6.9.10

TRINAKRIA (9) ©Jose A. Bejarano

Sólo tiene una alternativa: salir de la isla e ir a reunirse con Iessica. Pero antes debe contactar con ella y suplicarla que le deje ir a su lado para siempre.  Acelera y sale de aquel laberinto de calles, para tomar la autopista que le conduce al aeropuerto. No entra en sus planes tan siquiera hablar con su madre, en Naxos. Ya lo ha decidido: si algo tiene claro es que no puede echar en saco roto la advertencia del capo que un momento antes le ha recibido y del que únicamente ha podido percibir su silueta tras un potente foco. Pero sus palabras no han dejado lugar a la duda.
Así que, sin pensarlo más, mira el reloj digital del cuadro del Beemeuve. Aún tiene tiempo de tomar un avión de salida de la isla, a cualquier lugar que sea, así que  atraviesa Quattro Canti, en el centro, y toma una de las avenidas de salida de la ciudad.
Ya comienza a ser fluido el hasta entonces denso tráfico, y Gianlucca mira nervioso por el espejo retrovisor. Está recorriendo Via Santamatarelli, y al salir inopinadamente de un disco aún en rojo, se da cuenta de que otro auto lo están siguiendo. Continúa adelante procurando que los nervios no le jueguen una mala pasada, no acelerando, que es lo que le pide el cuerpo en esos momentos. Está anocheciendo y las luces del puerto aparecen al final de Corso Vittorio Enmanuelle. Determina continuar hasta el final y girar a la izquierda para tomar la autopista de salida de la ciudad en dirección  al aeropuerto. De repente, al ir a detenerse en un semáforo en rojo, se da cuenta  de que a su izquierda  se ha colocado el automóvil que le persigue, en el que sólo logra descubrir las siluetas de tres ocupantes tras los cristales tintados. En fracciones de segundo lo adosan a su automóvil, incluso lo llegan a tocar, indicándole claramente que continúe avenida adelante. Se colocan tras él empujándolo en una maniobra peligrosísima, porque hace que el tráfico se aparte para evitar ser embestido. Los otros conductores miran de soslayo intuyendo algo extraño, pero la gran mayoría opta por desviarse o acelerar para no ver lo que está ocurriendo. Es  la “omertà”.
(Continúa...)

2 comentarios:

  1. Y la otra pobre leyendo las noticias.
    Continua el suspense...

    ResponderEliminar
  2. Me alegro de que estés siguiendo el relato.
    Hay mucho de real, de verdad, ciertamente...
    Tranquila, que ya acaba en un par de entregas.
    Un beso.

    ResponderEliminar


Me encantan las visitas.
No lo dudes, amig@... y entra, las puertas están abiertas de par en par.
Comenta, critica, sugiere, aporta.
Enriquece mi bloc.
No aceptaré anónimos...

G R A C I A S