29.9.10

El legado (Documento 23) (y 6)

Sobre la “Piedra de Energía Infinita” si yo te dijera por qué sospecho que un destacamento de la Legión romana X Gemina acarreó tiempo atrás por la vieja Vía de la Plata cierto mineral extraído de unas minas muy conocidas por ti y que se guardó u ocultó en Santiervás —¿por qué?—, pensarías que estoy loco, pero… bonito tema para que lo trabajes. Termino, Emilio; sólo queda una parte importante del enigma, o como quieras denominarlo, y que deberías resolver tú o dárselo medio resuelto, en tu carta nº 249, a Iván, y este, en el futuro, a su hijo. Y es averiguar cuál es el fenómeno que se desencadenará, y cuándo, dando lugar a lo que el legado denomina el “comienzo del principio del final de los tiempos” o algo así. Yo tengo mi teoría al respecto pero te dejo a ti, y a tus descendientes, la responsabilidad de desentrañar —no puedo imaginar el desastre si rechazas esta invitación― qué debe ocurrir un determinado día10, y a qué hora, cuando justamente el último grano caiga a la vasija P del reloj, acabando el ciclo que había dado comienzo en la Semana Santa de 1492. En dicho momento el sol se oscurecerá y volverá a refulgir, siendo en ese intervalo cuando tendrá quien sea, ojalá sea Iván si lo convences de que se encuentre allí, la posibilidad y la tremenda responsabilidad de ser capaz de leer las claves que los primeros rayos señalen sobre el altar mayor para proceder, con la llave, a la apertura de la gran Puerta, de la esperanza y de la paz.
Ojalá sea otra, otra más, oportunidad para el mundo. Así sea. Espero que cumplas como yo y como los que nos precedieron. Y recibe un abrazo de tu padre, así como a María e Iván. 
José Antonio 
P.S. La caja fue depositada por mi en una cámara de seguridad de CreditAmbroz, de Santiervás, el 24/02/72, después del fallecimiento de mi padre, el mismo día que decidí trasladarme a Huelva ya que no me atreví a moverla del pueblo —aunque siempre que voy, me siento en la obligación de comprobar su estado— de donde, que yo sepa, nunca salió. En el momento que lo desees te haré entrega formal de todo ello. Allí, por supuesto. 

9     24… el mismo número que horas tiene el día cuando vence…¿Casualidad?
10   Por si te sirve de pista, en uno de los legados figura, junto a enrevesadas ecuaciones, cálculos y croquis del reloj de arena, la cifra de “18.613.333.860 segundos” (como ves, una barbaridad) pero añade “que median entre las tres de la tarde del Viernes Santo de 1492 y la hora de la fecha final”. Como soy poco dado a las ciencias no me he parado a investigar esta descomunal cifra, pero creo llegado el momento de hacer comprobaciones al respecto. No quiero asumir la responsabilidad de la determinación de la fecha exacta del evento, que imagino no tendréis problema para calcular. No deseo induciros a un error que podría resultar fatal. María te ayudará.
                                 F  I  N   Nº 23

28.9.10

El legado (Documento 23) (5)

Por otra parte, he ido investigando a lo largo de estos últimos años el lugar exacto donde previsiblemente ─yo no estaré para comprobarlo─ tendrá lugar el prodigio. Tras la lectura y relectura de los documentos, escritos a lo largo de esos quinientos y pico años, con ayuda de algún erudito, pero sobre todo con las indagaciones que cada uno de nuestros antepasados hizo para profundizar en el enigma profético7 y con un repaso de la historia de Santiervás, he llegado a la conclusión siguiente: El lugar, indiscutiblemente no puede ser otro que el más alto del pueblo8, capaz de reflejar los últimos rayos del sol. Es, según el primer documento (redactado y firmado en 1496 por Jacobo ibn Simón, hijo de Avram), el lugar donde se bautizó y abrazó la fe de Cristo toda la familia del rabino, adoptando como nuevo apellido el de De Bexar. Dicho lugar, como habrás imaginado, es lo que con posterioridad fue la Iglesia de la Asunción de Nuestra Señora del Río. Su retablo lateral derecho corresponde a la Capilla bautismal y se encuentra milagrosamente intacta desde el siglo XIV, por lo que existe la certeza de que tras el altar existe una oquedad que nadie se ha atrevido a investigar —no se sabe bien por qué—, y a lo largo del tiempo ha permanecido intacto. Incluso en los convulsos días de la quema de la Iglesia, preludio de la Guerra Civil, la capilla resultó respetada por el fuego. De ahí a creer en la intercesión divina fue todo uno, y en el pueblo fue vox-pópuli que en aquella cripta existía una fuerza superior.
(Continúa...)
7 Obsesionado con este tema, mi padre intentó ponerse en contacto, buscando ayuda, con el Gran Rabino de Constantinopla, Haim Bejarano, a través de Radio Pirenaica. Sin éxito, que yo sepa.
8 En uno de los documentos datados en el siglo XIX, encontré las coordenadas 40º16’28” N 5º51’31”O, correspondientes a la situación exacta de la puerta oeste del viejo castillo templario, convertido en la Iglesia de Santiervás.

27.9.10

El legado (Documento 23) (4)

Y bien, Emilio, como podrás imaginar, mi sorpresa fue tan grande como la que a buen seguro has de llevarte cuando leas esta carta. Te puedo asegurar que no he dejado de pensar en todo lo que te he contado hasta el momento, que habiendo repasado todos y cada uno de los legajos he llegado a algunas conclusiones, de las que, en parte, te voy a dar cuenta, aunque otras habrás de ser tú, y en su momento tu hijo, quien trate de resolver el enigma antes de que la arena del reloj acabe. Y conste que no quiero asustarte. He pasado por alto algunas cuestiones como tratar de averiguar por qué se produjo la revelación… ¿tal vez Dios ─si verdaderamente fue Él por medio de la imponente voz─ quiso desvincularse de la leyes injustas de los hombres? ¿Marcó los plazos y ofreció las soluciones a modo de expiación? ¿Por qué eligió a los dos protagonistas para transmitir un mensaje tan aparentemente prosaico? Vigente el Decreto de Expulsión ¿por qué asumió esa responsabilidad el rabino, ya amenazado de destierro? ¿Por qué Santiervás? ¿Acaso como humilde ejemplo de convivencia en los reinos de la España del siglo XV? Por descontado que no encuentro respuestas a estas graves dudas. Mis observaciones son, no más, sobre cuestiones tangibles y de más fácil respuesta que las de carácter metafísico: El reloj de arena ─a pesar de que se alude a una maquinaria─ constituye para mí el objeto más misterioso de cuantos componen el legado. Si te das cuenta es de una arena tan fina, diríase polvo infinitesimal de yeso, que apenas se ve caer, pero resulta imposible que un reloj de este tipo contenga casi diecinueve mil millones de granos por muy finos que sean estos.
Como ves, en la ampolla superior, que ya contiene bastante menos “arena”, hay una F grabada en el vidrio, y en la inferior una P6. Cuando yo lo recibí de mi padre, no percibía a simple vista que cayera nada, pero al paso de los años, vaya si he visto cómo ha ido vaciándose la parte superior y llenándose la inferior. Y lo curioso es que, lo coloques de la manera que lo coloques, en posición vertical, en horizontal, oblicuamente, estable o en movimiento, la arena no ha dejado de caer, de lo que cabe deducir que entre uno y otro recipiente está la cantidad que contabilice inexorablemente el tiempo exacto que dice la leyenda, hasta la consumación… cuando se producirá el fenómeno. 
(Continúa...)
6 Simplemente, F de futuro y P de pasado. ¿Qué otra cosa podría significar?

26.9.10

El legado (Documento 23) (3)

El caso es que en mitad del debate ocurrió algo fuera de lo normal, pues a una hora determinada, las tres de la tarde, exactamente la misma en la que murió Jesucristo Nuestro Señor, un trueno sobrecogedor se abatió sobre aquella casa, sagrada para uno e impía para otro, y los dos cayeron en tierra derribados por un repentino tremor, al tiempo que una voz imponente como surgida de las entrañas de la tierra habló, mostrando su pesadumbre por la oleada de odio e intolerancia que se había extendido como una mancha de aceite por todo el orbe. ―El mensaje que os dejo ―vino a decir─ lo conoceréis en un instante determinado, a partir de esta hora, minuto y segundo coincidente con la misma en que Dios Nuestro Señor, el Nazareno, expiró en la Cruz 1459 años ha. Desde este mismo instante ―continuó― el engranaje de la Maquinaria girará sin descanso al paso de los segundos hasta la detención del Tiempo en que la luz traspasará la penumbra y se abrirá la gran Puerta, facilitando el acceso a los arcanos que influirán en el comienzo del principio del fin de los tiempos, según las claves que se mostrarán con la luz que incida sobre el Ara después del último segundo consumido. Se abrirá ofreciendo a la Humanidad la oportunidad de sobrevivir ya que del camino que habéis emprendido a buen seguro resultará el resquebrajamiento irremediable de los grandes pilares que sostienen el universo, provocando desastres hasta la desaparición total del Espacio, la paralización del Tiempo, y la manifestación del Vacío y de la Nada. En suma, el Caos. Alí, a buen recaudo, se encuentra la Piedra de la Energía Infinita, con poderes de una naturaleza tal que contiene un millón de veces la fuerza de todos los hombres juntos, con todas sus máquinas funcionando y sus animales trabajando. Este objeto será el instrumento que, utilizado con sapiencia y con justicia evitará una época de tinieblas, dando paso, es mi augurio, a otra de claridad, de nuevos tiempos. A fin de llevar a buen término la misión es necesario que transmitáis de generación en generación mi legado por medio de vuestros descendientes en línea directa hasta la consumación del tiempo(…)5 . . . . . . 
5 De Valentín de Alvar no he conseguido ninguna referencia más. Como si hubiese desaparecido de la faz de la tierra.

25.9.10

El legado (Documento 23) (2)

Todo comenzó el Viernes Santo del año 1492, 20 de abril…
Don Valentín de Alvar, presbítero de Santiervás, se dirigía, al comienzo de la tarde, hacia el Castillo a preparar el ceremonial para la conmemoración de la Muerte de Nuestro Señor Jesucristo, cuando al pasar por delante de la casa de Avram Simón, que era la sinagoga de la comunidad judía, el cura creyó observar movimientos extraños, impropios para aquel preciso día en que la Cristiandad estaba de luto y adolorida por la muerte del Crucificado. Don Valentín no lo dudó y llamó a la puerta con el fin de reconvenir al rabino. El Edicto Real4, leído por el pregonero días antes, lo dejaba bien claro: “(…)fuimos informados que hay en nuestros reynos é avia algunos malos cristianos que judaizaban de nuestra Sancta Fée Católica, de lo qual era mucha culpa la comunicaçion de los judíos con los cristianos(…)”. Y ellos, los judíos ―opinaba Don Valentín─ eran los culpables de la muerte que ese mismo día iban a recordar y no le consentiría a aquel Avram que mancillase la Sagrada tarde; no quedaría impasible viendo cómo el rabí organizaba la ceremonia a la espera de la primera estrella del comienzo del Shabbat. Eso era lo que estaba haciendo Avram ―de baja estatura, tez ligeramente macilenta y con el pelo negro como el cordobán pero de mirada clara y frontal─ sabiendo qué se celebraba ese día en el pueblo y en toda la Cristiandad. También sabía que antes de finales de julio, su mes de Tamuz, habría de optar a una de las dos alternativas que le ofrecía el edicto. Se debatía en las dudas, porque le rebelaba que un santervasense como él tuviese que abandonar sus tierras y sus posesiones por el simple delito de profesar la religión que le inculcaron sus mayores. Cuando entró abruptamente el párroco, los dos se miraron fijamente. Se conocían de toda la vida e incluso habían sido amigos, pero las cosas habían cambiado en pocos meses, comenzando a distanciarse. Discutieron.
(Continúa) 
4 Dada en la çibdad de Granada, treynta e uno del mes de Marzo, año del Nasçimiento de Nuestro Salvador Jesucristo de mil quatroçientos é noventa é dos. Yo el Rey. Yo la Reyna, Yo Juan de Coloma, secretario del rey de la Reyna, nuestros
señores, la fiçe escribir por su mandado. 

24.9.10

El legado (Documento 23) (1)

Querido Emilio: por fin, después de mucho pensarlo, he decidido ponerme en contacto contigo. Tal vez te extrañe esta carta, dado que nos vemos a menudo; y jamás te he hecho mención, pero el asunto que te voy a explicar es algo que lleva mucho tiempo conmigo y he considerado llegado el momento de dártelo a conocer: un tema que durante años me ha tenido en vilo siendo consciente de que otros lo comenzaron y la cadena se ha ido extendiendo a lo largo de los siglos. Hasta hoy. . . . . . . Hace tiempo en Santiervás1, exactamente el 20 de febrero de 1972, recibí de mi padre, tu abuelo2, una pequeña caja, cuya procedencia se remonta a épocas lejanas. No me dijo nada más. Ni sé por qué me lo entregó ese día precisamente, pero la verdad es fue premonitorio. En su interior, además de un estuche conteniendo una llave y un reloj de arena, había un cartapacio conteniendo veintidos legajos ordenados cronológicamente, en diversas clases de papel, algunos amarillentos, manuscritos con todo tipo de caligrafías, desde el ladino hasta el castellano actual. El último, escrito con la Olivetti que mi padre usaba durante horas y horas en casa y con el que redactó el nº veintidos dirigido a mí con el mismo cariño con el que yo estoy escribiendo el presente. En procesador de texto Word, como ves. Espero que logres aclararte adónde quiero ir a parar, pero el caso es que he sido un eslabón de una larga cadena y he decidido que seas el siguiente, quien al tener ya un hijo, mi nieto, sea el que en su día, si lo consideras, continúe lo ya empezado pues sospecho que posiblemente a él le corresponda llegar al final. Las cartas, o legajos, que me he entretenido en “traducir” durante estos años dicen lo mismo que yo te expongo a ti y están dirigidas a cada uno de los correspondientes sucesores, los Bejarano3 de nuestra familia, explicando e interpretando los antecedentes (detallados en el primer manuscrito) que te narraré —a mi manera, y libremente―, a partir de los datos contenidos en dicho documento:
(Continúa...)

1 Santiervás (Cáceres), situado en las estribaciones de la Sierra de Béjar, contaba hasta finales del siglo XV con una población judía, en perfecta convivencia con la cristiana.
2 Francisco Bejarano Gil.
3 Los legajos están firmados con el apellido Bejarano, pero también con De Bexar, Bejerano, Bicerano y similares, otros por López y Sánchez. Posiblemente desapareció el apellido Bejarano de Santiervás, aunque continuaran firmando así por costumbre. El primer documento, por el contrario lo está por “Iacobo ibn Simón, en absencia de Avram”.

8.9.10

TRINAKRIA (y 11) ©Jose A. Bejarano


Iessica dejó de leer la crónica periodística. Ella conocía de sobra lo que le separaba de Gianlucca, y su madre más, aunque aquello fue un tema tabú que nunca salió a la luz en las conversaciones. Era un secreto compartido entre los padres de él y la madre de ella.
Llamó por teléfono a su madre y hablaron por primera vez del asunto. Fríamente, porque su madre, aunque no lo dijera, estaba contenta de aquel inesperado final que iba a resolver un episodio que, en otras circunstancias, hubiera tenido otras consecuencias.
—Iessica, hija —la voz de su madre se filtraba a través del auricular con una nitidez especial— hablando de otros asuntos… tienes una carta del Ministerio de Infraestructuras, de Moscú.  Me he permitido abrirla. Dicen algo de un proyecto de descontaminación del lago Baikal. Parece que se interesan por ti.
—De acuerdo, mamá. En quince días regreso. Aquí he finalizado el contrato. Ya hablaremos entonces.
Aquella noche apenas pudo dormir. Un cúmulo de recuerdos, agrios y dulces,  se entremezclaba en su mente. Gianlucca aparecía y desaparecía como en la secuencia de una película. En aquellos mismos momentos, mientras seguramente reposaba en un helado armario de la morgue de Palermo, Iessica era conciente de que lo había querido, al menos durante el tiempo que se habían tenido en los brazos el uno al otro. No le pareció obsceno, aunque se excitaba por momentos, pensar y recrearse en la única vez en que hicieron el amor. En cómo Gianlucca había recorrido toda su piel, milímetro a milímetro, besándola, acariciándola, mientras ella gemía de placer, hasta que él la poseyó de tal manera que en aquel supremo gesto —mezcla de placer, rabia y odio— se encerrase toda la historia de sus respectivas familias. Pero familias de verdad, no como aquellas otras que crecían como un  mal cáncer en la tierra de Sicilia, para llenarla de dolor y muerte.
Y entremezcló aquel sueño erótico con el sueño técnico del proyecto del lago Baikal, uno de los más grandes y profundos de la tierra, que contenía un tercio del agua dulce del mundo, siendo también el más contaminado, allá en la remota Siberia. Ahora sí lo tenía claro, si había sido capaz de canalizar las aguas de Atenas, se sentía segura de sí misma para realizar aquel plan.
Al amanecer, con un ligero dolor de cabeza, confusa porque no tenía claro si  todo aquello había sido sueño o realidad —si Gianlucca había muerto, si había hablado en realidad con su madre, si lo del lago Baikal era cierto—, abrió la nevera y se preparó un fuerte café capuccino. Instintivamente se tocó el amuleto que le había regalado Gianlu y que desde entonces colgaba de su cuello, la trinakria, tres piernas radiales partiendo desde un misterioso rostro femenino simbolizando las tres costas de la isla y que desde tiempo inmemorial constituye el emblema más representativo de Sicilia. Lo miró, dudó un instante, y en lugar de llevárselo a la boca para morderlo como siempre hacía, decidió que era una fea costumbre que tenía que erradicar: se lo desprendió, lo miró y lo introdujo en un sobre que a su vez colocó en su escritorio. Salió al balcón. El tráfico de Atenas era ya denso cuando el sol surgía perezoso por el horizonte. Por allí debía estar situada Siberia, pensó. Regresó al interior del apartamento y puso el compacdisc. Rachmaninov, por enésima vez con su concierto nº 2 para piano, la acompañó.
F I N 

7.9.10

TRINAKRIA (10) ©Jose A. Bejarano

Gianlucca opta por hacer lo que le están indicando, sin resistencia. Al final de la gran avenida, cerca del muelle Martello, el otro coche, un Mercedes, se sitúa de nuevo a su izquierda dándole golpecitos en la carrocería indicándole que gire a la derecha en paralelo a los muelles de Palermo, con dirección al Foro Itálico. Gianlucca intuye que no tienen pensado dejarle dirigirse al aeropuerto, sino que le están empujando hacia la salida de la ciudad por la A-18, dirección a Messina.
Todo se desarrolla en pocos minutos: antes de llegar al primer peaje de la Catania-Messina, en Villabate, los sicarios colocan el Mercedes a la altura del coche de Gianlucca, al tiempo que este inicia una alocada carrera de huida. En aquellos momentos descubre la realidad: está condenado a muerte. Condenado a muerte desde que el “padrino” le conminó hipócritamente a abandonar la isla; tal vez condenado, ya, a muerte, desde que tuvo la osadía de citar a Iessica en una cafetería en pleno centro de Taormina semanas antes y proclamar su amor a todo aquel que quisiera verlos —y eran muchos los que en aquel ambiente hostil tenían sus miradas llenas de odio y venganza—; tal vez, ya, condenado a muerte, desde que se fijó en aquella ragazzina años atrás; pero tal vez, y sobre todo, ya condenado a muerte cuando se enteró de que aquella bella muchacha era hija de uno de los que custodiaban al juez Falcone y a su esposa, siendo él mismo, Giannlucca —el destino juega a veces crueles pasadas— hijo de uno de los miembros de la Familia que hizo volar por los aires a todos ellos cuando se dirigían al aeropuerto de Palermo.
Ahora lo comprende todo, y la secuencia de su vida pasa por su mente a la misma velocidad que cuarenta y ocho proyectiles del calibre 12,70 mm. de las Beretta mafiosas atraviesan la carrocería y el cuerpo de Gianlucca.
El coche, sin control, vuelca sobre la mediana de la autopista. Los asesinos aceleran su automóvil con lentitud, a fin de cerciorarse de la ejecución del encargo perdiéndose, a toda velocidad, en el negro horizonte de la autopista.
                                                                      (Continúa)

6.9.10

TRINAKRIA (9) ©Jose A. Bejarano

Sólo tiene una alternativa: salir de la isla e ir a reunirse con Iessica. Pero antes debe contactar con ella y suplicarla que le deje ir a su lado para siempre.  Acelera y sale de aquel laberinto de calles, para tomar la autopista que le conduce al aeropuerto. No entra en sus planes tan siquiera hablar con su madre, en Naxos. Ya lo ha decidido: si algo tiene claro es que no puede echar en saco roto la advertencia del capo que un momento antes le ha recibido y del que únicamente ha podido percibir su silueta tras un potente foco. Pero sus palabras no han dejado lugar a la duda.
Así que, sin pensarlo más, mira el reloj digital del cuadro del Beemeuve. Aún tiene tiempo de tomar un avión de salida de la isla, a cualquier lugar que sea, así que  atraviesa Quattro Canti, en el centro, y toma una de las avenidas de salida de la ciudad.
Ya comienza a ser fluido el hasta entonces denso tráfico, y Gianlucca mira nervioso por el espejo retrovisor. Está recorriendo Via Santamatarelli, y al salir inopinadamente de un disco aún en rojo, se da cuenta de que otro auto lo están siguiendo. Continúa adelante procurando que los nervios no le jueguen una mala pasada, no acelerando, que es lo que le pide el cuerpo en esos momentos. Está anocheciendo y las luces del puerto aparecen al final de Corso Vittorio Enmanuelle. Determina continuar hasta el final y girar a la izquierda para tomar la autopista de salida de la ciudad en dirección  al aeropuerto. De repente, al ir a detenerse en un semáforo en rojo, se da cuenta  de que a su izquierda  se ha colocado el automóvil que le persigue, en el que sólo logra descubrir las siluetas de tres ocupantes tras los cristales tintados. En fracciones de segundo lo adosan a su automóvil, incluso lo llegan a tocar, indicándole claramente que continúe avenida adelante. Se colocan tras él empujándolo en una maniobra peligrosísima, porque hace que el tráfico se aparte para evitar ser embestido. Los otros conductores miran de soslayo intuyendo algo extraño, pero la gran mayoría opta por desviarse o acelerar para no ver lo que está ocurriendo. Es  la “omertà”.
(Continúa...)

5.9.10

TRINAKRIA (8) ©Jose A. Bejarano

Gianlucca acaba de poner un e-mail a Iessica porque no puede soportar más la presión. Le ha dicho que se siente amenazado. Intuye que la ha perdido por no haber sido capaz de retenerla a su lado. Está pensando seriamente abandonar Sicilia y correr junto a ella. Reconoce haber sido un egoísta al pretender que ella, emancipada e independiente, con la carrera que tanto esfuerzo le costó acabar, lo dejara todo para quedarse con él. Ahora reconoce el error cometido.
Hace dos horas que le han llamado a una cita en Palermo. En pleno centro, en un edificio reconvertido para lujosos apartamentos, entre el Palacio de Justicia y el Teatro Massimo, comparece ante una comisión. Allí le hacen ver el “grave” error cometido al tomar contacto, “un contacto inaceptable, contranatura, mortal para la seguridad de la Familia, con la hija del enemigo ejecutado por tu propio padre”.
En vano es lo que puede Gianlucca decir en su favor. De nada le vale aducir que lo único que le une a Iessica es simplemente amor, y que incluso ella se encuentra en Atenas, alejada de toda relación con la Isla.
—Ésa es —le dicen— esencialmente una de las más importantes implicaciones del caso: que está fuera de nuestro control.
—Nadie nos garantiza —siguen diciéndole a Gianlucca—, que por tu negligencia no pongas en peligro las operaciones que están en marcha. Y en Atenas, precisamente, tenemos grandes esperanzas con las obras públicas que han de llevarse a cabo allí.
—Gianlucca Santapola, la Familia ya no puede confiar en ti. Estás tocado. Y has faltado al honor que, en su momento, juraste guardar. La Familia es severa, pero sabe considerar también la ausencia de voluntariedad. Debes abandonar la isla en un plazo no superior a veinticuatro horas. Te aconsejamos que sigas nuestro consejo.
Al salir a la noche de Palermo, un escalofrío le recorre la espalda. No tiene dónde ir, y además Iessica no contesta a sus mails.
Sube al BMW y comienza a callejear por las abarrotadas calles de Palermo mientras su cerebro va procesando toda la información que ha asimilado unos minutos antes.
(Continúa)

4.9.10

TRINAKRIA (7) ©Jose A. Bejarano

Cuando llegó a su casa abrió las ventanas de par en par. Atenas comenzaba a encender las primeras luces. El Partenón, a lo lejos, sobre la colina, se va iluminando con los potentes focos. El sol parece aliarse, en sus últimos rayos, con las milenarias piedras. Iessica se apoyó en la ventana. No deja de pensar en Gianlucca, y le asaltan las dudas que desde hacía meses acuden a su mente. Desde aquel ya lejano mayo del 92,  para los dos adolescentes quinceañeros, no podía haber ningún futuro. Eso lo sabían los dos, y su madre la había apartado de él, posteriormente, a conciencia. No podía funcionar un amor que tenía aquella siniestra mancha. Ellos no eran culpables, pero había sido algo tan trágico que no hubieran podido mantenerlo por mucho tiempo si afrontarlo. Y la vida que Gianlucca llevaba cuando, insospechadamente, comenzó a frecuentar amistades poco recomendables que no acababan de estar nada claras. Iessica sabía que ambos pertenecían a dos mundos radicalmente opuestos. Ella, dedicada a sus estudios con una madre, guardiana de su vida y él, única y exclusivamente a su propia vida, frecuentando ambientes que para nada contribuirían a un futuro despejado. El abismo comenzaba a abrirse más y más.
Entró en su apartamento y, con decisión, se sentó ante su ordenador portátil. Lo encendió y se conectó a la red, se fue a favoritos y tecleó el link correspondiente a  giornaledisicilia.it, con una foto en la “homepage” del diario digital que ella conocía de sobra. Un temblor le recorrió la espina dorsal al leer los titulares, que no por esperados, le produjeron una terrible sensación de miedo: “ACRIBILLADO EN EL INTERIOR DE UN COCHE”.
A continuación, con la literatura propia de la prensa, comenzó a leer mientras mordisqueaba el medallón que le había regalado Gianlucca:
(…) A medianoche, en la autopista A-20 Messina—Palermo, en el arcén a la altura del peaje de Villabate oeste, apareció un automóvil siniestrado con un ocupante en su interior. La policía de carreteras, en primer lugar como resultado de la llamada de un automovilista que vio el coche en la cuneta, y la Policía Financiera, se hicieron cargo de las investigaciones que en los primeros momentos dieron lugar a especulaciones sobre el carácter mafioso del delito.
El cadáver fue levantado y evacuado a Palermo, a disposición de la Fiscalía Antimafia de la Procuraduría de la República.
Inmediatamente se decretó el secreto sumarial, aunque fuentes de la Brigada Móvil han confirmado a este periódico la muerte violenta del ocupante —hijo de un capo mafioso condenado por el crimen del juez Falcone en 1992—, y con vinculaciones con bandas del interior de la isla, y que fuentes de la lucha antimafia han reconocido como Gianlucca Santapola, de 25 años (…)
(Continúa)

3.9.10

TRINAKRIA (6) ©Jose A. Bejarano

Caminaba por las empinadas calles hasta el Ágora y el Templo dórico de Teseion, y se sentaba en una terraza a tomar un café “frappè” griego, amargándole los labios cuando los  finos posos de la infusión llegan a sus labios. Y recuerda el café italiano, tan distinto, tan suave, en su punto justo de temperatura, y observa las palomas que acuden en bandadas a comer migas de pan que les echan los turistas.
Al llegar a su apartamento, encendió el ordenador y chequeó su correo electrónico privado: allí, como casi cada día, Gianlucca había dejado el suyo. Iessica se estaba cansando de aquel juego, y a punto estaba de abrirse una nueva cuenta para que los cibermensajes de Gianlucca cayeran al vacío, pero aquello, ella lo sabía, no conduciría a nada.
Esta vez el mensaje era algo más que unas simples palabras de enfado. En pocas líneas decía que necesitaba ayuda, pues sentía que estaba siendo perseguido. Que sentía miedo.
Iessica tuvo unos momentos de duda, y no lo pensó más: lo telefonearía por primera vez desde que salió de la isla. Sin embargo no contestó a sus llamadas, y durante todo aquel domingo intentó una y otra vez, infructuosamente, ponerse en contacto con él.
Entonces tuvo una terrible sospecha: no podían olvidar de quiénes eran hijos ambos; del lastre que habían tenido que sufrir; incluso de las habladurías que sabían había tenido lugar en la opresiva isla, y que pensaban que ellos nada tenían que temer, pero cuánto había sufrido su madre, quien sin embargo había sabido callar y comprender, y apoyar a su hija en aquel amor prácticamente imposible. Ni siquiera la juventud de ambos podía superar aquel escollo imposible.
Aquel domingo paseó un poco y entró en una pequeña capilla aledaña a San Teodoro. Era poco creyente, en Messina acudía poco a la iglesia y sobre todo desde que descubrió ser descendiente de judíos españoles asentados en la Sicilia de siglo XV.
En la pequeña capilla, pesadamente ornamentada de iconos y docenas de pequeñas cabos de vela, sonaba de fondo una música de armonio, y Iessica se sentó en uno de los bancos, en penumbra, meditando como hacía tiempo que no lo hacía. Allí repasó lo que había sido de su vida hasta entonces. Porqué había tenido ella que desplazarse y poco menos que huir; porqué su madre había deseado para ella el exilio dorado de Paris, cuando a ella lo que le gustaba era sentarse por las tardes y ver caer el sol tras el Estrecho, y ver atravesarlo a los grandes cargueros y los pequeños veleros.
Cuando salió, la noche caía lentamente sobre la ciudad, Iessica se dirigió a su apartamento. Al día siguiente se inauguraba una de las fases de la megadepuardora de Atenas y su trabajo estaba a punto de concluir. Estaba invitada al acto, aunque sabía que ella era sólo una parte y que las glorias se las llevarían otros. Pero así, entendía, era la vida, y consideraba la fiesta a la que estaba invitada un acto absurdo y artificioso en el que los políticos de turno se investirían, una vez más, con los ropajes de la hipocresía.
(Continúa...)

2.9.10

TRINAKRIA (5) ©Jose A. Bejarano

Había llegado a la conclusión de que “la alcalinidad o la capacidad de amortiguación del pH en la digestión anaerobia es principalmente una función del nivel de bicarbonato y debería ser una operación estable. Se desarrolla en la presente tesis doctoral una nueva línea instrumental,  para la medición de alcalinidad de bicarbonatos, desarrollada a través de técnicas de titulación. Usando un digestor anaerobio, y operando sobre aguas a bajas temperaturas, se midió alcalinidad de bicarbonatos, pH, producción de gas y concentración de CO2 e hidrógeno en el biogasmetano durante períodos de sobrecarga orgánica. Se puede concluir que, usado en conjunto con un sensor que mide CO2 en el gas, éste permite en forma directa pero segura, la determinación del pH en soluciones donde la falta de electrodos es severa, y medida óptima para mantener la demanda química de oxígeno de forma natural”.
Un sistema revolucionario que Iessica debería poner en marcha antes de los juegos olímpicos del 2004, con el que depuraría las aguas residuales de Atenas.
En sus escasos ratos libres, en fin de semana, gustaba pasear por aquella extraña ciudad, cuna de civilizaciones, objeto del deseo de persas, espartanos, romanos, macedonios, turcos, alemanes. En realidad una ciudad destartalada y llena de defectos, pueblerina, sin planificar, arrojando —allí estaba ella para subsanarlo— los desechos a las aguas del contaminado mar Egeo.(Continúa...)

1.9.10

TRINAKRIA (4) ©Jose A. Bejarano

Antes de diez días, estaba inmersa en un despacho desde donde se divisaba la Acrópolis, en un estudio con los planos de aquel proyecto mastodóntico, diseñado para aquella caótica ciudad que aún no había tenido tiempo de recorrer. Había entrado a formar parte de un equipo multidisciplinar que llevaría a cabo la remodelación de la Atenas Olímpica del 2004.
Durante semanas, compatibilizó las horas de estudio del proyecto con la construcción de la depuradora donde ella debía poner en práctica los conocimientos que había adquirido en la Sorbonna. Se había alojado en un pequeño apartamento en una de las zonas privilegiadas de la capital, desde donde veía cómo el Ágora y el teatro de Dionisos iban adquiriendo diversas tonalidades según el sol iba cayendo durante el transcurrir de las horas.
Cada día recibía un e-mail de Gianlucca pidiéndole su regreso a la isla. Pero ella sabía que no había marcha atrás. Su madre, con quien estaba en continuo contacto telefónico, la animaba a permanecer en Grecia trabajando en lo que le gustaba. A menudo leía, on line, el Giornale di Sicilia porque no quería perder el contacto con la tierra que odiaba y amaba a partes iguales
Y razón no le faltaba, porque aparte de la carrera de ingeniería química, tuvo la feliz idea de elaborar un proyecto que le valió el mayor elogio “cum laude” en la Universidad, y aún recuerda cuando estuvo para ello quince días en la Cloaca Máxima, estudiando la infraestructura de las primeras depuraciones de agua en la Roma imperial. Y ahora en Atenas cuna de la civilización mediterránea, de la democracia y de la República, iba a poner en marcha una parte de la depuración integral de las aguas urbanas, en la urbe pionera en hacer de las ciudades un lugar apto para vivir, cuando Tales de Mileto manifestó que el origen de todas las cosas estaba en el agua. (Continúa)