11.3.11

Bomberos de Huelva

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HOMENAJE A LOS BOMBEROS
-¡Andiamo, Mario!  ¡fuera lágrimas!- le dijo Stefano, al tiempo que, suavemente, lo palmeaba en la espalda. Y es que Mario Delvecchio, el bombero perteneciente al  Palermitano Corpo di Vigili del Fuoco, Sezione Pronto Soccorso Internazionale, estaba llorando como un niño; él, considerado el duro del grupo allí estaba, sentado, cerrando rabioso los puños y con ganas de dar rienda suelta a la impotencia sentida minutos antes.
Y es que no había podido ser. Aquella anciana había llegado al límite de las fuerzas, cuando su mano, huesuda, inerme, era sujetada por la férrea de Mario, y éste , en un esfuerzo supremo, debido a la posición inverosímil en que se encontraba  la mujer, sin tiempo de avisar al resto del grupo y utilizar los sofisticados elementos de que disponían : arneses, poleas, cámaras minúsculas de televisión capaces de introducirse hasta las más recónditas y profundas cámaras, sondas detectoras de cambios de temperatura, o sensores infrarrojos de movimientos, no tuvo más remedio que utilizar lo único de que disponía en aquel preciso instante: su fuerza bruta y su corazón. Y sacar, arrancar, arrebatar, a aquella mujer del agujero que Klintok, el noble mastín-bergamasco adiestrado, había olfateado minutos antes  cuando Mario lo vio arañando con fuerza entre los cascotes de lo que tres días antes fue, al parecer, un edificio de cuatro plantas.
-Vamos, Mario, no te entretengas -repitió Stefano, el jefe expedicionario- hemos de continuar.
Y Mario Delvecchio, sacudiéndose aquel maldito polvo que se le pegaba al sudor de su cara, se puso en pie y ajustó el casco donde lucía orgulloso la "tricolore" y la "azzurro-quindicistellata". Por un momento, no más, volvió a  pensar en la anciana que había salvado, aunque falleciera, ya en el exterior, sin poder resistir en su cuerpo los casi tres días que había  permanecido enterrada  y se dirigió al  lugar donde  Klintok arañaba furiosamente dando ladridos, comenzando con sumo cuidado a retirar cascotes y tierra. Los 7,3 grados de la escala abierta de Richter habían podido con miles de personas. Pero allí, en aquella minúscula grieta de aquel edificio, en los arrabales de aquella pequeña ciudad, al este de Ulan-Bator, en la antigua Mongolia Exterior, había aún vida, y el tiempo era inexorable.

Mi  homenaje, a través de este brevísimo relato, a los Bomberos.

8 comentarios:

  1. Jose Antonio...

    Tienes una fértil imaginación y una forma muy bonita de contar historias. Te felicito, amigo.

    Un abrazo.

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  2. Félix, es un honor que una persona con tu sabiduría aluda a mi imaginación.
    Muchas gracias,
    señor Historiador de la historia...

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  3. Antes que yo, hablo el MAESTRO, asi pues me sumo a su comentario.

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  4. Es cierto José Antonio: las fotos del laboratorio son llamativas. Tus relatos, en fin un blog/bloc que atrapa. Tus viajes y el modo en que retratas el presente, un acierto. Saludos.

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  5. Gustavo
    tus elogios me abruman ciertamente.
    Trato de hacer un "bloc" donde dar cabida a todo aquello que me llama la atención. Sin duda, todo original, de mi propia imaginación.
    Un saludo, amigo

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  6. Este valiente y heróico "cuerpo" se merece muchos homenajes y el que tú les haces es muy entrañable, Jóse.
    Te felicito.

    Gracias por visitar a mi amiga Bibiana y por tus comentarios, amigo.

    Te envío una barca cargada de besos :)
    Que tengas un buen domingo... ¿lo pasarás con Danielillo? :)

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  7. Mar
    De pequeño yo quería ser bombero, pero ya me he conformado con admirarlos.
    De vez en cuando me cruzo con un precioso animal -acompañando a un bombero- que ha salvado muchas vidas en casi todos los paises que han sufrido un sismo.
    Visitaré a tu amiga Bibiana de vez en cuando, cómo no.
    Y eldomingo lo pasaré sintiendo el rumor de la lluvia sobre los cristales de mi ventana.
    Daniel está con sus padres, como debe ser, aunque lo veo muy a menudo, y a veces me da miedo porque se empeña en introducir objetos en los enchufes... y eso que ya en mayor: dos años y tres meses. Trato como su nombre indica.
    Un beso, Mar...

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