11.12.10

© S A L A M A N C A


Reconozco que fue un amor de verano, pero su huella quedó, y aún permanece, en mi corazón. Se llamaba Daniela, y fue el más bello recuerdo de mis por entonces dieciséis años.
No recuerdo dónde, cuándo, cómo la conocí, pero la semana que pasamos juntos durante buena parte de aquel final de agosto de 1966 perdurará para siempre en mi memoria.

Los paseos por la Alameda; los momentos en algún banco del parque mirándonos a los ojos, ruborizándonos, diciéndonos palabras sentidas que me hacían enronquecer a mi pesar; las esperas viéndola aparecer por la acera de la Avenida de Portugal; y los ratos de gozos sentidos a su lado, mientras a nuestro alrededor multitud de sombras iban y venían.  Y los días transcurriendo a velocidad de vértigo.
El último día, en los soportales de la Plaza Mayor, aquella muchacha, de mi misma edad, de mi misma estatura, con los cabellos rubios como nunca los había visto a nadie hasta entonces, pareciendo salir de un lienzo de algún maestro italiano del Renacimiento, por primera y última vez nos besamos. Fugazmente, cierto, pero nos besamos para despedirnos. Para mi, desde entonces aquello no fue un beso… sino el beso. El beso que siempre me ha acompañado y que pocos han superado las sensaciones que me hicieron sentir aquellos labios sobre los míos.
Al salir bajo uno de los arcos de la plaza, volví la cabeza y creí atisbar una lágrima que ella enjugó con la misma mano que me decía adiós. Cuando estaba instalado en el tren-correo que me devolvía a Hervás, viendo pasar los campos yermos, y a lo lejos la serranía de Béjar, he de decirlo claro: lloré, lloré, lloré.
El corazón me latía con fuerza porque en el fondo presentía lo que realmente ocurrió: nunca más la volví a ver. Jamás. Pero cuando se nombra la tan traída y llevada palabra amor, me vienen a la memoria aquellos ya lejanos días. Lo que sentimos Daniela y yo era, justamente, eso. 

                       

4 comentarios:

  1. Que bonito Jose las primeras experiencias!!
    Como no vamos a recordar el primer beso que nos dieron.
    A mí, desde el primero hasta hoy, siempre me los ha dado el mismo Paco.Mi compañero de toda la vida.
    16 años cuando lo conocí y ahí seguimos...Dios quiera que sean muchos más.
    Anda que menudo rollo te he soltao.
    Un beso.

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  2. Ningún rollo, Laura. En todo caso el mío de cosas que juré guardar para siempre y que... mira ahora, aireándolo a los cuatro vientos. El caso es que creo llegado el momento de poder trasmitir sensaciones que en su momento dejaron en mí, huellas imposible de borrar.
    El caso es que, por este orden, Béjar, Hervás, Salamanca, Madrid, y finalmente Huelva, son los lugares que me mostraron la mejor de las sensaciones, la amistad y/o el amor.
    Gracias por tu comentario

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  3. Bonito relato, ejemplo de aquel recuerdo idealizado que todos llevamos dentro.

    El primer amor, congelado en el tiempo, se convierte en lo que nunca llegó a ser. Por eso deja la puerta abierta a la imaginación de lo que podría haber sido.

    Saludos.

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  4. Pero me da pavor imaginar que ella lo recuerda. Éramos unos niños idealizando nuestras sencillas vidas, y es que no había móviles ni internet.
    Mucha razón tienes, Adelaida.

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