4.9.10

TRINAKRIA (7) ©Jose A. Bejarano

Cuando llegó a su casa abrió las ventanas de par en par. Atenas comenzaba a encender las primeras luces. El Partenón, a lo lejos, sobre la colina, se va iluminando con los potentes focos. El sol parece aliarse, en sus últimos rayos, con las milenarias piedras. Iessica se apoyó en la ventana. No deja de pensar en Gianlucca, y le asaltan las dudas que desde hacía meses acuden a su mente. Desde aquel ya lejano mayo del 92,  para los dos adolescentes quinceañeros, no podía haber ningún futuro. Eso lo sabían los dos, y su madre la había apartado de él, posteriormente, a conciencia. No podía funcionar un amor que tenía aquella siniestra mancha. Ellos no eran culpables, pero había sido algo tan trágico que no hubieran podido mantenerlo por mucho tiempo si afrontarlo. Y la vida que Gianlucca llevaba cuando, insospechadamente, comenzó a frecuentar amistades poco recomendables que no acababan de estar nada claras. Iessica sabía que ambos pertenecían a dos mundos radicalmente opuestos. Ella, dedicada a sus estudios con una madre, guardiana de su vida y él, única y exclusivamente a su propia vida, frecuentando ambientes que para nada contribuirían a un futuro despejado. El abismo comenzaba a abrirse más y más.
Entró en su apartamento y, con decisión, se sentó ante su ordenador portátil. Lo encendió y se conectó a la red, se fue a favoritos y tecleó el link correspondiente a  giornaledisicilia.it, con una foto en la “homepage” del diario digital que ella conocía de sobra. Un temblor le recorrió la espina dorsal al leer los titulares, que no por esperados, le produjeron una terrible sensación de miedo: “ACRIBILLADO EN EL INTERIOR DE UN COCHE”.
A continuación, con la literatura propia de la prensa, comenzó a leer mientras mordisqueaba el medallón que le había regalado Gianlucca:
(…) A medianoche, en la autopista A-20 Messina—Palermo, en el arcén a la altura del peaje de Villabate oeste, apareció un automóvil siniestrado con un ocupante en su interior. La policía de carreteras, en primer lugar como resultado de la llamada de un automovilista que vio el coche en la cuneta, y la Policía Financiera, se hicieron cargo de las investigaciones que en los primeros momentos dieron lugar a especulaciones sobre el carácter mafioso del delito.
El cadáver fue levantado y evacuado a Palermo, a disposición de la Fiscalía Antimafia de la Procuraduría de la República.
Inmediatamente se decretó el secreto sumarial, aunque fuentes de la Brigada Móvil han confirmado a este periódico la muerte violenta del ocupante —hijo de un capo mafioso condenado por el crimen del juez Falcone en 1992—, y con vinculaciones con bandas del interior de la isla, y que fuentes de la lucha antimafia han reconocido como Gianlucca Santapola, de 25 años (…)
(Continúa)

1 comentario:


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