7.9.10

TRINAKRIA (10) ©Jose A. Bejarano

Gianlucca opta por hacer lo que le están indicando, sin resistencia. Al final de la gran avenida, cerca del muelle Martello, el otro coche, un Mercedes, se sitúa de nuevo a su izquierda dándole golpecitos en la carrocería indicándole que gire a la derecha en paralelo a los muelles de Palermo, con dirección al Foro Itálico. Gianlucca intuye que no tienen pensado dejarle dirigirse al aeropuerto, sino que le están empujando hacia la salida de la ciudad por la A-18, dirección a Messina.
Todo se desarrolla en pocos minutos: antes de llegar al primer peaje de la Catania-Messina, en Villabate, los sicarios colocan el Mercedes a la altura del coche de Gianlucca, al tiempo que este inicia una alocada carrera de huida. En aquellos momentos descubre la realidad: está condenado a muerte. Condenado a muerte desde que el “padrino” le conminó hipócritamente a abandonar la isla; tal vez condenado, ya, a muerte, desde que tuvo la osadía de citar a Iessica en una cafetería en pleno centro de Taormina semanas antes y proclamar su amor a todo aquel que quisiera verlos —y eran muchos los que en aquel ambiente hostil tenían sus miradas llenas de odio y venganza—; tal vez, ya, condenado a muerte, desde que se fijó en aquella ragazzina años atrás; pero tal vez, y sobre todo, ya condenado a muerte cuando se enteró de que aquella bella muchacha era hija de uno de los que custodiaban al juez Falcone y a su esposa, siendo él mismo, Giannlucca —el destino juega a veces crueles pasadas— hijo de uno de los miembros de la Familia que hizo volar por los aires a todos ellos cuando se dirigían al aeropuerto de Palermo.
Ahora lo comprende todo, y la secuencia de su vida pasa por su mente a la misma velocidad que cuarenta y ocho proyectiles del calibre 12,70 mm. de las Beretta mafiosas atraviesan la carrocería y el cuerpo de Gianlucca.
El coche, sin control, vuelca sobre la mediana de la autopista. Los asesinos aceleran su automóvil con lentitud, a fin de cerciorarse de la ejecución del encargo perdiéndose, a toda velocidad, en el negro horizonte de la autopista.
                                                                      (Continúa)

4 comentarios:

  1. Me honras con tu lectura, algo que te agradezco.

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  2. No me puedo creer que este siguiendo esta historia por entregas...Es la primera vez!!!
    Y anda que no son malos los mafiosos.
    Venga hombre, no nos hagas esperar mássssss...
    Un beso

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  3. Laura: esta historia es real.
    Ya sé que cualquier obra escrita pertenece al lector, no al escritor y por lo tanto cada uno lo toma como quiere, pero no lo he escrito pensando en que los mafiosos son unos malos como los del tebeo. No he pretendido escribir una historia banal: Es un mundo sieniestro, lo sé por experiencia.
    Mañana acaba la historia que he querido entregar a diario. Gracias por seguir por primera vez unas entregas. Te estoy muy agradecido por ello.

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