productor del film.

    Lo mismo me pasa cuando oigo hablar de las guerras de verdad... Esas que son interpretadas en los libros de historia más subjetivamente de lo que cabría desear, pues según la corriente política de quien las cuente, los malos fueron siempre los otros.

    ¿Que por qué te cuento esto? Porque como te dije el otro día, tu narración es más bella y profunda que cualquier imagen, y en esto me detuve leyéndote, en la belleza y perfección de tu prosa, que siéndote sincera, noto crecer día a día.

    Este es el segundo fragmento (si es fragmento debe formar parte de un todo) que nos ofreces de "Ambas orillas". Tras leer el primero me quedó una curiosidad latente que ahora, lejos de aminorar, la acrecentas con esta segunda entrega.

    ¿Has escrito una novela, amigo?
    Oye, si es así no te lo tengas callado, que bién me gustaría celebrar la noticia como se merece.

    A lo mejor estoy haciendo una pregunta demasiado indiscreta, o a lo mejor no estoy en lo cierto.

    Bueno, sea como fuere, felicidades.

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  2. Adelaida: tu solitario comentario va a hacer que deje este fragmento de la biografía de un soldado de veintipocos años que se fue voluntario a defender sus ideales. A las trincheras de las primeras líneas del frente de Madrid.
    Solo conozco sus papeles y algunos comentarios sobre su andadura por la terrible guerra que asoló nuestro pais. Pero sobre todo sembró odios y enfrentamientos terribles en nuestros compatriotas, de "ambas orillas" que trataron de eliminarse aqrrojándose al abismo que se abrió entre ellos.
    Guiándome por el historial de dicho soldado, y poniendo de mi parte algo de imaginación -pero que tal vez pudo ocurrir como lo escribo- lo escribí, de lo que me siento muy orgulloso (de hecho lo considero mi obra magna) pero prefiero ponerlo en fragmentos. Ls guerras no gustan, a mi tampoco, pero esa fue una guerra que aún padecemos...
    No formulas preguntas indiscretas, ni mucho menos, amiga. Pero Ambas orillas es una historia con pricipio y fin, pero es una historia que aún me produce escalofríos preguntándome cómo se pudo llegar a ese grado de odio.
    Ese soldado... Un beso, amiga

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  3. José Antonio.
    el mundo bloguero es así, pero que esta entrada tenga un solo comentario no significa que lo haya leído solamente yo. A buen seguro tus visitantes habrán sido más.
    De todas formas, las actualizaciones de tu blog, como sabes, son difíciles de visualizar. Yo ya me he suscrito para enterarme, porque antes, si se me pasaba venir a mirar, ni me enteraba.
    Por cierto, que acabo de darme cuenta de que has escrito otra entrada y la he visto cuando he venido a leer tu anterior respuesta. No sé porqué, pero en esta ocasión no me ha llegado notificación al correo electrónico.
    ¿Acaso tengo que suscribirme de nuevo para cada entrada? Es que no lo sé. Es la primera vez que me suscribo a un blog de esa forma.

    Hablando de otra cosa:
    Ahora que me das detalles de esta historia del soldado Manuel, me siento más intrigada aún. Yo creo (es un simple consejo de amiga) que deberías haber empezado por poner en antecedentes a tus lectores sobre estos fragmentos y sobre su procedencia, porque ello los hace mucho más curiosos si cabe. Sin duda despertarían mayor interés sabiendo que están basados en hechos reales.

    Y sí, amigo, no sé si es tu obra cumbre, pues aún te queda mucho por escribir, pero como te dije, te he notado crecer entre estos renglones.
    Saludos.

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  4. Adelaida, te agradezco sobremanera tus visitas, pero sobre todo tus consejos.
    Me he rendido y no consigo dar a conocer mi blog (con 300 entradas) pero yo seguiré insistiendo.
    Resoecto a Ambas orillas, te comento que es un relato bastante largo, y pretendo incluirlo sin orden ni concierto en el blog.
    Creo que es buena idea poner en antecedentes de cuál es el argumento, aunque ya con mi comentario anterior se puede deducir.
    Pienso seguir incluyendo más fragmentos según mis estados de ánimo.
    Gracias por tus opiniones sobre mi escritura, aunque mis Musas deben estar engrosando en las listas del INEM. A ver si encuentran trabajo y me visitan de nuevo.
    Un beso, amiga

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